La eclíptica, el zodiaco y la semana en China

2 03 2011

La eclíptica, el zodiaco y la semana en China

Dentro de la historia de la civilización humana, China ha jugado un papel muy importante. Se sabe que allí se produjeron muchos inventos sin los cuales la humanidad no sería lo que es hoy. En efecto, los chinos fueron los inventores del papel, de la pólvora, de la brújula, de la cerámica de alta temperatura, del papel moneda, etc. A pesar de este reconocimiento oficial, escrito en casi todos los libros dedicados al tema, poco se habla del aporte de los chinos en lo que corresponde al protocalendario, que antecede al calendario moderno, o al menos de la influencia de este pueblo en la conformación astronómica de dicho producto cultural.

En este vasto territorio existió desde épocas muy remotas un notable desarrollo de las matemáticas y de la astronomía. Se puede decir que en China, así como en la India y Mesopotamia, se tuvo la idea de dividir el año en doce meses, en correspondencia con igual número de lunaciones que hay aproximadamente en un año. Por lo tanto, inicialmente el calendario chino fue de tipo lunisolar. Posteriormente, se proyectó esta división hacia el cielo nocturno y se fragmentó en doce partes la eclíptica, lo que dio origen al nacimiento del zodiaco y a los doce meses como los conocemos actualmente, en el que cada mes no equivale precisamente a una lunación.

En realidad, las influencias debieron de haber sido mutuas entre la China, India y Mesopotamia en lo que respecta a sus calendarios, por lo que aún hoy día se debate dónde surgió primero la idea de partir la eclíptica, si en el Lejano Oriente (China e India); o en el Medio y Cercano Oriente o en el norte de África (Mesopotamia y Egipto, respectivamente).

El zodiaco chino estaba compuesto por doce animales reales o mitológicos: dragón, serpiente, caballo, cabra, mono, gallo, perro, cerdo, rata, buey, tigre y conejo. Combinados los doce signos zodiacales con cinco elementos de la naturaleza (fuego, agua, madera, oro y tierra), que están asociados a los cinco planetas visibles (Marte, Mercurio, Júpiter, Venus y Saturno), [1] se produce un ciclo combinatorio de 60 años. Los animales marcados en negritas aparecen en la veintena de días del calendario mesoamericano.[2]

Así mismo, la semana actual de siete días al parecer también tuvo su origen en la antigua China. En el idioma chino la sílaba qi tiene varios significados, entre ellos siete y ciclo o fase. El vocablo para la semana es xing qi, que etimológicamente puede significar los siete días o el ciclo de los astros, porque xing quiere decir astro, estrella o cuerpo celeste. Si combinamos ambos elementos veremos que en chino el nombre para la semana también puede estar asociado fonéticamente a los siete astros visibles que componen la semana (Luna, Marte, Mercurio, Júpiter, Venus, Saturno y Sol). Actualmente el idioma chino moderno solamente considera al Sol dentro de la secuencia de la semana (xing qi ri, que es domingo), día dedicado al astro rey; pero en la antigüedad los nombres de la semana estuvieron asociados explícitamente a dichos astros.

Los antiguos ideogramas chinos de los días de la semana son muy anteriores a la era cristiana y corresponden a signos reformados de una escritura más antigua basada en pictografías.[3] Su edad se remonta a épocas anteriores a la presencia de persas en Mesopotamia.

Por otra parte, existe un elemento poco considerado y es el concerniente al conocimiento que esta cultura tenía acerca del movimiento coordinado de la Luna y el Sol. Como se sabe, los calendarios orientales estuvieron basados en los ciclos de estos dos astros. Por este motivo, el calendario chino fue un almanaque compuesto por los movimientos del Sol, en combinación con los de la Luna. Las doce lunaciones que se dan en un promedio de 354 días determinaron los doce meses lunares modernos, que ya no consideran la duración exacta de una lunación. Hasta hoy día los chinos, ayudándose de la fecha solar para el solsticio de invierno, cuentan dos lunas nuevas para fijar el inicio de su año nuevo.

Existen fundadas evidencias que demuestran que los chinos, al igual que los egipcios y los babilonios, ya conocían el ciclo metónico de los griegos, compuesto por 19 años, equivalente a aproximadamente 235 lunas. Así, los juegos de mesa muy antiguos de origen chino, en los que intervienen tableros cuadrados de 19 por 19 puntos, como el Ma hong o el Go, son objetos culturales que en épocas lejanas debieron de haber servido para calcular la edad de la luna, o para sistematizar calendarios lunisolares con base en el ciclo metónico.

Finalmente, un elemento que hace que consideremos a China como un centro difusor de las matemáticas en toda Asia es la similitud gráfica que hay entre algunos números chinos e indoarábigos del uno al diez. En apariencia no hay semejanza entre ellos, pero haciendo un análisis de los números chinos, basado en su escritura cursiva o caligráfica, se observa la analogía con los números indoarábigos. Los números chinos están escritos con base en caracteres formados por rayas y puntos, que son ejecutados de manera separada, y al escribirlos en cursivas tienen casi las mismas formas que algunos números indoarábigos. Este parecido es evidente, sobre todo, en los números 1, 2, 3, 5 y 7.


[1] Existen algunos paralelismos entre las cosmogonías china y mesoamericana en la conformación de sus calendarios. Los antiguos mexicanos también usaron el cinco para contar periodos de cinco días, llamados tianquiztli, que era como una especie de semana. Así mismo, utilizaban, al igual que los chinos, la matemática combinatoria de símbolos y números, como en el fuego nuevo, que se forma por la asociación de cuatro símbolos y trece números. Los chinos tenían un ciclo dual de 120 años (dos veces 60 años), y los mesoamericanos de 104 años, y lo sorprendente es que ambos estaban relacionados con Venus. En el ciclo de 120 años se producen 75 revoluciones sinódicas venusinas (RSV); y en 104 años, 65 RSV, si se consideran años de 365 días cada uno, y si se da a dicha revolución un valor cerrado de 584 días. Así mismo, los ciclos de 104 años y los de 120 años pudieron haber estado asociados con aquellos largos periodos cercanos a los pasos de Venus por el disco solar. La presencia de los ciclos venusinos revela la importancia que este planeta tenía para ambas culturas.

[2] La manera de contar los años en la antigua china estuvo basada en la unión de dos sistemas. Por una parte, se computaban periodos de diez años, asociados mitológicamente al cielo; y por otra, se calculaban periodos de doce años, vinculados a la tierra. Ambos se fusionaban y producían una secuencia de 60 arreglos diferentes de años. Esta agrupación también daba lugar a una composición de 60 meses, que es igual a cinco años, los cuales fueron relacionados con igual número de elementos: el fuego, el agua, la madera, el oro y la tierra. Dichos elementos se mezclaban con los doce símbolos del zodiaco chino y originaban una secuencia combinatoria de 60 años.

[3] Según algunos investigadores, la escritura china surgió alrededor de 1500 a.C., cuando ya estaba constituido su calendario. Esta escritura estaba basada en pictografías y progresivamente se fue transformando en símbolos o ideogramas. En la escritura pictográfica es posible identificar ciertos objetos, en la ideográfica se simplifica los trazos. El origen remoto de la escritura china acerca ésta a la escritura cuneiforme desarrollada en Mesopotamia, que está considerada  la más antigua del mundo.

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2 responses

3 03 2011
Oli

Raúl: No cabe duda: venimos de Venus. Algo tenemos que ver con ese planeta.

3 03 2011
Raulinsky

Algo hay de eso.

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