La Piedra del Sol

18 12 2018

cartel chapingo pdf-001Introducción

La Piedra del Sol es la escultura monolítica elaborada por los aztecas y en donde quedó expresado el sistema calendárico mesoamericano. Mucho se ha discutido si dicha piedra es o no un calendario, de ahí que la presente investigación ofrezca algunos elementos significativos que demuestran que esta creación artística fue efectivamente un calendario. Para ser preciso, fue un megacalandario que recogió sistemáticamente el conocimiento astronómico de más de 3000 años de paciente observación a simple vista de las estrellas del universo, del movimiento aparente del Sol, de la luna, y en particular de Venus, la “estrella de la mañana”, que tuvo un peso determinante para articular los sistemas calendáricos de toda América.

La propuesta de desciframiento de la mayoría de los elementos que conforman la Piedra del Sol parte de la idea de que dichos elementos no son sólo de carácter decorativo, sino que representan una verdadera y compleja “escritura” que dejó grabado el conocimiento matemático y astronómico de la época. Por eso, se darán valores numéricos y significados calendáricos a casi todos los componentes gráficos que se encuentran en esta singular piedra.

Para el análisis de la Piedra del Sol dividiremos su estudio en cuatro capítulos: los números, los ciclos, la geometría y un último capítulo titulado: del mito a la arqueoastronomía. Estas partes conforman el desciframiento de casi la totalidad de los símbolos inscritos en esta magnífica pieza escultórica.

 

La Piedra del Sol es un monolito que sintetizó el conocimiento astronómico que los antiguos mexicanos habían desarrollado hasta antes de la conquista española. La piedra fue localizada circunstancialmente a finales del siglo XVIII en el costado sur de la Plaza Mayor de la Ciudad de México, donde había sido depositada con el relieve hacia abajo y cuidadosamente enterrada para no ser destruida por los evangelizadores españoles durante el periodo colonial. Según el arqueólogo Felipe Solís, “los sobrevivientes a la hecatombe protegieron su diseño con una capa de cenizas volcánicas o arena, con lo que la salvaron de una inminente destrucción.”[1]

Pero la fecha exacta de su descubrimiento, el 17 de diciembre de 1790, pone en evidencia que su resurgimiento de las entrañas de la tierra fue un acontecimiento magistralmente planeado, ya que en esa fecha comenzaba el año 13-carrizo a 260 periodos de 365 días, después de un ciclo de 1508 años toltecas, contados a partir del 21 de febrero del año 24 d.C.  Fue en aquel año 13-carrizo cuando se iniciaron los cómputos de un novedoso  ciclo de 1508 años, diferente a aquellos que tenían al año anterior a  la era cristiana como su punto de referencia y que tenían a los marcadores 2-carrizo como las fechas para la realización de los rituales de los fuegos nuevos.

La Piedra del Sol vino a ser un elemento fundamental que anunciaba el retorno del pasado indígena a la nueva cultura mestiza que durante el proceso de independencia sirvió a los estudiosos del pasado indígena como fuente de símbolos prehispánicos que se incorporaron a la nueva identidad mexicana en proceso de construcción.

En distintas épocas la piedra ha sido colocada en diversos sitios, entre ellos el exterior de la pared poniente de la catedral metropolitana. Actualmente se exhibe en la sala Mexica del Museo Nacional de Antropología e Historia, ubicado en el conjunto del Bosque de Chapultepec; y por el lugar que ocupa al interior de la sala, se le puede considerar la pieza más importante.

La información que existe sobre esta creación escultórica está dispersa y no es precisa en cuanto a la manera en que los antiguos mexicanos computaban el tiempo.

Nuestros antepasados estructuraban sus calendarios con fines prácticos (para la agricultura), y con fines astronómicos, los cuales en conjunto daban la pauta para la elaboración de sus complejos ritos que hasta hoy día están presentes, mezclados con el culto católico, producto del inevitable sincretismo cultural, constituyen una poderosa fuerza vital del México profundo.

La Piedra del Sol fue esculpida en piedra volcánica por Axayacatl, emperador azteca, que entre guerra y guerra pudo terminarla e inaugurarla en una solemne ceremonia poco antes de morir en el año de 1481. Fue elaborada para conmemorar la fundación de México-Tenochtitlan, y el inicio y culminación de un periodo de 1460 años[2], y reeditar el viejo cómputo tolteca de 1508 años. En este lapso de años gobernaron Moctezuma I, Ilhuicamina, y Moctezuma II, Xocoyotzin.[3]

En esta piedra también se sintetizó de manera magistral la concepción cosmogónica del tiempo cíclico que habían descubierto los antiguos habitantes, gracias a su profundo conocimiento de la astronomía. El Sol, los planetas Venus y Tierra, con su satélite, la Luna, fueron los astros directamente implicados en este tejido astronómico grabado en el majestuoso monolito.

Vista por primera vez, la piedra es un gran círculo decorado con numerosos símbolos. Si nos acercamos para observar mejor la escultura es evidente visualizar las cinco eras cosmogónicas consignadas en los textos indígenas del siglo XVI y en los códices prehispánicos. La del quinto Sol, la de movimiento, llamado nahui ollin, es la edad cósmica de mayor dimensión representada en este monolito. Esta primera observación ya deja entrever que cada uno de los símbolos que se encuentran en esta piedra contiene significado cronológico.

En una segunda observación vemos en el primer anillo de la Piedra del Sol los veinte días con los que se formaba el calendario prehispánico, y esto es otra señal que nos manifiesta su asociación con el tonalpohualli, el calendario sagrado de los antiguos mexicanos.

La presencia de ocho rayos del Sol y el símbolo del año xihuitl, es un detonante que confirma, con toda seguridad, que en esta rueda hay periodos astronómicos vinculados a la sistematización del tiempo en un calendario, pues, como se sabe, ocho años corresponden a cinco revoluciones sinódicas de Venus, planeta muy observado por los pueblos del área mesoamericana, dado que estaba ligado a Quetzalcoatl, su héroe cultural.

En una nueva observación a la piedra veremos el símbolo 13-carrizo,[4] uno de los elementos centrales de su diseño. Este símbolo y el nahui ollin, 4-movimiento, recuerdan uno de los mitos antiguos que asociaban a estas combinaciones con la formación del quinto Sol:

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

“El quinto Sol:

4-Movimiento su signo.

Se llama Sol de Movimiento,

porque se mueve, sigue su camino.

Y como andan diciendo los viejos,

en él habrá movimientos de tierra,

habrá hambre

y así pereceremos.

En el año 13-Caña,

se dice que vino a existir,

nació el Sol que ahora existe.

Entonces fue cuando iluminó,

cuando amaneció,

el Sol de movimiento que ahora existe.

4-Movimiento es su signo.

Es éste el quinto Sol que se cimentó,

en él habrá movimientos de tierra,

en él habrá hambres.” [5]

[1] Felipe Solìs, “La Piedra del Sol”, en Arqueología mexicana, enero-febrero 2000; pp. 32-39.

[2] La conclusión de un periodo de 1460 años de 365.25 días, equivalentes a 1461 periodos de 365 días, contados a partir del marcador 13-carrizo, que correspondió al 11 de mayo del año 24 d.C., se dio el 10 de mayo de 1484 en el día prehispánico 4-ollin, el símbolo de mayor tamaño ubicado en la parte central del calendario azteca que contiene a los cinco soles cosmogónicos. Aplicando la corrección gregoriana y considerando un día de desfase que hay entre esta fecha y la de la corrección gregoriana, se tiene que el 11 de mayo de 1484, inicio de un nuevo ciclo de 365 días, corresponde actualmente al día gregoriano 20 de mayo. En esta fecha se festeja actualmente al patrono de Xochimilco, San Bernardino de Siena, en la iglesia del mismo nombre, en donde se ubicaba el antiguo templo prehispánico de la deidad del fuego llamada Chantico.

Por su parte el 10 de mayo de 1484, día lunes, recuerda la tradición Xochimilca de subir la Cruz del cerro de Xochitepec el primer lunes después del 10 de mayo pero si cae lunes 10 de mayo se sube igualmente la Cruz. La tradición Xochimilca guarda este conocimiento en los rituales populares sincréticos.

[3] Todos los datos consignados en este párrafo fueron tomados de Miguel León-Portilla, Trece poetas del mundo azteca. Ver “Axayacatl”, pp. 133-143.

[4] En los textos del siglo XVI el carrizo fue llamado también caña.

[5] El mito proviene de los Anales de Cuauhtitlán, fol. 2. Tomado del libro de Miguel León-Portilla, De Teotihuacán a los Aztecas, pp. 472 y 473. Las negritas son mías.

El 4-movimiento, designación del quinto sol, fue el día final de una serie de 1461 periodos de 365 días, si se comienza en la combinación 13-carrizo. Estas fechas prehispánicas correspondieron al 11 de mayo del 24 d.C. y al 11 de mayo del año 1484 d.C.

 


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