Origen sudamericano del Tonalpohualli

30 04 2021

Este artículo es parte de mi libro titulado: “1508, los fuegos del tiempo”

Procedencia sudamericana del tonalpohualli

La cuenta sagrada de los 260 días, tan utilizada durante la época prehispánica en toda la zona mesoamericana, por culturas como la olmeca, la zapoteca, la maya, la mixteca y la mexica, entre otras, podría haberse originado en latitudes diferentes en donde estos pueblos habitaron.

Sé que es un pensamiento a contracorriente porque la mayoría de los investigadores sostienen que fue un calendario nacido en Mesoamérica. Pero existen algunos elementos de peso que señalan a la región de Sudamérica como la cuna de este calendario, concretamente, en las costas y selvas que colindan con la cordillera de los Andes, en Perú, Ecuador y Chile.

Voy a explicar esta posición. El habitante prehistórico de la amazonia sudamericana, que vivía de los recursos de la selva, vio en la montaña un mejor hábitat, alejado de las fieras y de los inconvenientes naturales de la jungla. Ya instalado en la montaña este ser humano cambió su forma de vida y necesitó domesticar en las alturas algunas especies de plantas comestibles extraídas de su paraíso perdido. El nuevo ser humano se estaba convirtiendo en un individuo sedentario y con ello conocedor de las estaciones y del tiempo.

Un nuevo reto representó cruzar las nieves andinas, las alturas en donde se escondían las nubes. Pero una vez superado este desafío pudo establecerse en las orillas occidentales de la cordillera, más cerca del mar, y con ello ir al descubrimiento  de la pesca y de la navegación marítima.

Por lo tanto, el antiguo habitante de la región andina fue un profundo conocedor de cuatro diferentes estilos de vida: la selva, la montaña, la costa y el mar. La historia arqueológica de estas regiones apunta en ese sentido. La domesticación de animales y plantas para el consumo humano extraídos de la selva desde hace más de 10 000 años revela la antigüedad de estos seres. Plantas como el maíz, la calabaza, el chile, el cacahuate, el cacao, asociadas automáticamente a las culturas mesoamericanas e imprescindibles en su alimentación y mitología, fueron domesticadas en la región andina, provenientes de la selva, desde hacía tiempo antes de que en la zona mesoamericana formaran parte de su uso cotidiano y de su discurso ritual.[1]

Por eso, la región andina debió de haber sido una especie de Mesopotamia de América, y de alguna manera también del mundo, y en donde surgió probablemente un polo de difusión de la cultura astronómica.

Así mismo, elaboraciones mitológicas tan profundas y complejas, como las asociadas al agua, la lluvia o al maíz, al parecer fueron producidas primero en los Andes y, posteriormente, exportadas y recreadas en Mesoamérica. De allí que deidades de un alto valor significativo, como Tlaloc y Quetzalcoatl, tienen un paralelismo con sus homólogas andinas de las culturas de Tolita,[2] Chavín de Huantar,[3] Tiahuanaco[4] y Nazca.[5] En las mismas lenguas nativas hay algunas palabras que en cuanto a su sonido poseen el mismo significado en una cultura y otra.[6]

También las imágenes dibujadas en las cerámicas de las culturas peruanas de Mochica[7] y Paracas,[8] semejantes en cuanto a su compleja elaboración, refuerzan la idea de que efectivamente en un remoto pasado existió una fuerte conexión cultural entre el norte y el sur del continente americano. Pero quizá lo más sorprendente es que las latitudes en donde el tonalpohualli aparece como una secuencia de 260 días, asociado a los pasos cenitales, corresponde a dos grandes polos de difusión de la cultura andina y mesoamericana: Nazca y Copán, respectivamente.

Nazca, ¿la cuna geográfica del cómputo astronómico del tonalpohualli?

La ciudad de Nazca está situada en Perú, en América del Sur, en el paralelo 15°. Ubicada en el departamento de Ica, Nazca es una región desértica en donde se desarrolló una gran cultura. Uno de los vestigios más conocidos de esta cultura son sus famosas pistas, que son alineaciones de piedras que se extienden por esta planicie y que, según el astrónomo norteamericano Paul Kosok, y la matemática y astrónoma alemana Maria Reiche Neuman, constituyen una especie de urdimbre ligada a la astronomía y a los calendarios precolombinos.

Las líneas de Nazca son un libro abierto en donde se puede estudiar la antigua astronomía prehispánica. En este sentido, el tonalpohualli quedó registrado, no en forma de códice o estela, a la manera de los olmecas, zapotecas, toltecas, mayas y aztecas, sino por medio de grandes líneas dibujadas en la superficie de una extensa planicie, donde se realizaban cálculos astronómicos asociados al cómputo del año. Nazca es, justamente, el sitio geográfico en Sudamérica en donde se da la secuencia de 260 días en función de los pasos cenitales.

Por otro lado, Nazca fue también una región difusora de una gran cultura, así lo demuestra la gran cantidad de objetos arqueológicos, cerámicas, textiles y entierros que se han hallado en ese lugar y en las áreas de su influencia. Pero ¿hasta dónde llegó su predominio?

Estamos acostumbrados a considerar a las culturas preamericanas como entidades aisladas, como culturas que poco o nada tienen que ver entre ellas. Sin embargo, considero que esto no es así. Por ejemplo, el estudio sistemático del área mesoamericana revela el coherente tejido de la trama espacio-temporal que articuló vastas regiones superando las  particularidades étnicas de cada una de ellas.

De la misma manera, en la zona centroamericana y sudamericana las sociedades antiguas también estaban acopladas en una misma urdimbre cultural, dominada por los mayas y los nahuas al norte, y al sur por los mochicas, aimaras, huaris e incas. Entonces, no es nada aventurado creer en la posibilidad de que toda la América precolombina estuviera profundamente cobijada bajo el mismo techo cultural que permeaba la vida cotidiana de los antiguos americanos. O por lo menos, en lo que se refiere a los conocimientos astronómicos, estoy seguro de que ellos sí estaban conectados.

Una escena hipotética de esa época podría ser la siguiente. Un grupo de seres ocupados en la astronomía deambulaba de un lugar a otro a lo largo del continente, y en este sentido las costas occidentales eran una de las rutas naturales preferidas para buscar ciertas posiciones solares, como los solsticios, los equinoccios y los pasos cenitales. Este grupo de sabios compartía su conocimiento con colegas de otras culturas. Quizá quienes se encargaban de tal actividad eran los toltecas,[9] un linaje de estudiosos de la ciencia y de las artes que a lo largo de toda Mesoamérica y Sudamérica iba depositando sus conocimientos entre los pueblos. La presencia de la greca escalonada como el símbolo del héroe civilizador de América, Quetzalcoatl, en el norte, y Wayracocha, en el sur, es uno de los elementos clave de esta relación.

El hallazgo de determinados datos astronómicos ligados a sus sistemas calendáricos fue sellado con la construcción de grandes ciudades en Mesoamérica y en Sudamérica. Los datos astronómicos fueron: el seguimiento del Sol en sus pasos cenitales y la cuenta de los 260 días.

Una clave para sustentar esta afirmación está en la relación que existe entre dos regiones americanas: Nazca y Copán, en Perú y Honduras, respectivamente. Estas dos ciudades son altamente significativas en el ámbito arqueológico, pues en ellas se encuentran portentosos vestigios de las culturas que prosperaron en tierra peruana y en la región maya, asociados principalmente al estudio de la astronomía prehispánica. Ambas ciudades representan, efectivamente, regiones paralelas en donde se asentaron las culturas que desarrollaron de manera sistemática los calendarios a partir de rigurosas observaciones astronómicas.

En Copán están las fuentes más prolíficas de la escritura maya: majestuosas estelas talladas en piedra reflejan el paso del tiempo que los mayas querían dejar para la posteridad. En Nazca, cientos de kilométricas líneas dibujadas en los desiertos señalan las posiciones que sobre el horizonte proporcionan algunos astros, siendo el Sol el de mayor estudio. Las líneas son las comprobaciones de los cálculos astronómicos acerca de las salidas o puestas de Sol, o de algún otro astro en determinada época. Los animales y plantas dibujados en las arenas del desierto proceden en un gran porcentaje de la selva y sirven como referencias nemotécnicas para localizar ciertos arreglos significativos de trazos geométricos.

Nazca y Copán están localizados en las inmediaciones del paralelo 15°. El primero al sur de la línea ecuatorial, y el segundo al norte. El hecho de que estén a la misma distancia del ecuador tiene un significado especial, pues en estas dos regiones se presenta un fenómeno astronómico que está asociado a la cuenta de los 260 días del tonalpohualli: los pasos cenitales del Sol, es decir, los días en los cuales el astro rey se encuentra en su posición perpendicular y, por lo tanto, más alta respecto a un observador terrestre. Estos pasos cenitales sirvieron de referencia para computar los 260 días del tonalpohualli. Tanto en Copán[10] como en Nazca se puede observar el transcurso de 260 días entre dos pasos cenitales. Igualmente, en ambas zonas el solsticio de verano sirve como el pivote de referencia para la sistematización del cómputo de estos 260 días.

En Nazca, el verano se registra el 21 de diciembre; y en Copán, el 21 de junio. Los pasos cenitales para Copán se dan el 13 de agosto y el 29 de abril. Entre estas dos fechas hay 260 días.[11] Los pasos cenitales para Nazca se dan el 12 de febrero y el 29 de octubre.[12] También entre estos dos momentos hay 260 días. Tanto en Nazca como en Copán, los 105 días restantes para completar los 365 días del año tienen al solsticio de verano como la fecha central.

Si consideramos un año común de 365 días notaremos que del 12 de febrero[13] al 29 de octubre[14] se suceden 260 días, en estas fechas se registran los pasos cenitales para la región por la cual cruza el paralelo en donde se localizan las misteriosas pistas del Nazca.

Después de estos 260 días faltan 105 días para completar el año. Un total de 52 días, del 30 de octubre al 20 de diciembre, otros 52 días, del 22 de diciembre al 11 de febrero, y el 21 de diciembre queda como el día pivote que corresponde al inicio del solsticio de verano para las regiones andinas.

En el terreno de la arqueología la serie de los 260 días está presente en dos quipus descubiertos en Paracas, localidad situada cerca de Nazca, en Perú. Uno contiene la cifra 260 y otro la de 584, ésta última asociada al periodo sinódico de Venus.[15]

Como se sabe, el tonalpohualli constaba de 260 días, los cuales estaban formados por la combinatoria de trece números y veinte símbolos. Tanto los números como los símbolos estaban representados por elementos de la naturaleza, o bien por objetos culturales. En el caso de los números es interesante observar que los dos primeros, el uno y el dos, están dedicados al colibrí, aquella avecilla tan bellamente representada en el desierto de Nazca.

Para los aztecas, este pequeño animal fue el guía que los ayudó a descubrir la región en donde se asentaron después de una larga peregrinación. El colibrí izquierdo, que en legua nahuatl se dice Huitzilopochtli, era su  guía. En este punto llama la atención el hecho de que las palabras colibrí y Sol en el idioma quechua tengan casi la misma pronunciación: cinti e inti, respectivamente.

En lo que respecta a los símbolos que se utilizan en el tonalpohualli, existen sus equivalentes trazados en las arenas del Nazca, como el cocodrilo, la lagartija, la serpiente, el perro, el mono, el puma, un felino, que pudiera estar asociado al jaguar de la zona maya, el cóndor y la flor.


[1] La antropóloga Janet Long dice que en América del Sur se calcula que se originó la planta del chile, “en un remoto pasado histórico”. Y que llegó a Mesoamérica, como planta silvestre, “hace miles de años”. Ver, La Jornada, 7 de julio de 2005.

[2] La cultura de Tolita, situada en Ecuador, ha dejado arqueología en cerámica que es idéntica a la elaborada en Teotihuacan. Según Carlos Milla (Ayni, Semiótica andina de los espacios sagrados, Lima, Amaru Wayra, Asociación de Investigación y Comunicación Cultural Andina, 2005), se trata de “ceramios didácticos” que los antiguos andinos usaban para la práctica quirúrgica. Las piezas en cuestión son representaciones humanas en barro, algunas de cuyos cuerpos están abiertos a manera de cajita, y dentro de ella se observan figuras de los órganos internos del ser humano. La arqueología mexicana denomina “figuras anfitrionas” a las piezas de Teotihuacan, que son iguales a las de Tolita. Ambas imágenes, tanto las del Ecuador como las de México, poseen los mismos rasgos faciales: ojos alargados, frente amplia, cejas largas y boca entreabierta. La forma del rostro de estas cerámicas es muy parecida a las caritas sonrientes de las culturas del golfo de México.

[3] La arqueología de este lugar establece ciertas asociaciones con las imágenes de Tlaloc, la deidad de la lluvia. Al respecto es muy elocuente un monolito llamado Kuntur Huasi, hallado en el departamento de Ancash, en Perú. El diseño de este monolito se parece mucho a Tlaloc: ojos redondos, bigotes, barbas y los característicos colmillos felinos. En Sechín, también en Ancash, se han localizado litoesculturas semejantes estilísticamente a las imágenes de los llamados danzantes de Monte Albán, de manufactura zapoteca. Por último, los monolitos de Chavín, como la Estela Raimondi, el Obelisco Tello, el Lanzón y las Cabezas Clava, son un testimonio evidente de la influencia iconográfica de esta cultura sudamericana con sus homólogas mesoamericanas.

[4] Tiahuanaco, una de las culturas madre de la civilización andina, donde surgió el estilo arquitectónico de Machu Picchu, fue habitado por los grupos de lengua aymara. Esta cultura se localiza en los alrededores del lago Titicaca y es ahí donde resulta sugerente la existencia de los monolitos de Kalassasaya, parecidos a los Atlantes de Tula, en Hidalgo.

[5] La región de Nazca es rica en arqueología y en este ámbito es relevante la presencia recurrente del diseño de la greca escalonada, imagen abstracta que en México está asociada a Quetzalcoatl.

[6] El investigador José Corona Núñez sostiene que hay cierta semejanza fonética entre el quechua y el purembe de los tarascos, ubicados en la región occidental mesoamericana. Yo creo que, además, hay semejanza semántica. Por ejemplo, Curita-caherí, es la palabra en purembe para Venus, y significa “el gran sacerdote del fuego”. Según el diccionario quechua Simi Pirwa, kuri, quiere decir oro, y como se sabe Venus estuvo asociado a este metal precioso. La palabra kurichasqa, significa lo dorado, y está compuesta de kuri, oro, y chasqa, estrella, muy probablemente asociada a Venus antes que al Sol.

La palabra qura significa en quechua hierba o vegetación. Recordemos que el vocablo hierba era utilizado por los antiguos mexicanos para designar al año. Así mismo, la palabra quechua kuraq, que quiere decir superior, puede estar asociada al gran fuego, que en purembe se dice Curicaueri.

[7] La cultura Mochica tiene diseños de los días del calendario mesoamericano, como la serpiente, el ocelote, el perro, el venado etc., elaborados con la técnica de mosaicos al estilo mesoamericano y en los que se advierte la presencia de piedrecillas turquesas.

[8] La cultura Paracas tiene el mismo origen que la cultura Nazca. En la región de Paracas se pueden encontrar evidencias del contacto con la cultura mesoamericana a partir del estudio de los quipus. En Paracas se han localizado ceramios que, en términos iconográficos, son similares a los diseños teotihuacanos de Tlaloc.

[9] Este linaje de seres humanos se parece mucho a los antiguos fenicios. Entre las afinidades culturales de ambos pueblos está el dedicarse a la difusión de las artes y de las ciencias, y de realizar actividades mercantiles. Su nombre, tolteca, la gente del tule, quizá provenga de una curiosa particularidad de este pueblo que utilizaba el tule para un sinfín de objetos de uso cotidiano, desde un simple petate hasta una embarcación, semejante a la que hoy día todavía elaboran los Uros, en el lago Titicaca, en Perú, o a los caballitos de mar, en Egipto. El tule también era usado en la fabricación de sus casas. A propósito, pueden verse aún construcciones de este tipo en lugares tan lejanos como Irak, cuna de la civilización occidental. Se trata de casas hechas de un material semejante al tule, como a las que hay en los sellos de barro encontrados en la región mesopotámica. En México, la casa de tule estaba hecha con paredes de tule llamadas tolchimal, escudo de tule.

Por otra parte, es revelador que el vocablo fenicio proceda de una voz griega que significa púrpura, debido a que estos antiguos habitantes se vestían con prendas pintadas con este llamativo color. El mar Rojo, ubicado en las costas de la península arábiga, es una más de las asociaciones cromáticas del púrpura con este pueblo que utilizaba esta ruta para el comercio. El púrpura era extraído de un caracol marino muy parecido al caracol con el cual teñían sus prendas y textiles los incas y los mixtecos; Quetzalcoatl era vestido en los códices con atuendos púrpuras, como lo hizo notar la investigadora Celia Nutal. El caracol, tanto para los fenicios como para los toltecas, era un símbolo de fertilidad. Quetzalcoatl lo lleva como insignia en el pecho, colgado de una cuerda. El héroe cultural de América era representado gráficamente con una abundante barba, cuyo estilo de dibujo es semejante al que hacían los fenicios.

[10] “El recorrido ida y vuelta del paralelo 15 latitud norte, el día 15 de agosto, hacia el trópico de Capricornio y regreso al paralelo 15 latitud norte, el día 30 de abril, es de 260 días.” Carlos Margain, “Sobre sistemas calendáricos mesoamericanos”, en Thesis, México, UNAM, 1982.

[11] En su artículo “La observación celeste en el pensamiento prehispánico”, el investigador Jesús Galindo Trejo señala la importancia de estas fechas en el área mesoamericana y describe cómo la pirámide del Sol, en Teotihuacan, se encuentra alineada con el disco solar los días 29 de abril y 13 de agosto. Trejo observa en Chichén Itzá que durante el atardecer la ventana central del caracol está alineada al 12 de febrero y 29 de octubre. Si bien dichas fechas están referidas a alineamientos en función de las salidas y puestas del Sol, es evidente su conexión con los pasos cenitales del astro rey. Las fechas 29 de abril y 13 de agosto están vinculadas a Copán, pero del 12 de febrero y 29 de octubre no se ha establecido ninguna relación. Desde mi punto de vista, estas últimas fechas están ligadas al paso cenital por el paralelo en que se encontraba la antigua ciudad de Nazca.

[12] En las fechas 12 de febrero y 29 de octubre se alinea la pirámide del Sol en la zona de Teotihuacan, en México. Este hecho no es producto de la casualidad sino que habla de una interrelación muy profunda entre las culturas del norte del ecuador terrestre y las ubicadas al sur; en este caso, Teotihuacan y Nazca. Es importante hacer notar que el punto de referencia con el cual comulgan estas dos áreas tan distantes es una cuestión cultural en el que está implicado la secuencia de los 260 días. Por lo tanto, dicha secuencia no es una conformación natural que se hubiera descubierto en todas las civilizaciones preamericanas.

Se puede decir, entonces, que la pirámide del Sol, en Teotihuacan, está orientada con el propósito de marcar  los días en los que en el paralelo por donde cruza la zona de Nazca se dan los pasos cenitales que producen una distancia temporal de 260 días. La cultura Tolita, en el sur de Ecuador, en Sudamérica, puede ser la clave para rastrear la relación que existía entre estas dos áreas, pues tanto en Teotihuacan como en Ecuador se han encontrado unas curiosas figurillas de barro que contienen en su interior, a manera de caja, los órganos internos de un ser humano (ver infra nota de pie 32). Así mismo, se han localizado esculturas pétreas que recuerdan el diseño de Tlaloc.

En un artículo de Daniel Flores Gutiérrez (“Aspectos astronómicos del inicio del año prehispánico”), del Instituto de Astronomía de la UNAM, se observa un diagrama de las posiciones del Sol en pares de fechas, que distan mutuamente 260 días. En febrero y octubre el Sol sale de un mismo punto en el horizonte de acimut 105º, y en abril y agosto, con acimut 285º. El investigador precisa que las fechas son: “el 12 de febrero y 28 de octubre cuando el Sol sale con un acimut de unos 105º, así como el 29 de abril y 12 de agosto, cuando el Sol se oculta con un acimut de 285º.

[13] Debido a la corrección gregoriana, que ocurrió a finales del siglo XVI, el 12 de febrero corresponde en la época prehispánica al 2 de febrero. Esta fecha quedó en el recuerdo de los pueblos indígenas tanto de Mesoamérica como de la zona Andina, y actualmente se celebra como la fiesta de la Candelaria. Es, sin duda alguna, una fecha calendárica asociada a la cuenta del tonalpohualli. Astronómicamente está sustentada, y culturalmente representa una de las festividades de mayor convocatoria. En México es un día dedicado a la madre de Cristo, María, bajo la advocación de la virgen de la Candelaria, y también a su recién nacido, el niño dios. En Veracruz, la fecha es toda una institución comunal que paraliza a la región de Tlacotalpa; y en Xochimilco, al sur del valle de México, se da el cambio de mayordomo del Niñopa, niño dios que recuerda el nacimiento del año prehispánico, de acuerdo a las informaciones de Sahagún. Por su parte, en Perú, la región indígena de Puno recuerda esta fecha con una gran festividad con danzas y música dedicadas a la virgen de la Candelaria; y en Arequipa, es notable el culto a esta virgen que recibe en esta región el nombre de la virgen de Chapi.

Por otra parte el 2 de febrero de 1559 iniciaba un fuego nuevo al estilo tolteca y estaba asociada a una secuencia de 1508 años que tuvieron su inicio en el año anterior a la era cristiana, fue de alguna manera el ciclo que de los xochimilcas seguían utilizando durante el periodo colonial.

[14] El 29 de octubre corresponde en la época prehispánica al 19 de octubre, que es el día central de la festividad del Señor de los Milagros, el Cristo crucificado, que se celebra en Lima, la capital de Perú. En conclusión, es probable que las fechas 2 de febrero y 19 de octubre estén asociadas a un proceso sincrético que  envuelve a la cuenta sagrada del tonalpohualli.

[15] Ver de William Burns Glynn, Decodificación de quipus, Lima, Banco Central de Reserva del Perú y Universidad Alas Peruanas, 2002. Este investigador de origen inglés y afincado en Perú desde 1959, no  ha asociado que la cifra 260 también está relacionada con el ciclo venusino y solar, y no sólo al periodo sinódico del planeta Marte, como él cree, porque, según su explicación, “era una tercera parte del ciclo de Marte a 780 días” (p. 172).


Acciones

Información

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Salir /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Salir /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Salir /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Salir /  Cambiar )

Conectando a %s




A %d blogueros les gusta esto: