Axayacatl, la máscara del Sol.

14 08 2013
Axayacatl como Tonatiuh.

Axayacatl como Tonatiuh.

Al Sol no se le puede ver, su verdadero rostro está oculto debajo de una máscara resplandeciente, de oro. Así debieron haber pensado los pueblos de la antigua Asia, Egipto y Mesoamérica.

En Japón la deidad solar está representada por Amaterasu, personificación femenina de rostro muy pálido. Actualmente quien representa teatralmente a este personaje en el ritual sintoísta lleva una máscara blanca. En Japonés mascara se dice omen: おめん, y también kamen:  仮面. El primer ideograma chino o kanji japonés se pronuncia kari仮, curiosa coincidencia a la palabra de español “cara” que sugiere rostro, máscara.

ImagenTutankamón

Tutankamón

En Egipto tenemos como referencia a la máscara mas famosa, la de Tutankamón. La máscara es de oro, resplandeciente, el rostro del Sol. Como en el japonés la palabra omen aparece como amón en egipcio, la máscara, el rostro.

En la América Andina y en Mesoamérica fue muy semejante, al sol se le representó con una máscara de oro, Inti y Tonatiuh.

En el calendario azteca la máscara del sol de agua o de lluvia, Axayacatl, está representada en el centro de este enorme monolito de 360 cms de diámetro.

Máscara de turqueza, cultura azteca.

Máscara de turqueza, cultura azteca.

Axayacatl significa en náhuatl: El de la máscara de agua. La máscara de agua es Tlaloc, el dios de la lluvia.

Amaterasu

Amaterasu

aparicion

Virgen de Guadalupe

Virgen de Guadalupe

En Mesoamérica en el cerro del Tepeyac cuyo significado es: “cerro de la máscara” se veneró a una deidad semejante a la Amatersu japonesa; la virgen de Guadalupe, surgida de un resplandor solar, El Sol visto como una deidad femenina.

Partimos de una misma raíz cultural desde hace miles de años, conozcamos el verdadero rostro de la historia y pongámonos la máscara de las verdades ancestrales.





Significado de Teoloyuca

20 02 2011

Teoloyuca es una región del Estado de México. Su significado viene del idioma nahuatl. De un análisis etimológico se puede desprender que:

Teolo es una deformación fonética de su original palabra TEYOLO, que significa corazón de piedra. Yuca es una terminación para representar lugar. Entonces Teyoloyuca es el lugar del corazón de piedra. En lengua nahuatl Teyolo se pronuncia “Teiolo”, la “y” griega con su sonido de “ll” no se pronuncia así en este caso sino como “i” latina. La conjunción de tres vocales devino en dos, teiolo mudó a teolo.

Códice de tributos

Teoloyuca, Códice de tributos

 En un códice se puede ver su glifo y corresponde efectivamente a un corazón de piedra, el mismo que se usa para el topónimo de Tenochtitlan, en donde Te, piedra es un corazón de piedra. ¿De quién es ese corazón? de Copilli. Un héroe  al que está dedicado Copilco, una región situada en el valle de México, cerca de la piramide de Cuicuilco. Esta región estaba poblada por la antiquísima  cultura de Tlatilco, antes de la erupción del volcán Xitle, ocurrida antes de la era cristiana.

El glifo posee un agujero en el centro de la piedra como en el caso de Coyoacan. El agujero es el simbolo para la terminación yuca o yoacan.





Tlachtli, el juego de pelota prehispánico

18 06 2010
Tlachtli, el juego de pelota prehispánico

Tlachtli, el juego de pelota prehispánico

Tlachtli
. El juego de pelota prehispánico.
 

 

El tlachtli se puede considerar como el antecedente prehispánico del moderno juego del futbol.

Aunque el tlachtli se jugaba con las caderas algunos elementos son semejantes a los del futbol contemporáneo. Por ejemplo el que se juegue en una cancha rectangular con gradas a las orillas.

El uso de una pelota elástica de dimensiones semejantes a la del balón de futbol. El enfrentamiento entre grupos de jugadores. Pero sobretodo la ritualización de este espectáculo es la razón del porque ahora hay tantos seguidores del futbol contemporáneo, una continuación de aquel antiguo juego.

En el tlachtli el balón es el sol, el astro mayor convertido en deidad; Tonatiuh, que va y viene de un lado al otro.

El actual estado de Tlaxcala, Tlachcala, era la casa del juego de pelota. También lo era Taxco o Tlaxco en el estado de Guerrero. Este juego estuvo asociado al tonalpohualli y el día 4-movimiento, nahui-ollin, representado por el sol era su día representativo. En el occidente del país a este juego se le denomina Ulama, palabra asociada al día ullin u ollin.

Los dioses jugaban con la pelota; el Sol. La pelota se hacia de hule, producto de la savia de una especie de árbol tropical endémico de América. Las hojas de este árbol son grandes y producen una sombra envidiable para las épocas de calor. Recordemos que antes de que existiera la industria petrolera generadora de todo tipo de plásticos las pelotas se hacían de hule.

Las pelotas prehispánicas se hacían con esta materia prima y se conocía la vulcanización, un proceso físico-químico un tanto complejo, un misterio para la arqueología saber como se llegó a conocer este proceso en épocas remotas.

La siguiente información esta tomada del blog:

http://bitacoracultural.com/index.php?option=com_content&task=view&id=633

Proceso de vulcanización de más de 3 mil 500 años

Tecnología Olmeca

A diferencia de la técnica de Charles Goodyear, la de  los Olmecas no contamina

En  1939, el estadounidense Charles Goodyear  descubrió –por casualidad– el proceso químico que más tarde se conocería como vulcanización, esto sucedió cuando mezcló hule con azufre y formó una masa dura y resistente, sin embargo, hace más de tres mil 500 años, los Olmecas utilizaron un procedimiento similar para crear pelotas de hule de uso ceremonial, para el juego de pelota y otros utensilios.

En 1989, durante la realización del proyecto de rescate y salvamento de piezas arqueológicas del cerro El Manatí, ubicado al sur del estado de Veracruz, sobre la cuenca del Río Coatzacoalcos; en el ejido de El Macayal perteneciente al municipio de Hidalgotitlán, los arqueólogos Ponciano Ortiz y María de Carmen Rodríguez, descubrieron 12 pelotas de hule asociadas con ofrendas de hachas (varias de jadeíta).

Los investigadores del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH), se sorprendieron por el perfecto estado de conservación de las pelotas de hule, pese al paso de los años, y esa situación los llevó a pensar que eran resultado de algún proceso similar a la vulcanización que las hizo resistentes al tiempo y las condiciones atmosféricas en las que se encontraban.

Tras años de investigación y varios estudios en los que participaron especialistas  estadounidenses de Cambridge se logró establecer que para la creación de las pelotas, los Olmecas mezclaron látex del árbol de hule, cuyo nombre científico es Castilla Elástica, con una especie de enredadera con flores llamada Ipomoea alba –cultivada en las regiones tropicales de México–, la cual contiene látex con sulfuros, es decir, azufre.

Las reacciones químicas que produce la mezcla de los dos látex permite la vulcanización, es decir, los átomos de azufre se entrelazan a las cadenas poliméricas de isoprenos del hule, convirtiendo el látex en un material duro y resistente. Mejorando así su uso y durabilidad.

Los antiguos mesoamericanos procesaban el hule o “ulli” de la siguiente manera: realizaban una incisión en el árbol Castilla Elástica para obtener de ahí la savia, que en su estado natural es un líquido lechoso y pegajoso, el cual al secarse es muy frágil y no logra retener las formas.

Este líquido era recabado en vasijas que colocaban al pie del tronco del árbol, por otro lado recolectaban la enredadera cuyo nombre científico es Ipomoea alba, ésta era triturada hasta obtener un líquido, cuando ya se tenía una cantidad suficiente éste era vertido en un recipiente, donde previamente había sido vaciado el látex, después de remover y mezclar aproximadamente 15 minutos, el látex se solidificaba y se formaba una masa blanca que era sacada del recipiente para poderse manejar, entonces comenzaban a moldear las pelotas y otros utensilios como bandas elásticas y figurillas de hule.

A diferencia del proceso descubierto por Charles Goodyear, en el que se necesita de grandes cantidades de fuego para poder realizar la homologación del azufre con el látex,  no es contaminante porque no desprende partículas tóxicas.

Los Olmecas no sólo utilizaban el látex como materia prima para realizar pelotas y otros objetos, sino que también lo ofrecían en sus ceremonias rituales, en forma líquida; además servía como uso cotidiano para la impermeabilización de telas y utensilios.

LAS PELOTAS DE HULE DEL CERRO MANATÍ

Los arqueólogos Ponciano Ortíz y María del Carmen Rodríguez señalan que en el sitio sagrado del Cerro de El Manatí se efectuaron hace más de tres mil años importantes ceremonias religiosas.

Una o varias aldeas, por algún motivo, practicaron subsecuentemente varias ceremonias a través de un largo tiempo que culmina con la ofrenda masiva de esculturas labradas en madera acompañadas de diversos elementos entre los que se encuentran las 12 pelotas de hule.

En el cerro, y de acuerdo con la información de los investigadores, se  descubrieron tres fases de ofrendamiento, en las cuales las pelotas fueron una constante. De la primera fase, fechada mediante el carbono 14 en el año 1600 a. C., se rescataron dos bolas asociadas con ofrendas de hachas.

En la segunda fase, alrededor de 1500 a.C., también se localizaron tres bolas, las cuales se encontraron alineadas hacia el noreste, éstas al igual que las de la primera fase tienen un diámetro que oscila entre ocho y 15 cm.

De la última fase, aproximadamente en el 1200 a.C, se hallaron un conjunto de dos pelotas, que estaban acompañadas por dos bastones de mando, estas bolas tienen un diámetro de 25 centímetros.

Para los arqueólogos este hallazgo demuestra la importancia ritual del juego de pelota, el cual se mantuvo hasta la última fase de las ofrendas. El cambio de tamaño en las bolas, explican los expertos, puede indicar cambios en la forma del juego.

Los campesinos que tuvieron el primer encuentro con estos altares, localizaron por lo menos cinco más, por lo que en total en El Manatí, se rescataron 12 bolas, lo que indica la relevancia de esta ceremonia para los Olmecas.

Pese a que las pelotas se encontraron en muy buen estado de conservación, su preservación ha sido difícil porque no se ha descubierto el proceso para evitar su degradación. No obstante, los especialistas del Centro INAH-Veracruz trabajan en la investigación de métodos para poder conservar estos ejemplares, únicos en el mundo, pues son de gran aporte informativo para entender más sobre la cultura Olmeca, llamada también cultura madre. 

Proceso de vulcanización de más de 3 mil 500 años

Tecnología Olmeca

A diferencia de la técnica de Charles Goodyear, la de  los Olmecas no contamina

En  1939, el estadounidense Charles Goodyear  descubrió –por casualidad– el proceso químico que más tarde se conocería como vulcanización, esto sucedió cuando mezcló hule con azufre y formó una masa dura y resistente, sin embargo, hace más de tres mil 500 años, los Olmecas utilizaron un procedimiento similar para crear pelotas de hule de uso ceremonial, para el juego de pelota y otros utensilios.

 En 1989, durante la realización del proyecto de rescate y salvamento de piezas arqueológicas del cerro El Manatí, ubicado al sur del estado de Veracruz, sobre la cuenca del Río Coatzacoalcos; en el ejido de El Macayal perteneciente al municipio de Hidalgotitlán, los arqueólogos Ponciano Ortiz y María de Carmen Rodríguez, descubrieron 12 pelotas de hule asociadas con ofrendas de hachas (varias de jadeíta).

Los investigadores del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH), se sorprendieron por el perfecto estado de conservación de las pelotas de hule, pese al paso de los años, y esa situación los llevó a pensar que eran resultado de algún proceso similar a la vulcanización que las hizo resistentes al tiempo y las condiciones atmosféricas en las que se encontraban.

Tras años de investigación y varios estudios en los que participaron especialistas  estadounidenses de Cambridge se logró establecer que para la creación de las pelotas, los Olmecas mezclaron látex del árbol de hule, cuyo nombre científico es Castilla Elástica, con una especie de enredadera con flores llamada Ipomoea alba –cultivada en las regiones tropicales de México–, la cual contiene látex con sulfuros, es decir, azufre.

Las reacciones químicas que produce la mezcla de los dos látex permite la vulcanización, es decir, los átomos de azufre se entrelazan a las cadenas poliméricas de isoprenos del hule, convirtiendo el látex en un material duro y resistente. Mejorando así su uso y durabilidad.

Los antiguos mesoamericanos procesaban el hule o “ulli” de la siguiente manera: realizaban una incisión en el árbol Castilla Elástica para obtener de ahí la savia, que en su estado natural es un líquido lechoso y pegajoso, el cual al secarse es muy frágil y no logra retener las formas.

Este líquido era recabado en vasijas que colocaban al pie del tronco del árbol, por otro lado recolectaban la enredadera cuyo nombre científico es Ipomoea alba, ésta era triturada hasta obtener un líquido, cuando ya se tenía una cantidad suficiente éste era vertido en un recipiente, donde previamente había sido vaciado el látex, después de remover y mezclar aproximadamente 15 minutos, el látex se solidificaba y se formaba una masa blanca que era sacada del recipiente para poderse manejar, entonces comenzaban a moldear las pelotas y otros utensilios como bandas elásticas y figurillas de hule.

A diferencia del proceso descubierto por Charles Goodyear, en el que se necesita de grandes cantidades de fuego para poder realizar la homologación del azufre con el látex,  no es contaminante porque no desprende partículas tóxicas.

Los Olmecas no sólo utilizaban el látex como materia prima para realizar pelotas y otros objetos, sino que también lo ofrecían en sus ceremonias rituales, en forma líquida; además servía como uso cotidiano para la impermeabilización de telas y utensilios.

LAS PELOTAS DE HULE DEL CERRO MANATÍ

Los arqueólogos Ponciano Ortíz y María del Carmen Rodríguez señalan que en el sitio sagrado del Cerro de El Manatí se efectuaron hace más de tres mil años importantes ceremonias religiosas.

Una o varias aldeas, por algún motivo, practicaron subsecuentemente varias ceremonias a través de un largo tiempo que culmina con la ofrenda masiva de esculturas labradas en madera acompañadas de diversos elementos entre los que se encuentran las 12 pelotas de hule.

En el cerro, y de acuerdo con la información de los investigadores, se  descubrieron tres fases de ofrendamiento, en las cuales las pelotas fueron una constante. De la primera fase, fechada mediante el carbono 14 en el año 1600 a. C., se rescataron dos bolas asociadas con ofrendas de hachas.

En la segunda fase, alrededor de 1500 a.C., también se localizaron tres bolas, las cuales se encontraron alineadas hacia el noreste, éstas al igual que las de la primera fase tienen un diámetro que oscila entre ocho y 15 cm.

De la última fase, aproximadamente en el 1200 a.C, se hallaron un conjunto de dos pelotas, que estaban acompañadas por dos bastones de mando, estas bolas tienen un diámetro de 25 centímetros.

Para los arqueólogos este hallazgo demuestra la importancia ritual del juego de pelota, el cual se mantuvo hasta la última fase de las ofrendas. El cambio de tamaño en las bolas, explican los expertos, puede indicar cambios en la forma del juego.

Los campesinos que tuvieron el primer encuentro con estos altares, localizaron por lo menos cinco más, por lo que en total en El Manatí, se rescataron 12 bolas, lo que indica la relevancia de esta ceremonia para los Olmecas.

Pese a que las pelotas se encontraron en muy buen estado de conservación, su preservación ha sido difícil porque no se ha descubierto el proceso para evitar su degradación. No obstante, los especialistas del Centro INAH-Veracruz trabajan en la investigación de métodos para poder conservar estos ejemplares, únicos en el mundo, pues son de gran aporte informativo para entender más sobre la cultura Olmeca, llamada también cultura madre.





Tahtli, el padre

17 06 2010

El señor de nuestra carne, nuestro padre primigenio

Tonacatecuhtli, códice Borgia

Tahtli

.

Es la palabra nahuatl para Padre.

El padre del padre es Tatatl, el abuelo.

Hasta hace algunos años aun se escuchaba decir a los mayores estas palabras para referirse a el autor de sus días.

Francisco Goitia pintó en Xochimilco un cuadro que le valió el premio de la bienal de pintura en Francia  con un cuadro Titulado “Tata Cristo”, padre de padres.

El día del padre en nahuatl se escribe así: tahtonalli o si se quiere para el abuelo tatatonalli.

En la mitología prehispánica el padre de los seres humanos, el Adán mesoamericano se llamaba Tonacatecuhtli, el señor de nuestra carne, su dualidad, su Eva, era Tonacacihuatl.

Cuando los europeos llegaron a tierras americanas se pensó, por parte de los aborígenes, que estos seres habían llegado del lugar de donde procedían los padres de los hombres americanos desde hacia mucho tiempo. Por eso a los sacerdotes se les asoció a los padres o “Tatas” de ahí que a Tata Vasco se le hubiera quedado ese apelativo. Hoy en día a los sacerdotes católicos se les llama: padres. Y a las monjas: madres.





Los frijoles cuatatapas.

1 04 2010
frijoles cuatatapas

frijoles cuatatapas

 

Los frijoles cuatatapas.

En la región de Xochimilco existe un platillo regional llamado: frijoles cuatatapas.

El platillo en cuestión esta elaborado a base de frijoles quebrados aderezados con la tuna xoconochtli, nopales y epazotl.

Esta comida, de consistencia espesa, era típica de los pueblos de la montaña aledaños al centro de Xochimilco.

Los pobladores de esta región se dividían en barrios y pueblos y cada uno de ellos tenían su apodo. Por ejemplo: quienes vivían en todo Xochimilco se les llamaba carpas, los que vivían en el barrio de San Juan se les llamaba borregos y a los que vivían en San Lucas Xochimanca se les llamaban Cuatatapas.

Los pobladores de las chinampas sembraban frijoles, etl en nahuatl, a los pies de los ahuejotes pues de esa manera las guías de esta leguminosa se enredaban en el tronco de este árbol y podían crecer abundantemente. Las vainas tiernas son los ejotes, exotl en nahuatl, que pasado el tiempo y ya secas estaban listas para extraer las semillas de frijol.

La manera mas fácil de sacar las semillas de esta leguminosa era aplastarlas con los pies en un terreno plano y después escoger los frijoles. Al aplastar las vainas secas algunos frijoles se quebraban y muy probablemente estos eran los que se usaban para hacer los frijoles cuatatapas. Nada se perdía, todos los frijoles se comían.

Estos frijoles quebrados se consumían en toda la región de Xochimilco y pueden ser adquiridos aun hoy en día en su mercado local.

El frijol en el México prehispánico.

La palabra nahuatl para el frijol es etl.

Eran tan apreciados que con ellos se preparaba una comida ritual llamada etzalli. Se dice que estaba hecha a base de maíz y frijol, una especie de tamales de frijol. En el calendario agrícola a esta comida estaba dedicada la sexta veintena llamada etzalcualiztli, que quiere decir “el tiempo de comer etzalli”.

El frijol, empaquetado o encostalado, es tan pesado que en nahuatl el adjetivo pesado se dice etik.

En Oaxaca existe una población llamada Etla, vocablo nahuatl que corresponde al lugar en donde abundan los frijoles.

De última noticia se investiga un frijol que ayudaría a combatir el cancer.

vean esto:

http://www.eluniversal.com.mx/notas/642498.html





El año agrícola. 11 de marzo

10 03 2010
 

El Sol al atardecer ocultándose detrás del ajusco el 11 de marzo, visto desde el Teuhtli. (foto: Raúl González Cortés)

El Sol al atardecer ocultándose detrás del ajusco el 11 de marzo, visto desde el Teuhtli. (foto: Raúl González Cortés)

El año agrícola. 11 de marzo

El fraile Diego Durán escribió en sus crónicas durante el siglo XVI que los mexicanos tenían al primero de marzo como la fecha de inicio del año de 365 días.

La fecha de inicio del año difiere de otro fraile, Bernardino de Sahagún, que vivió y escribió en la misma época acerca del mismo punto. Este último dejó escrito que el año agrícola iniciaba el 2 de febrero.

La contradicción entre estas dos fechas es tema de acalorados debates entre especialistas. Ahora bien, si se considera al Primero de marzo como inicio del año, actualmente esta fecha corresponde al 11 de marzo debido a la corrección de diez días que hiciera el papa Gregorio XIII a fines del siglo XVI.

Siendo así me dí a la tarea de buscar algunos elementos astronómicos que sustentaran esta posibilidad. Observé junto con mi amigo, Jorge Fernando Robles originario de la demarcación de Milpa Alta, estando en el cerro Teuhtli,  que el Sol se ocultaba por el Ajusco justo en esa fecha. El cerro Teuhtli es también llamado Malacachtepec, el cerro del malacate, por su parecido con este adminículo utilizado en la época prehispánica como huso para hilar. Asimismo Malacachtepec es una palabra compuesta por dos raíces: malacachtiliztli y tepec, la primera es el verbo girar y la segunda cerro o montaña. La palabra malacachtiliztli me recuerda aquellos años en que niños solíamos divertirnos los adultos dándonos vueltas tomándonos de las manos. A este juego mareador le llamábamos “malacachún”.





Cihuatl , la mujer

9 03 2010

Cihuatl , la mujer

La mujer en el mundo prehispánico tuvo una gran presencia.

Su importancia la tenía desde el mundo de los dioses hasta el mundo real. En el cielo, en la tierra y hasta en el inframundo, la mujer ha estado siempre presente.

Cihuatl es el vocablo nahuatl para la mujer en términos genéricos. Una mujer pequeña o niña se dice cihuapilli, una joven mujer telpochtli, la mujer madura cihuatl, la madre nantli, la abuela ziztli y lamatl.

La  Mictlancihuatl o mujer de la región de los muertos, era quien moraba en el inframundo. Tonacacihuatl era la deidad femenina del cuerpo humano, de los seres vivos que moran en la tierra. Y en el cielo habitaban las cihuateteo, deidades femeninas asociadas a las estrellas.

Como una de los grandes númenes del panteón prehispánico tenemos a la Cihuacoatl, la serpiente femenina. Era la madre de todos los dioses, la Teonantzin o Tonantzin transformada en Guadalupe durante el periodo del sincretismo religioso. Su Templo al parecer estaba en el centro de Xochimilco en donde actualmente esta el templo católico de San Bernardino de Siena. Detrás de este templo se puede observar a una mujer montaña, mujer volcán, llamada Iztaccihuatl, mujer blanca o mujer de hielo. Dormida “al calor de algunos grados bajo cero”, bajo las heladas nieves, sueña con despertar algún día y nombrarse a si misma Mictlancihuatl. Aquel volcán también es la Cihuacoatl, volcán apagado rodeado de ríos y caminos serpentinos. Son sus faldas, razón por la cual esta asociada al monolito de nombre Coatlicue, la de las faldas de serpientes advocación de Chalchiuhtlicue, la esposa de TlalocPopocatepetl, la de las faldas color turquesa refiriéndose a los ríos y a sus guijarros o piedras preciosas que van arrastrando por sus cauces. Por último Iztaccihuatl es también Chantico, la deidad femenina que cuida el fuego del hogar, su bracero es el Popocatepetl.

La mujer tenía su punto cardinal: cihuatlampa y era el poniente. En las costas de Jalisco en el pacífico mexicano, al poniente del centro de México, existe una población llamada Cihuatlan cuyo significado alude a la abundancia de mujeres, sería acaso la inspiración de aquella canción titulada ¿la cosecha de mujeres?

Paradójicamente en Veracruz, al oriente del centro de México también existe una población asociada a la mujer y es Sihuapan que en buen nahuatl debiera escribirse Cihuapan. Su significado es: río de mujeres, de peteneras, de sirenas jarochas.