Los inicios del año prehispánico y los días dedicados a los marcadores de los años.

12 10 2019

Una singular manera de contar los días en el México prehispánico.

EL INICIO DE LOS DÍAS

Tienen su origen en los amaneceres

El Sol al amanecer surgiendo del cerro Papayo, a los 260 días del solsticio de invierno.

El Sol al amanecer surgiendo del cerro Papayo visto desde el cerro de Xochitepec, Xochimilco

 

Cuando despertamos de nuestros sueños, después de estar activos todo un día y descansar durante la noche, podemos decir: ha llegado un nuevo día, el cuerpo se levanta y el ánimo regresa a nosotros. Esta sensación de comenzar con ánimo es consecuencia de un ciclo o ritmo llamado circadiano, que domina nuestro cuerpo ordenándole descanso durante los momentos nocturnos. Toda la humanidad está regida por este ciclo, un fenómeno que es inherente a los seres humanos y que consiste en dejar descansar al organismo humano durante la noche para restablecer sus funciones correctamente. Si no se atiende a este ciclo natural su puede alterar la salud física y psicológica de una persona.

ciclo-circadiano

La palabra “circadiano” es un vocablo que proviene del latín de donde “circa” significa alrededor mientras que “dies” es el día, alrededor del día.

En el 2017 Jeffrey C. Hall, Michael Rosbash y Michael W. Young fueron galardonados con el premio Nobel de medicina, al haber descubierto los mecanismos moleculares que regulan al ritmo circadiano. Estos científicos afirman que antes que la atmosfera de la Tierra tuviera su composición actual los ciclos de la oscuridad y la luz tuvieron un impacto en la vida en la Tierra. Nuestro reloj interno está asociado y está en sintonía con el movimiento de rotación de la Tierra, con los momentos de oscuridad y luz.

El ritmo circadiano en el antiguo México prehispánico.

Desde la antigüedad se le ha dado un significado a la noche y al día. La noche era representada por un medio círculo oscuro, su nombre era YOHUALLI, con puntos claros en su interior y los símbolos de las estrellas “los ojos de la noche”. El día a su vez era dibujado como un medio círculo con los rayos característicos del Sol, a este periodo diurno se le llamaba TLANEZTLI. Los dos semicírculos unidos formaban un círculo al que se le denominaba TONALLI.

codice borbónico

La noche y el día, Códice Borbónico, Yohualli y Tlanezi, los dos juntos hacen al Tonalli.

Llama la atención que al sueño que se produce durante la noche se le denomine en náhuatl Temiquiztli, palabra asociada a la muerte, miquiztli. Y esto es así porque en la noche es como su tuviéramos una experiencia parecida a la muerte, para que al despertar en el día tuviéramos la sensación de volver a vivir, conscientemente. La noche repara el trabajo realizado durante el día y el cuerpo a través de la función del ritmo circadiano manda al cuerpo a descansar. Se deduce que cuando llega el Sol al amanecer la actividad humana retoma su curso. El amanecer como inicio del día completo es una constante en el mundo entero antiguo y en el periodo prehispánico no fue diferente.

De acuerdo a las fuentes del siglo XVI hay varias referencia que apuntan a que el día comenzaba al amanecer, unas son directas o literales y otras no requieren de mucha interpretación para deducir que los días los iniciaban al amanecer.

Sin título-1

En esta carta se lee: “Y dicen que el año comienza precisamente cuando sale el sol” o lo que es lo mismo al AMANECER.

Sin título-1 copia

En este texto se puede leer como dividían en cuatro partes el día.

duran años carrizo

Aquí se puede interpretar que los días comenzaban al amanecer pues los años carrizo estaban dedicados al oriente, por donde sale el Sol. Los años comenzaban en el símbolo carrizo para los Toltecas.

años amanecer acatl

De nuevo el oriente asociado a los años caña o carrizo, hacia la lumbre o al Sol.

años acatl amanecer

Los años ume acatl, dos carrizo asociados al oriente, al amanecer, son los marcadores en donde comenzaban los nombres de los inicios de las ruedas de 52 años

Sin embargo en las mismas fuentes a veces se puede interpretar que los días comenzaban a la medianoche pues palabras más o palabras menos se escribe que los fuegos nuevos comenzaban al anochecer, cuando las siete cabrillas también llamadas las pléyades hacían su aparición en lo alto del cielo nocturno durante el nadir. En este punto hay que hacer dos observaciones interesantes que echan por tierra esa posibilidad de que los antiguos comenzaban su cómputo de los días al anochecer.

v4-728px-Find-the-Pleiades-Star-Cluster-Step-1-Version-2

Las siete cabrillas o Pleyades

Primera: Hay que saber que en la astronomía básica y elemental sin telescopio, los seres humanos pueden ver todo el universo a lo largo de un año, bueno todo lo que el ojo pueda ver. La Tierra gira alrededor de su eje y durante las noches podemos ver las estrellas y astros que están colocados en la parte posterior a la parte iluminada del planeta. Cuando damos media vuelta alrededor del Sol podemos ver la otra mitad del universo durante la noche. Una observación muy particular la hacemos cuando suceden los eclipses totales de Sol. En estos momentos de oscuridad total podemos ver la parte del universo que veríamos medio año después y que vimos medio año antes. A la noche posterior al eclipse vemos la otra mitad del universo que corresponde al lado contrario de la Tierra iluminada.

En el cielo nocturno existe una constelación llamada las pléyades, es un conjunto de más de siete conglomerados luminosos, estrellas, A “ojo pelón” solo se ven siete con una buena vista y con binoculares son mejor observadas. Este conjunto de estrellas forman una espiral y se dice que los antiguos mexicanos observaban su paso cada que comenzaba un fuego nuevo. Suena bien pero hay un problema. Los fuegos nuevos eran periodos de 52 veces 365 días y ese detalle hace que los fuegos nuevos comienzan en diferente fecha astronómica solar de manera que al cabo de aproximadamente medio año las pléyades que una vez fueron observadas al principio de un ciclo de 1508 años ya no se podían ver pues estaban justo atrás del cielo nocturno. Para la época en la cual habían llegado los europeos a América y preguntaban a los autóctonos mesoamericanos ¿Cuándo iniciaban sus fuegos nuevos? Ellos respondían que tenían que esperar cuando las pléyades estaban en el cielo nocturno, el nadir.

Xonecuilli-o-baston-del-dios-Quetzalcoatl-en-los-petrograbados-de-Cuahilama

En este petrograbado se observa la constelación de las pléyades en el xonecuilli. Siete puntos al interior de la espiral. Además está el símbolo de los 4 tlalpilli de 13 años cada uno, que hacen un total de 52 años. El grabado se localiza en Cuahilama, Santa Cruz Acalpixca en Xochimilco.

Los historiadores tomando este dato como cierto y han creído que siempre fue así pero van en contra del principio de realidad. Si las pléyades en el siglo XVI estaban o se aparecían en el cielo nocturno durante el inicio de una serie de 52 años de 365 días era porque se acercaban al final de un ciclo de 1508 años cuando el año trópico coincidía con el año civil, que era el que llevaban los antiguos mexicanos. A finales del siglo XVI se reformó el calendario juliano y llegó el gregoriano, este último hizo que las estaciones ya no se movieran tanto y actualmente tenemos una visión “congelada” de los cielos como estaban a finales del siglo XVI. Por eso tenemos otra confusión entre quienes desean saber en qué momento comenzaban los años y los fuegos nuevos porque  consideran que los años comenzaban cuando las pléyades estaban en el nadir y se concluye que los años iniciaban durante el solsticio de invierno que es la fecha cuando estas estrellas se colocan arriba de nuestras cabezas. De aquí surge otra interpretación a los inicios de los años pues como es sabido los Toltecas tenían la costumbre de nombrar al año 80 días después de haber iniciado, era su marcador. Si ubicamos al inicio del año como al 12 de diciembre de 1531, fecha importante en el estudio de los calendarios por parte de Lorenzo de Boturini,  tenemos que el 1 de marzo es la fecha correlacionada para el marcador del año y en consecuencia se asume que era el inicio del año. Actualmente se ha considerado el movimiento de los días que realizo Gregorio XIII y se ha ajustado esa fecha al 11 de marzo. Confusión tras confusión y se ha llegado a esto. Y aún hay más porque el dato del 1 de marzo como inicio del año es tomado del Fraile Diego Durán mientras que otro fraile igual de importante en esto de las fuentes del siglo XVI Fray Bernardino de Sahagún escribiría que el 2 de febrero iniciaba el año antiguo de México. Mecánicamente se ha tomado ese dato sin considerar que como dije antes los años civiles iban retrocediendo conforme pasaba el tiempo. Igualmente se hace una corrección gregoriana al 2 de febrero y se obtiene el 12 de febrero. Esto es correcto pero solo para la fecha que se obtuvo como registro del siglo XVI porque haciendo los cálculos pertinentes, se puede llegar que la fecha a la cual se refería Sahagún era el 2 de febrero de 1559, inicio de un nuevo ciclo de 365 días. El día fue 12 carrizo y su marcador a los ochenta días el 2-carrizo, el 23 de abril de 1559. Siguiendo esta secuencia se obtiene que el día 21 de octubre del 2026 va a dar inicio un nuevo ciclo de 52 años y su marcador caerá el 9 de enero del siguiente año o sea del 2017.

marcador 2-carrizo

Símbolo del marcador del año 2-carrizo

Segunda: Los días no empezaban a la medianoche porque los antiguos mexicanos preparaban la llegada del nuevo ciclo de 52 años durante la noche con fastuosos fuegos, pero estos tenían la función de que el Sol volviera a surgir por el oriente durante el amanecer. Los rituales del fuego nuevo eran prácticas propiciatorias para que el sol no se apagara. Llegado el amanecer era el tiempo de renovación y del inicio de un nuevo ciclo de 52 años.

LOS MARCADORES DE LOS AÑOS

Tienen su origen en el paso cenital y se medían al mediodía

El antiguo calendario de México está basado en la concordancia del año civil y el año trópico. Esta concordancia da como resultado un total de 1508 años agrupados en 29 series de 52 años.

Cada año de un periodo de 52 de ellos comenzaba al amanecer del primer día pero los Toltecas tenían la costumbre de nombrar a los años con la fecha numérico simbólica que ocurría a los 80 días después de su inicio. El primer año de un xiuhmolpilli, secuencia de 52 años, comenzaba en un día 13-carrizo y sui marcador a los 80 días el 2-carrizo.

En el libro que escribí “1508, los fuegos del tiempo” argumento que los marcadores de los años tiene su origen en un congreso calendárico ocurrido en Egipto y al cual debieron haber estado seres de este continente entre ellos los Toltecas.

DSCF3382

Este libro es parte del original que se llama 1508, los fuegos del tiempo.

El congreso ocurrido en Egipto tuvo como anfitrión a Julio Cesar y Cleopatra. Sosígenes, un astrónomo egipcio quien le sugirió a Julio Cesar reestructurar el calendario Romano y sugiriéndole aumentar a 445 días la cuenta de sus días además de usar el día bisiesto. Julio Cesar lo aceptó pero los Toltecas solo tomaron al pie de la letra la primera parte y a lo del bisiesto no le hicieron tanto caso pues siguieron llevando sus años de 365 días. Siendo así el calendario mesoamericano también agregó esos 445 días que corresponden a una suma de 365 días más 80 días. El nuevo ciclo de 1508 años comenzó para los Toltecas el 27 de febrero del año anterior a la era cristiana. De manera que el día 10 de diciembre del año 3 anterior a la era cristiana que era la fecha Tolteca 10 conejo fue el día en el cual se reformó el calendario mesoamericano a sugerencia de Sosígenes. Los antiguos mexicanos no movieron en ningún momento la serie del tonalpohualli ni quitaron ni pusieron días, solo llevaron 445 días después del 10 conejo a la fecha 13 carrizo, o dicho de otra manera, esperaron a que sucedieran los 445 días y llegaron al día 13 carrizo como el marcador del año. Del 10 conejo al 13 carrizo hay 260 días más 185 días, 445 días.

El 13 carrizo fue entonces el inicio del nuevo ciclo de 1508 años cuando este inicio muy probablemente se debió haber dado el 10 de diciembre del año 3 antes de Cristo.

Siendo así la estructura de los 1508 años quedó así:

Inicio del año: 13 carrizo, 27 de febrero del año anterior a la era cristiana.

Marcador del año: 2 carrizo,  17 de mayo del año anterior a la era cristiana.

Aquí lo interesante es que el 17 de mayo de esa época correspondió al paso cenital por el paralelo en donde está ubicado el Valle de México.

Los antiguos mexicanos estaban muy atentos al paso cenital por donde se habían ubicado los Toltecas y siglos después los pueblos Toltecas Chichimecas.

La observación de los pasos cenitales fue una herramienta para medir exactamente la duración de los años de manera que al concluir los 1508 años y solo en ese momento se debía de observar un paso cenital que coincidía con la fecha de inicio de este gran ciclo, es decir que para el día 2-carrizo de una nueva serie de 1508 años se debió haber visto un paso cenital y esto ocurrió el 6 de mayo de 1507, día 2-carrizo marcador del año de un nuevo periodo de 1508 años.

Es sabido que los egipcios le daban mucha importancia a los pasos cenitales de forma que hacían enormes agujas de piedra llamadas obeliscos. La función de estas construcciones verticales era precisamente medir los años a partir de los pasos cenitales. Lo que es realmente sorprendente es que el paso cenital observado en el inicio de las series de 1508 años estaba asociado a los pasos cenitales que se daban en el paralelo del Valle de México. Para los egipcios al parecer era muy importante este paralelo. La referencia más cercana a esta línea imaginaria es La Meca, que tuvo importancia ya pasados 622 años, la era de Mahoma, después del inicio del gran ciclo de 1508 años.

SURGE UNA NUEVA SERIE DE 1508 años.

El uso de un calendario que iniciaba en un día con el nombre de otro día debió haber causado cierta confusión y una manera de eliminar la confusión fue fusionar los dos conceptos: el inicio del año con el marcador del año.

Los Toltecas lo arreglaron así: El ciclo original de 1508 años comenzaba en el día 13 carrizo y con su marcador 2-carrizo. Esperaron el tiempo en el que el marcador del año fuera 13-carrizo y a partir de ese día marcador lo hicieron inicio del año. Fue algo genial a mi parecer pues ya no había confusión en relación al nombre del año y al inicio del año. Esto sucedió un 11 de mayo del año 24. En esta fecha juliana se dio el día 13 carrizo que era el marcador del año que comenzaba el 21 de febrero del año 24 en la fecha 11 carrizo.

!3-carrizo. Símbolo ubicado en la parte superior de la piedra del Sol.

13-carrizo. Símbolo ubicado en la parte superior de la piedra del Sol. Corresponde al día 11 de mayo del año 24 D.C. 1508 años después se repite este símbolo en el día 30 de abril de 1531

Esta nueva serie de 1508 años tuvo repercusiones en la vida de los pueblos que construyeron la antigua ciudad de México Tenochtitlan, en el mito Guadalupano durante el periodo de transición de la implantación del catolicismo, en la reforma gregoriana y en la fecha exacta cuando se “descubrió” la piedra del Sol con el Trece Carrizo inscrito en la parte superior de esta escultura.

3

En el códice mendocino se aprecia un ciclo de 52 años que no inicia en el día trece-carrizo sino en el 1-pedernal. Sin embargo los aztecas sabían y así lo dejaron señalado que el fuego nuevo ocurría en el año 2-carrizo. La serie de los 1508 años que inician en el año 24 está asociado a la secuencia de las ruedas del tiempo que marcaron la fundación de México Tenochtitlan.

A continuación un análisis con la línea del tiempo de este ciclo de 1508 años que empezó en el año 24 con el marcador 13 carrizo.

 





El mito de la virgen de Guadalupe y su relación con la Reforma Gregoriana.

7 05 2018

 

El mito de la virgen de Guadalupe

Virgen de Guadalupe. Imagen tomada del libro "Felicidad de México" Escrito por Fausto Zerón-Medina

Diez años después de la derrota militar de los aztecas y la destrucción de la Gran Tenochtitlan por parte de los españoles, el recién sometido pueblo por el reino de Castilla estaba desamparado y su identidad semidestruida y descalificada. Por esas épocas un hombre indígena de edad madura, cuyo nombre original era Cuautlatohuac[1] o Cuatlatoatzin, quien durante la evangelización fue bautizado con el nombre de Juan Diego, sería el portador de un fantástico relato: la aparición milagrosa en el cerro del Tepeyac de la virgen María de Guadalupe.

La fecha clave de aquel suceso fue la mañana del 12 de diciembre de 1531, cuando la virgen le ordenó a Juan Diego la construcción de una ermita para que fuera el símbolo que diera término a tanto dolor infligido a sus hermanos indígenas debio a la guerra de dominación.

La imagen de la virgen de Guadalupe, estampada en la tilma de Juan Diego, fue considerada la “Felicidad de México”, porque ella representa el fin de la conquista militar y, a su vez, el inicio de la conquista espiritual de nuestro pueblo.

Desde mi punto de vista, la argumentación que Juan Diego debió de haber utilizado para ayudar a preparar a su pueblo espiritualmente al proceso de evangelización estuvo basada en el conocimiento de la cosmovisión europea que había sido adquirido recientemente por los indígenas. Considero que conocer la manera de ver e interpretar el mundo de la cultura occidental fue un elemento indispensable para posteriormente introducir en el mismo la ciencia del tonalpohualli.

El propósito del nuevo discurso religioso adoptado por los mexicanos de entonces era detener las matanzas que los conquistadores estaban cometiendo contra la población autóctona, con la justificación de que los indígenas eran seres sin alma. Es muy probable que los autores de esta epopeya que significó implantar un nuevo discurso religioso hayan sido, además de los indios de México, algunos frailes españoles que se habían dado cuenta de que el conocimiento astronómico de los indígenas podía ser de utilidad para los conquistadores.

Quizá nunca sepamos con certeza el contenido exacto de aquellos “dulcísimos coloquios”[2] que la virgen entabló con Juan Diego para convencerlo de tan compleja misión, pero lo que sí queda claro es que la mañana de aquel 12 de diciembre de 1531 marcaría para la historia de México un antes y un después.

En lo social este acontecimiento selló magistralmente el inicio de la nueva cultura: la mestiza, mezcla profunda de sangre indígena y española. De manera consciente y asumida por las dos partes en conflicto, el proceso de evangelización devino en sincretismo religioso. Así es, el mito Guadalupano fue el vehículo portador de los dos grandes cultos religiosos, uno de origen prehispánico y otro de origen europeo, el primero dedicado a la madre tierra, Tonantzin, y el segundo a la madre de Cristo, la virgen María.

Sin embargo, más allá de las implicaciones sociales que este mito desencadenó en su momento, en la fecha 12 de diciembre de 1531 se encuentra cifrado un acontecimiento de características astronómicas altamente significativas ligadas a los fuegos nuevos aztecas y al cómputo matemático de la revolución sinódica de Venus (RSV), que coincidía en esa ocasión con un solsticio de invierno.

Así mismo, este hecho estuvo conectado también a la fundación de la ciudad de México-Tenochtitlan, y a la Reforma gregoriana.

Los indios, tratando de salvarse a sí mismos de la barbarie de la guerra, en un acto desesperado tiraron su carta más preciada: la ciencia de la astronomía prehispánica a través de la cuenta de los días, del tonalpohualli, que tendría al mito Guadalupano como el vehículo portador de la secuencia de los fuegos nuevos. ¡Qué creatividad de aquellos seres que pudieron realizar el milagro de penetrar en lo más profundo del rito católico, para que a través de este procedimiento, dar continuidad al calendario sagrado de los antiguos mexicanos!

La otra parte de la actuación correspondió a los frailes que no estaban de acuerdo en que a los indios se les tratara como animales, en particular a la orden de los franciscanos. La Bula Sublimis Deus, promulgada por el papa Paulo III, y promovida por el primer obispo de Tlaxcala, fray Julian Garces,[3] fue el reconocimiento, por parte de la jerarquía católica, de que los indios poseían alma y razón.

Ya iniciados los indígenas en la evangelización, la virgen aparecida sería la misma madre de Cristo, María, bajo el nombre de Guadalupe. Una imagen que los conquistadores, en especial Hernán Cortés, veneraban ya en Extremadura, al otro lado del continente americano.

Esta virgen ordenaría a Juan Diego llevar el mensaje a los frailes de levantar una ermita en el cerro del Tepeyac, para que fuera el lugar de culto de los indígenas en proceso de evangelización. Dicha ermita se construyó y con ello se cerró un capítulo más de la gran hazaña del pueblo mexicano por conservar su identidad cultural, a pesar de la intervención militar de los españoles.

Hasta aquí una escueta síntesis del relato, pues las crónicas detallan más acontecimientos y anécdotas, donde se destacan otras apariciones que ocurrieron antes de la más relevante, que fue el 12 de diciembre.

 

Guadalupe. Según los lingüistas contemporáneos, Guadalupe es un vocablo que viene del idioma árabe y significa “río de lobos”.

Una virgen con ese nombre al parecer era venerada por los andaluces de Extremadura, en España. Hernán Cortés, el militar que derrotó al imperio azteca, tenía a esta virgen como su principal protectora, de manera que la Guadalupe mexicana pudo haber estado relacionada en sus orígenes con esa imagen española.

Iconográficamente la virgen de Extremadura y su imagen homóloga mexicana ciertamente se parecen, sin embargo, algunas sutiles diferencias demuestran que no son exactamente iguales. La de España es negra, y la de México, morena; la virgen peninsular no tiene el manto de estrellas, que sí lo tiene la virgen americana; y, por último, aquélla carga al niño Jesús en sus brazos, y en la imagen muestra al niño a los pies de la virgen.

Sin embargo, atendiendo a su etimología de origen náhuatl, Guadalupe fue una manera de castellanizar la palabra original Cuauhtlaluhquetl.

Se han presentado varias ideas para equiparar el vocablo Guadalupe al idioma náhuatl, y en ese sentido propongo que es una transformación de la palabra cuauhtlaluhquetl. El sonido de varias letras y combinación de consonantes sufrieron alteraciones: la letra c devino en g; la u que antecede a la primera h desapareció; tl derivó en d; y, por último, la qu se convirtió en p. Como consecuencia de estos cambios de sonidos se produjo la palabra española Guadalupe.

La palabra náhuatl cuauhtlaluhquetl está compuesta por dos elementos morfológicos significativos: cuauh y tlaluhquetl.[4] La primera palabra significa águila, y la segunda, los ayudantes de Tlaloc. El águila era la quinta ave de la trecena del tonalpohualli, y los ayudantes de Tlaloc son el símbolo de la lluvia; por lo tanto, se trata del día prehispánico 5-lluvia, combinación numérico-simbólica que comenzaba al amanecer del 12 de diciembre de 1531.

Vista inferior del monolito de la Coatlicue

Este es el grabado esculpido en la parte inferior de la Coatlicue. Es el Tlaloc de la Tierra con el Tianquiztli, el número cinco. La imagen dice un día 5-lluvia.

El relato de la aparición Guadalupana es una metáfora de un amanecer visto desde el Tepeyac, hacia el oriente mirando al volcán Iztaccihuatl, la mujer blanca que se muestra morena durante el amanecer, que ante la deslumbrante luz del Sol que se encuentra por detrás lanza sus rayos diluyendo poco a poco su manto de estrellas.

El 12 de diciembre de 1531 es una fecha asociada a los fuegos nuevos y forma parte del inicio de la segunda de las 117 series de 160 días que conforman un periodo de 18720 días, a los cuales hay que sumarles 260 días para completar un ciclo de 52 veces 365 días.

Estos periodos de 52 años comenzaban en la fecha prehispánica 1-lluvia, y proceden de un cálculo de 1508 años que dieron inicio el 16 de julio del año 24 d.C.

 

“El relato de la aparición Guadalupana es una metáfora de un amanecer visto desde el Tepeyac, hacia el oriente mirando al volcán Iztaccihuatl, la mujer blanca que se muestra morena durante el amanecer, que ante la deslumbrante luz del Sol que se encuentra por detrás lanza sus rayos diluyendo poco a poco su manto de estrellas.

El 12 de diciembre de 1531 es una fecha asociada a los fuegos nuevos y forma parte del inicio de la segunda de las 117 series de 160 días que conforman un periodo de 18720 días, a los cuales hay que sumarles 260 días para completar un ciclo de 52 veces 365 días.

Estos periodos de 52 años comenzaban en la fecha prehispánica 1-lluvia, y proceden de un cálculo de 1508 años que dieron inicio el 16 de julio del año 24 d.C. ” . Lo anterior entre comillas es un extracto de mi libro: “1508, los fuegos del tiempo”

La revelación de esta realidad astronómica ayudaría a los indígenas a demostrar que no eran “seres sin alma”, como lo promovía la iglesia Católica, sino seres poseedores de un vasto conocimiento de la astronomía, ciencia que se ocupaba de sistematizar el movimiento de los astros del cielo y en la que estaban muy interesados los astrónomos europeos del siglo XVI.

En concreto, lo que los indígenas americanos conocían era el tiempo que duraba una RSV. Nuestros antepasados sabían que dicha RSV estaba asociada a los periodos de intensa lluvia, y por esta razón la principal deidad de la lluvia, Tlaloc, estaba ligado a los movimientos coordinados de Venus con la Tierra.

En conclusión, la virgen de Guadalupe, o Tonantzin, “Nuestra Madrecita”, como los indígenas nahuas aún le siguen llamando, constituyó la génesis de la nueva identidad del mexicano, y en su tiempo el bello relato de la aparición fue la salvación para nuestro pueblo y el punto de encuentro entre dos grandes culturas, la europea y la americana.

 

Juan Diego. Su nombre original fue Cuahtlatoatzin, que significa águila que habla, la aguilita que habla o la venerable águila que habla. Su nombre se debe a que provenía del señorío de Cuauhtitlan, lugar de águilas.[5] Allí nació en el año 1474, y murió en 1548 en el cerro Tepeyac, donde tuvo la visión guadalupana.

Las recientes investigaciones acerca de su origen apuntan que Juan Diego no era un simple macehual, sino una persona cuya ascendencia provenía de la nobleza prehispánica.

El hecho de haber marcado para la historia una fecha significativa como el 12 de diciembre de 1531 revela que Juan Diego era en realidad un tonalpohuahquetl, aquellas personas que llevaban la cuenta de los días con fines astronómicos.

Su primer nombre, Juan, puede deberse a que los frailes españoles bautizaban a los recién convertidos a la fe cristiana con este apelativo. Pero Juan estuvo asociado al santo equiparado sincréticamente a Tlaloc, la deidad prehispánica de la lluvia y del tiempo.

La guerra de la conquista hizo que muchos de los sabios prehispánicos huyeran de Tenochtitlan, algunos de ellos ya no podían lucir sus mejores atuendos, sino vestían como lo haría cualquier persona humilde del mundo azteca. A la vista de los recién llegados españoles, Juan Diego no era sino una persona pobre, o como los indígenas decían, un macehual.

Juan Diego fue el personaje encargado de concretar la continuidad de los ritos prehispánicos, mediante el artilugio de mimetizarlos bajo el culto de la nueva religión Católica. En este sentido, el mito Guadalupano es uno de los más interesantes fenómenos sociales que fundamentaron el proceso de sincretismo religioso entre los pueblos de América.

Destruida la ciudad de México-Tenochtitlan, e iniciada la edificación de la ciudad colonial de la Nueva España, con sus palacios e iglesias, los indígenas ya no podían seguir construyendo sus antiguos templos, pirámides o basamentos donde ritualizaban los ciclos astronómicos.

Para el año 1531 se debía erigir una nueva obra de tipo prehispánico para conmemorar el nuevo ciclo de 52 años. Hay relatos que hablan de la existencia de tres pequeñas ermitas[6] levantadas en este periodo, pero no ha sido posible hallar sus vestigios arqueológicos. El canónigo Luis T. Montes de Oca logró reunir información al respecto y propuso que Juan Diego habitó al lado de estas ermitas y permaneció allí hasta su muerte, viviendo en este lugar literalmente como un ermitaño.

Imaginémonos la angustia que nuestros antepasados indígenas sintieron al no poder continuar con sus ritos prehispánicos. Una nueva construcción piramidal debía edificarse por aquellos años, pero era imposible. Por eso, en su lugar se levantaron unas ermitas, y ello fue posible gracias al relato de Juan Diego. Con el paso de los siglos estas ermitas fueron la inspiración para la construcción de la antigua Basílica de Guadalupe, y el complejo que alberga a la antigua y nueva basílica es conocido hoy por todos los mexicanos como la Villa de Nuestra Señora de Guadalupe.

En algunas edificaciones que hay dentro de la villa es evidente la presencia de iconografía de tipo prehispánico, como la flor de cuatro pétalos (asociada al tonalamatl, a la veintena y al guarismo para representar al cero), la misma que se observa en la fachada de la antigua basílica.

También hay una imagen esculpida en el exterior de una de las ermitas ubicada en el cerro del Tepeyac que revela la importancia que para nuestros antepasados tenía el Sol, la Luna y una singular estrella, que no es otra más que Venus. La tríada Luna, Sol y Venus fue un símbolo recurrente grabado en las estelas de los pueblos del Mediterráneo y del Medio Oriente, desde las remotas épocas de las culturas de Mesopotamia, Persia y Egipto.

Pero algo más importante que la misma decoración prehispánica de esta ermita fue el lugar en donde se edificó el templo, el cerro del Tepeyac. En náhuatl, Tepeyac significa la nariz del cerro, metáfora lingüística que alude a la culminación de la Sierra de Guadalupe. Desde este pequeño cerro es posible ver, en todo su esplendor, el horizonte oriental del valle de México. Los volcanes Popocatepetl e Iztaccihuatl y el cerro Papayotl son perfectamente observables desde este posicionamiento. El año puede ser medido a partir de los solsticios, y la Sierra Nevada estaba implicada en esta dinámica como el marcador de los años, de los solsticios de invierno.

En consecuencia, el Tepeyac fue el posicionamiento desde el cual el indio Juan Diego realizó sus observaciones astronómicas, principalmente las salidas del Sol sobre el horizonte, las salidas de la estrella de la mañana, Venus, y la Luna.

 

El mito guadalupano y la corrección gregoriana

La fecha en la cual se puso en marcha la corrección gregoriana, el 15 de octubre de 1582, correspondió en la secuencia del tonalpohualli al día 1-lluvia y constituye el primer día del periodo de 260 días que da término a 52 años de 365 días, contados a partir del 5 de julio de 1531.

La acción de restablecer la fecha original del 21 de marzo para el equinoccio de primavera, tal y como se tenía en el Concilio de Nicea, eliminando diez días en la cuenta del calendario juliano, pudo estar inspirado en la estructuración del tiempo de los antiguos mexicanos, que consideraban periodos de 52 años al estilo azteca. Si ello fue así, significa que la cultura occidental utilizó el conocimiento astronómico de nuestros antepasados, y eso constituye, desde mi punto de vista, un “verdadero milagro” porque fue un reconocimiento implícito al saber astronómico de nuestros antepasados indígenas.

Se trató de la “felicidad de México”, como bien lo dijera a mediados del siglo XVII el matemático mexicano Luis Becerra Tanco, refiriéndose al fenómeno guadalupano. Y esta expresión tiene sentido porque la coincidencia en los datos astronómicos y cómputos calendáricos puede ser vista realmente como un encuentro cultural, de comprensión y entendimiento profundo entre la cosmovisión amerindia y la europea. Este momento especial quedó sellado precisamente con la corrección gregoriana que actualmente rige el calendario moderno utilizado en toda la faz de la Tierra.

Así mismo, el hecho de designar al fenómeno Guadalupano como la “felicidad de México” no es sólo un bello título a la obra escrita por nuestro matemático. El significado de la palabra felicidad se asocia al de jubileo, término para computar un periodo de 50 años, dentro de las cronologías de la tradición judeocristiana.

Jubileo proviene del latín jubilaeus, y este vocablo deriva de jubilum, que significa alegría muy intensa y ostensible, la felicidad. El júbilo y la felicidad son estados de ánimo favorables de los seres humanos, y por eso se puede interpretar la frase “felicidad de México” como el “jubileo de México”, idea semejante transmitida por fray Diego Durán al referirse al ciclo de 52 años de los antiguos mexicanos:

 

“estos cincuenta y dos años llamaban los naturales una edomada al cabo de los cuales hacían una solemne fiesta a lacual llamaban nexiuhilpiliztli, que quiere decir, cumplimiento o atamiento de un círculo perfecto de años, que era venirse a juntar en este círculo redondo el fin de estos 52 años con el principio de ellos, con este número perfecto de 52, y hacían la solemnidad y fiesta que he dicho a la mesma manera y modo que antiguamente los judíos en su vieja ley celebraban el año del jubileo de cincuenta en cincuenta años.”[7] (sic)

 

El ciclo de 52 años no solo fue dividido en periodos de 260 días, sino que también en periodos de 360 días. Si se hace esto se verá que 52 años de 365 días cada uno equivale a 52 periodos de 360 días, más un remanente de 260 días. En este bloque de 52 años está la razón de ser a la fecha consignada para la aparición de la Virgen de Guadalupe.

Los 52 periodos de 360 días hacen un total de 18720 días, la centésima parte del gran ciclo maya o cuenta larga que equivalía a 1872000 días.

El periodo de 18720 días puede ser seccionado en series exactas de 117 días o de 160 días. Si optamos por la segunda posibilidad podemos notar que a los 160 días después del inicio de una serie de 52 años que comenzó el 5 de julio de 1531 se llegó al 12 de diciembre de 1531, la fecha consignada para la aparición de la Virgen de Guadalupe.

 

Los ciclos de 260 días y la Reforma gregoriana

El 5 de julio de 1531 dio inicio otro nuevo ciclo de 1508 años y sus primeros 52 años volvieron a comenzar en la combinación 1-lluvia. 52 años de 365 días hacen un total de 18980 días. Equivalen a 73 periodos de 260 días que, como se sabe, eran los ciclos sagrados del llamado tonalpohualli.

Al dar inicio el último periodo de estos 73 ciclos de 260 días, el 5 de octubre de 1582 (fecha juliana), se dio el cambio al 15 de octubre, la Reforma gregoriana, un silencioso homenaje a la sistematización del tiempo en los calendarios inventados y recreados por los antiguos mexicanos.

gregoriano carta

Esquema 1. En este esquema queda explicado de manera gráfica como el calendario mexicano de 52 años de 365 días llamado Xiuhmolpilli se entrelaza con el calendario europeo para dar lugar al nuevo calendario que se usa actualmente en el mundo entero. El ciclo de 52 años civiles que va del 5 de Julio de 1531 al 1 de Julio de 1583, es un ciclo que hasta el día en que publiqué este escrito en el 2009, al parecer, aún no estaba descubierto en la literatura arqueológica. Constituye una de mis revelaciones al respecto del calendario mesoamericano.

 

111 guadalupe gregorio 24dc 1583

Esquema 2. En esta línea del tiempo se inscribe el cuadro anterior. Aquí se muestra un ciclo de 1508 años que comienza el año 24 DC. El Xiuhmolpilli que explica el mito Guadalupano y la Corrección Gregoriana es el último de 29 de ellos. Este último Xiuhmolpilli es el del esquema anterior, el esquema 1.

[1] Cuautlatohuac era el nombre original de Juan Diego, según Carlos de Sigüenza, y citado por Ramón Sánchez Flores, en su obra Juan Diego, México, Editorial Jus, 1981. Ver p. 55.

 

[2] Lorenzo Boturini y Benaducci, uno de los principales historiadores del fenómeno guadalupano, se expresó así de los diálogos que la virgen estableció con Juan Diego: los “dulcísimos coloquios”. Tomado de Juan Diego, op.cit.

[3] Ver Juan Diego, op. cit., p. 51.

[4] En nahuatl es más común el uso de la “u” que de la “o”, y los sonidos que producen estas grafías tienen en general el mismo significado. El maestro de esta lengua nativa, Eleonor Vázquez Hernández, oriundo de la sierra de Hidalgo, sostiene que el cambio en el nahuatl clásico de la “u” en “o” se debe a que los españoles al reinterpretar el idioma prehispánico usaron el mismo esquema que habían empleado para castellanizar los vocablos latinos que tienen una “u” al final de sílaba, es decir, lo cambiaron a “o”. A pesar de esta medida, muchas palabras que tienen su origen en esa lengua indígena siguen sonando como en la antigüedad, como los vocablos cempaxuchitl, cincuate, Tuxtla, Tula, etcétera.

[5] En algunos pueblos, como en Xochimilco, los habitantes de los barrios son llamados por un elemento simbólico del lugar en donde viven, y dicho elemento generalmente está relacionado con las imágenes religiosas de los templos. Así, tenemos que, por ejemplo, a los del barrio de San Juan se les llama borregos, porque San Juan carga este animal.

[6] Cfr. Las tres primeras ermitas del Tepeyac, del canónigo Luis T. Montes de Oca, citado por Ramón Sánches Flores en su obra Juan Diego, pág. 80.

[7] Mitos indígenas, op. cit., pp. 99 y 101.





Axayacatl, la máscara del Sol.

14 08 2013

Axayacatl como Tonatiuh.

Axayacatl como Tonatiuh.

Al Sol no se le puede ver, su verdadero rostro está oculto debajo de una máscara resplandeciente, de oro. Así debieron haber pensado los pueblos de la antigua Asia, Egipto y Mesoamérica.

En Japón la deidad solar está representada por Amaterasu, personificación femenina de rostro muy pálido. Actualmente quien representa teatralmente a este personaje en el ritual sintoísta lleva una máscara blanca. En Japonés mascara se dice omen: おめん, y también kamen:  仮面. El primer ideograma chino o kanji japonés se pronuncia kari仮, curiosa coincidencia a la palabra de español “cara” que sugiere rostro, máscara.

ImagenTutankamón

Tutankamón

En Egipto tenemos como referencia a la máscara mas famosa, la de Tutankamón. La máscara es de oro, resplandeciente, el rostro del Sol. Como en el japonés la palabra omen aparece como amón en egipcio, la máscara, el rostro.

En la América Andina y en Mesoamérica fue muy semejante, al sol se le representó con una máscara de oro, Inti y Tonatiuh.

En el calendario azteca la máscara del sol de agua o de lluvia, Axayacatl, está representada en el centro de este enorme monolito de 360 cms de diámetro.

Máscara de turqueza, cultura azteca.

Máscara de turqueza, cultura azteca.

Axayacatl significa en náhuatl: El de la máscara de agua. La máscara de agua es Tlaloc, el dios de la lluvia.

Amaterasu

Amaterasu

aparicion

Virgen de Guadalupe

Virgen de Guadalupe

En Mesoamérica en el cerro del Tepeyac cuyo significado es: “cerro de la máscara” se veneró a una deidad semejante a la Amatersu japonesa; la virgen de Guadalupe, surgida de un resplandor solar, El Sol visto como una deidad femenina.

Partimos de una misma raíz cultural desde hace miles de años, conozcamos el verdadero rostro de la historia y pongámonos la máscara de las verdades ancestrales.