El mito de la virgen de Guadalupe

7 05 2018

 

El mito de la virgen de Guadalupe

Virgen de Guadalupe. Imagen tomada del libro "Felicidad de México" Escrito por Fausto Zerón-Medina

Diez años después de la derrota militar de los aztecas y la destrucción de la Gran Tenochtitlan por parte de los españoles, el recién sometido pueblo por el reino de Castilla estaba desamparado y su identidad semidestruida y descalificada. Por esas épocas un hombre indígena de edad madura, cuyo nombre original era Cuautlatohuac[1] o Cuatlatoatzin, quien durante la evangelización fue bautizado con el nombre de Juan Diego, sería el portador de un fantástico relato: la aparición milagrosa en el cerro del Tepeyac de la virgen María de Guadalupe.

La fecha clave de aquel suceso fue la mañana del 12 de diciembre de 1531, cuando la virgen le ordenó a Juan Diego la construcción de una ermita para que fuera el símbolo que diera término a tanto dolor infligido a sus hermanos indígenas debio a la guerra de dominación.

La imagen de la virgen de Guadalupe, estampada en la tilma de Juan Diego, fue considerada la “Felicidad de México”, porque ella representa el fin de la conquista militar y, a su vez, el inicio de la conquista espiritual de nuestro pueblo.

Desde mi punto de vista, la argumentación que Juan Diego debió de haber utilizado para ayudar a preparar a su pueblo espiritualmente al proceso de evangelización estuvo basada en el conocimiento de la cosmovisión europea que había sido adquirido recientemente por los indígenas. Considero que conocer la manera de ver e interpretar el mundo de la cultura occidental fue un elemento indispensable para posteriormente introducir en el mismo la ciencia del tonalpohualli.

El propósito del nuevo discurso religioso adoptado por los mexicanos de entonces era detener las matanzas que los conquistadores estaban cometiendo contra la población autóctona, con la justificación de que los indígenas eran seres sin alma. Es muy probable que los autores de esta epopeya que significó implantar un nuevo discurso religioso hayan sido, además de los indios de México, algunos frailes españoles que se habían dado cuenta de que el conocimiento astronómico de los indígenas podía ser de utilidad para los conquistadores.

Quizá nunca sepamos con certeza el contenido exacto de aquellos “dulcísimos coloquios”[2] que la virgen entabló con Juan Diego para convencerlo de tan compleja misión, pero lo que sí queda claro es que la mañana de aquel 12 de diciembre de 1531 marcaría para la historia de México un antes y un después.

En lo social este acontecimiento selló magistralmente el inicio de la nueva cultura: la mestiza, mezcla profunda de sangre indígena y española. De manera consciente y asumida por las dos partes en conflicto, el proceso de evangelización devino en sincretismo religioso. Así es, el mito Guadalupano fue el vehículo portador de los dos grandes cultos religiosos, uno de origen prehispánico y otro de origen europeo, el primero dedicado a la madre tierra, Tonantzin, y el segundo a la madre de Cristo, la virgen María.

Sin embargo, más allá de las implicaciones sociales que este mito desencadenó en su momento, en la fecha 12 de diciembre de 1531 se encuentra cifrado un acontecimiento de características astronómicas altamente significativas ligadas a los fuegos nuevos aztecas y al cómputo matemático de la revolución sinódica de Venus (RSV), que coincidía en esa ocasión con un solsticio de invierno.

Así mismo, este hecho estuvo conectado también a la fundación de la ciudad de México-Tenochtitlan, y a la Reforma gregoriana.

Los indios, tratando de salvarse a sí mismos de la barbarie de la guerra, en un acto desesperado tiraron su carta más preciada: la ciencia de la astronomía prehispánica a través de la cuenta de los días, del tonalpohualli, que tendría al mito Guadalupano como el vehículo portador de la secuencia de los fuegos nuevos. ¡Qué creatividad de aquellos seres que pudieron realizar el milagro de penetrar en lo más profundo del rito católico, para que a través de este procedimiento, dar continuidad al calendario sagrado de los antiguos mexicanos!

La otra parte de la actuación correspondió a los frailes que no estaban de acuerdo en que a los indios se les tratara como animales, en particular a la orden de los franciscanos. La Bula Sublimis Deus, promulgada por el papa Paulo III, y promovida por el primer obispo de Tlaxcala, fray Julian Garces,[3] fue el reconocimiento, por parte de la jerarquía católica, de que los indios poseían alma y razón.

Ya iniciados los indígenas en la evangelización, la virgen aparecida sería la misma madre de Cristo, María, bajo el nombre de Guadalupe. Una imagen que los conquistadores, en especial Hernán Cortés, veneraban ya en Extremadura, al otro lado del continente americano.

Esta virgen ordenaría a Juan Diego llevar el mensaje a los frailes de levantar una ermita en el cerro del Tepeyac, para que fuera el lugar de culto de los indígenas en proceso de evangelización. Dicha ermita se construyó y con ello se cerró un capítulo más de la gran hazaña del pueblo mexicano por conservar su identidad cultural, a pesar de la intervención militar de los españoles.

Hasta aquí una escueta síntesis del relato, pues las crónicas detallan más acontecimientos y anécdotas, donde se destacan otras apariciones que ocurrieron antes de la más relevante, que fue el 12 de diciembre.

 

Guadalupe. Según los lingüistas contemporáneos, Guadalupe es un vocablo que viene del idioma árabe y significa “río de lobos”.

Una virgen con ese nombre al parecer era venerada por los andaluces de Extremadura, en España. Hernán Cortés, el militar que derrotó al imperio azteca, tenía a esta virgen como su principal protectora, de manera que la Guadalupe mexicana pudo haber estado relacionada en sus orígenes con esa imagen española.

Iconográficamente la virgen de Extremadura y su imagen homóloga mexicana ciertamente se parecen, sin embargo, algunas sutiles diferencias demuestran que no son exactamente iguales. La de España es negra, y la de México, morena; la virgen peninsular no tiene el manto de estrellas, que sí lo tiene la virgen americana; y, por último, aquélla carga al niño Jesús en sus brazos, y en la imagen nuestra el niño está a los pies de la virgen.

Sin embargo, atendiendo a su etimología de origen náhuatl, Guadalupe fue una manera de castellanizar la palabra original Cuauhtlaluhquetl.

Se han presentado varias ideas para equiparar el vocablo Guadalupe al idioma náhuatl, y en ese sentido propongo que es una transformación de la palabra cuauhtlaluhquetl. El sonido de varias letras y combinación de consonantes sufrieron alteraciones: la letra c devino en g; la u que antecede a la primera h desapareció; tl derivó en d; y, por último, la qu se convirtió en p. Como consecuencia de estos cambios de sonidos se produjo la palabra española Guadalupe.

La palabra náhuatl cuauhtlaluhquetl está compuesta por dos elementos morfológicos significativos: cuauh y tlaluhquetl.[4] La primera palabra significa águila, y la segunda, los ayudantes de Tlaloc. El águila era la quinta ave de la trecena del tonalpohualli, y los ayudantes de Tlaloc son el símbolo de la lluvia; por lo tanto, se trata del día prehispánico 5-lluvia, combinación numérico-simbólica que comenzaba al amanecer del 12 de diciembre de 1531.

El relato de la aparición Guadalupana es una metáfora de un amanecer visto desde el Tepeyac, hacia el oriente mirando al volcán Iztaccihuatl, la mujer blanca que se muestra morena durante el amanecer, que ante la deslumbrante luz del Sol que se encuentra por detrás lanza sus rayos diluyendo poco a poco su manto de estrellas.

El 12 de diciembre de 1531 es una fecha asociada a los fuegos nuevos y forma parte del inicio de la segunda de las 117 series de 160 días que conforman un periodo de 18720 días, a los cuales hay que sumarles 260 días para completar un ciclo de 52 veces 365 días.

Estos periodos de 52 años comenzaban en la fecha prehispánica 1-lluvia, y proceden de un cálculo de 1508 años que dieron inicio el 16 de julio del año 24 d.C.

La revelación de esta realidad astronómica ayudaría a los indígenas a demostrar que no eran “seres sin alma”, como lo promovía la iglesia Católica, sino seres poseedores de un vasto conocimiento de la astronomía, ciencia que se ocupaba de sistematizar el movimiento de los astros del cielo y en la que estaban muy interesados los astrónomos europeos del siglo XVI.

En concreto, lo que los indígenas americanos conocían era el tiempo que duraba una RSV. Nuestros antepasados sabían que dicha RSV estaba asociada a los periodos de intensa lluvia, y por esta razón la principal deidad de la lluvia, Tlaloc, estaba ligado a los movimientos coordinados de Venus con la Tierra.

En conclusión, la virgen de Guadalupe, o Tonantzin, “Nuestra Madrecita”, como los indígenas nahuas aún le siguen llamando, constituyó la génesis de la nueva identidad del mexicano, y en su tiempo el bello relato de la aparición fue la salvación para nuestro pueblo y el punto de encuentro entre dos grandes culturas, la europea y la americana.

 

Juan Diego. Su nombre original fue Cuahtlatoatzin, que significa águila que habla, la aguilita que habla o la venerable águila que habla. Su nombre se debe a que provenía del señorío de Cuauhtitlan, lugar de águilas.[5] Allí nació en el año 1474, y murió en 1548 en el cerro Tepeyac, donde tuvo la visión guadalupana.

Las recientes investigaciones acerca de su origen apuntan que Juan Diego no era un simple macehual, sino una persona cuya ascendencia provenía de la nobleza prehispánica.

El hecho de haber marcado para la historia una fecha significativa como el 12 de diciembre de 1531 revela que Juan Diego era en realidad un tonalpohuahquetl, aquellas personas que llevaban la cuenta de los días con fines astronómicos.

Su primer nombre, Juan, puede deberse a que los frailes españoles bautizaban a los recién convertidos a la fe cristiana con este apelativo. Pero Juan estuvo asociado al santo equiparado sincréticamente a Tlaloc, la deidad prehispánica de la lluvia y del tiempo.

La guerra de la conquista hizo que muchos de los sabios prehispánicos huyeran de Tenochtitlan, algunos de ellos ya no podían lucir sus mejores atuendos, sino vestían como lo haría cualquier persona humilde del mundo azteca. A la vista de los recién llegados españoles, Juan Diego no era sino una persona pobre, o como los indígenas decían, un macehual.

Juan Diego fue el personaje encargado de concretar la continuidad de los ritos prehispánicos, mediante el artilugio de mimetizarlos bajo el culto de la nueva religión Católica. En este sentido, el mito Guadalupano es uno de los más interesantes fenómenos sociales que fundamentaron el proceso de sincretismo religioso entre los pueblos de América.

Destruida la ciudad de México-Tenochtitlan, e iniciada la edificación de la ciudad colonial de la Nueva España, con sus palacios e iglesias, los indígenas ya no podían seguir construyendo sus antiguos templos, pirámides o basamentos donde ritualizaban los ciclos astronómicos.

Para el año 1531 se debía erigir una nueva obra de tipo prehispánico para conmemorar el nuevo ciclo de 52 años. Hay relatos que hablan de la existencia de tres pequeñas ermitas[6] levantadas en este periodo, pero no ha sido posible hallar sus vestigios arqueológicos. El canónigo Luis T. Montes de Oca logró reunir información al respecto y propuso que Juan Diego habitó al lado de estas ermitas y permaneció allí hasta su muerte, viviendo en este lugar literalmente como un ermitaño.

Imaginémonos la angustia que nuestros antepasados indígenas sintieron al no poder continuar con sus ritos prehispánicos. Una nueva construcción piramidal debía edificarse por aquellos años, pero era imposible. Por eso, en su lugar se levantaron unas ermitas, y ello fue posible gracias al relato de Juan Diego. Con el paso de los siglos estas ermitas fueron la inspiración para la construcción de la antigua Basílica de Guadalupe, y el complejo que alberga a la antigua y nueva basílica es conocido hoy por todos los mexicanos como la Villa de Nuestra Señora de Guadalupe.

En algunas edificaciones que hay dentro de la villa es evidente la presencia de iconografía de tipo prehispánico, como la flor de cuatro pétalos (asociada al tonalamatl, a la veintena y al guarismo para representar al cero), la misma que se observa en la fachada de la antigua basílica.

También hay una imagen esculpida en el exterior de una de las ermitas ubicada en el cerro del Tepeyac que revela la importancia que para nuestros antepasados tenía el Sol, la Luna y una singular estrella, que no es otra más que Venus. La tríada Luna, Sol y Venus fue un símbolo recurrente grabado en las estelas de los pueblos del Mediterráneo y del Medio Oriente, desde las remotas épocas de las culturas de Mesopotamia, Persia y Egipto.

Pero algo más importante que la misma decoración prehispánica de esta ermita fue el lugar en donde se edificó el templo, el cerro del Tepeyac. En náhuatl, Tepeyac significa la nariz del cerro, metáfora lingüística que alude a la culminación de la Sierra de Guadalupe. Desde este pequeño cerro es posible ver, en todo su esplendor, el horizonte oriental del valle de México. Los volcanes Popocatepetl e Iztaccihuatl y el cerro Papayotl son perfectamente observables desde este posicionamiento. El año puede ser medido a partir de los solsticios, y la Sierra Nevada estaba implicada en esta dinámica como el marcador de los años, de los solsticios de invierno.

En consecuencia, el Tepeyac fue el posicionamiento desde el cual el indio Juan Diego realizó sus observaciones astronómicas, principalmente las salidas del Sol sobre el horizonte, las salidas de la estrella de la mañana, Venus, y la Luna.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

El mito guadalupano y la corrección gregoriana

La fecha en la cual se puso en marcha la corrección gregoriana, el 15 de octubre de 1582, correspondió en la secuencia del tonalpohualli al día 1-lluvia y constituye el primer día del periodo de 260 días que da término a 52 años de 365 días, contados a partir del 5 de julio de 1531.

La acción de restablecer la fecha original del 21 de marzo para el equinoccio de primavera, tal y como se tenía en el Concilio de Nicea, eliminando diez días en la cuenta del calendario juliano, pudo estar inspirado en la estructuración del tiempo de los antiguos mexicanos, que consideraban periodos de 52 años al estilo azteca. Si ello fue así, significa que la cultura occidental utilizó el conocimiento astronómico de nuestros antepasados, y eso constituye, desde mi punto de vista, un “verdadero milagro” porque fue un reconocimiento implícito al saber astronómico de nuestros antepasados indígenas.

Se trató de la “felicidad de México”, como bien lo dijera a mediados del siglo XVII el matemático mexicano Luis Becerra Tanco, refiriéndose al fenómeno guadalupano. Y esta expresión tiene sentido porque la coincidencia en los datos astronómicos y cómputos calendáricos puede ser vista realmente como un encuentro cultural, de comprensión y entendimiento profundo entre la cosmovisión amerindia y la europea. Este momento especial quedó sellado precisamente con la corrección gregoriana que actualmente rige el calendario moderno utilizado en toda la faz de la Tierra.

Así mismo, el hecho de designar al fenómeno Guadalupano como la “felicidad de México” no es sólo un bello título a la obra escrita por nuestro matemático. El significado de la palabra felicidad se asocia al de jubileo, término para computar un periodo de 50 años, dentro de las cronologías de la tradición judeocristiana.

Jubileo proviene del latín jubilaeus, y este vocablo deriva de jubilum, que significa alegría muy intensa y ostensible, la felicidad. El júbilo y la felicidad son estados de ánimo favorables de los seres humanos, y por eso se puede interpretar la frase “felicidad de México” como el “jubileo de México”, idea semejante transmitida por fray Diego Durán al referirse al ciclo de 52 años de los antiguos mexicanos:

 

“estos cincuenta y dos años llamaban los naturales una edomada al cabo de los cuales hacían una solemne fiesta a lacual llamaban nexiuhilpiliztli, que quiere decir, cumplimiento o atamiento de un círculo perfecto de años, que era venirse a juntar en este círculo redondo el fin de estos 52 años con el principio de ellos, con este número perfecto de 52, y hacían la solemnidad y fiesta que he dicho a la mesma manera y modo que antiguamente los judíos en su vieja ley celebraban el año del jubileo de cincuenta en cincuenta años.”[7] (sic)

 

El ciclo de 52 años no solo fue dividido en periodos de 260 días, sino que también en periodos de 360 días. Si se hace esto se verá que 52 años de 365 días cada uno equivale a 52 periodos de 360 días, más un remanente de 260 días. En este bloque de 52 años está la razón de ser a la fecha consignada para la aparición de la Virgen de Guadalupe.

Los 52 periodos de 360 días hacen un total de 18720 días, la centésima parte del gran ciclo maya o cuenta larga que equivalía a 1872000 días.

El periodo de 18720 días puede ser seccionado en series exactas de 117 días o de 160 días. Si optamos por la segunda posibilidad podemos notar que a los 160 días después del inicio de una serie de 52 años que comenzó el 5 de julio de 1531 se llegó al 12 de diciembre de 1531, la fecha consignada para la aparición de la Virgen de Guadalupe.

 

Los ciclos de 260 días y la Reforma gregoriana

El 5 de julio de 1531 dio inicio otro nuevo ciclo de 1508 años y sus primeros 52 años volvieron a comenzar en la combinación 1-lluvia. 52 años de 365 días hacen un total de 18980 días. Equivalen a 73 periodos de 260 días que, como se sabe, eran los ciclos sagrados del llamado tonalpohualli.

Al dar inicio el último periodo de estos 73 ciclos de 260 días, el 5 de octubre de 1582 (fecha juliana), se dio el cambio al 15 de octubre, la Reforma gregoriana, un silencioso homenaje a la sistematización del tiempo en los calendarios inventados y recreados por los antiguos mexicanos.

[1] Cuautlatohuac era el nombre original de Juan Diego, según Carlos de Sigüenza, y citado por Ramón Sánchez Flores, en su obra Juan Diego, México, Editorial Jus, 1981. Ver p. 55.

 

[2] Lorenzo Boturini y Benaducci, uno de los principales historiadores del fenómeno guadalupano, se expresó así de los diálogos que la virgen estableció con Juan Diego: los “dulcísimos coloquios”. Tomado de Juan Diego, op.cit.

[3] Ver Juan Diego, op. cit., p. 51.

[4] En nahuatl es más común el uso de la “u” que de la “o”, y los sonidos que producen estas grafías tienen en general el mismo significado. El maestro de esta lengua nativa, Eleonor Vázquez Hernández, oriundo de la sierra de Hidalgo, sostiene que el cambio en el nahuatl clásico de la “u” en “o” se debe a que los españoles al reinterpretar el idioma prehispánico usaron el mismo esquema que habían empleado para castellanizar los vocablos latinos que tienen una “u” al final de sílaba, es decir, lo cambiaron a “o”. A pesar de esta medida, muchas palabras que tienen su origen en esa lengua indígena siguen sonando como en la antigüedad, como los vocablos cempaxuchitl, cincuate, Tuxtla, Tula, etcétera.

[5] En algunos pueblos, como en Xochimilco, los habitantes de los barrios son llamados por un elemento simbólico del lugar en donde viven, y dicho elemento generalmente está relacionado con las imágenes religiosas de los templos. Así, tenemos que, por ejemplo, a los del barrio de San Juan se les llama borregos, porque San Juan carga este animal.

[6] Cfr. Las tres primeras ermitas del Tepeyac, del canónigo Luis T. Montes de Oca, citado por Ramón Sánches Flores en su obra Juan Diego, pág. 80.

[7] Mitos indígenas, op. cit., pp. 99 y 101.

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Hoy 20 de diciembre del 2012, 13.0.0.0.0 4-ahau, 8 kumku, el último día de la serie larga de los Mayas

20 12 2012

Al amanecer del día de hoy 20 de diciembre del 2012 comenzará el día 4-flor, la fecha final del cómputo largo de los Mayas. Es el día 13.0.0.0.0 de la cuenta maya llamada cuenta larga. Esta notación en sistema vigesimal consiste en 13 veces 144000 días, equivalentes a 1872000 días. Un día antes fue en esta serie larga el día: 12.19.19.17.19 3-lluvia 7-cumku. La segunda cifra de derecha a izquierda no puede contener 18 veces 20 de manera que al aumentar en un día la cifra inicial a la derecha toda la serie muda a ceros y la cifra 12 se transforma en 13.

En la imagen arriba se mira la sección ampliada a una pagina del Códice Dresde de origen Maya se pueden observar los símbolos 4-ahau, 8 cumku. 4 ahau representado por 4 puntos rojos y ahau por un glifo parecido a una “carita”. El 8 kumku se localiza a la derecha de este símbolo.

El 4-ahau corresponde a una combinación de la serie de los 260 días, del tzolkin, el último de las series de la cuenta larga. El 8 cumku representa al día 9, nueve, de la veintena de kumku. La veintena de kumku, la última veintena del Haab, calendario civil de 365 días. Este calendario dará fin el último día del mes de diciembre del 2012. Al amanecer del 1 de enero del 2013 comenzará una nueva serie de 365 días y la inaugurarán los 5 días UAYEB, los días enanos . Por lo tanto el calendario HAAB Maya, y el calendario gregoriano comenzarán el mismo día. Una “coincidencia” mas de los Mayas.





Si los mayas no se hubieran muerto todavía vivirían.

18 12 2012

El fin del mundo se acerca y los mayas lo vaticinaron, con estas palabras se asocia a los mayas en estos momentos. La “profecía maya” del 2012, 21 de diciembre no es tan maya como parece. El 21 de diciembre de este año concluirá un conteo de 1872000 días y comenzará otro de la misma duración. La firma de los mayas esta presente en esta fecha porque la correlacionaron con un evento astronómico: un solsticio de invierno para la latitud norte. Esa es la gran hazaña, enviarnos un mensaje desde el tiempo pasado que nos recuerda que hubo culturas mas aventajadas que las de nosotros con todo el internet y naves espaciales.

Haber logrado esa exactitud no es cosa mínima si se considera que en esos tiempos se estaba según la arqueología oficial en la edad de piedra. A “ojo pelón” y con paciencia y buen humor se dejaba constancia de los días transcurridos hasta llegar a contar 1872000 días, un equivalente a 5125 años y un tantito mas. Se necesitaron muchas generaciones de humanos para poder seguir la cuenta de los días. Es maravilloso que podamos tener la oportunidad de vivir este momento de cambio de era. Disfrutemos este momento. Es un tiempo que se puede aprovechar para un cambio y que seguramente se va a dar. Habrá sorpresas, el sureste mexicano esta vivo.

Sin embargo no todo es miel sobre hojuelas. La cuestión de asociar a los mayas con cataclismos y apocalipsis no es propia de los mayas en el sentido que se le esta dando en estos momentos. Los mayas si eran adeptos a eso de las profecías, no se puede negar, lo dice el Chilam Balam. Pero nunca hablaron de: 3 días de oscuridad, cambio de polos magnéticos, llamaradas solares, llegada de extraterrestres en el planeta Nibiru etc.

Los 3 días de oscuridad al parecer esta obtenido de la cultura Cristiana que relaciona estos tres días de oscuridad con el acontecimiento que según se cuenta se dieron durante el sacrificio de Jesucristo. La llegada del planeta Nibiru y los anunakis es una interpretación a las historias sacadas de una serie de libros basados en la cultura sumeria. Y conste que no descarto la existencia de extraterrestres.  El cambio de polos magnéticos y las llamaradas solares esta de por verse, son conocimientos modernos que bien pudieron haber conocido nuestros antepasados.

Pero algo que es evidente en esta cosa de los vaticinios apocalípticos es la intromisión de Nostradamus. ¿Qué tiene que ver Nostradamus en la cultura maya? Discúlpenme pero eso si ya son “jaladas de los pelos”.

Los mayas eran científicos, Nostradamus un charlatán.





Semejanzas y diferencias entre el calendario maya y el calendario azteca.

18 12 2012

Semejanzas y diferencias entre el calendario maya y el calendario azteca.

En los medios de información y en las redes sociales existe cierta confusión acerca de las diferencias y las semejanzas entre los calendarios azteca y maya.

Trataremos de aclarar esta cuestión atendiendo a los aspectos relacionados con el sistema cronológico usado por estas dos culturas y al sistema de escritura con las que se llevaba el conteo de los días.

En términos generales el calendario azteca y el maya proceden de la misma fuente: la olmeca y la tolteca. Ambos calendarios están construidos bajo la base de una serie de 260 días llamada tonalpohualli entre los aztecas y tzolkin entre los mayas. Las combinaciones numérico simbólicas de estos dos calendarios ya se encuentran entre las inscripciones Olmecas, cultura milenaria que abarcó gran parte de Mesoamérica.

Asimismo tanto mayas como aztecas utilizaban un calendario de 365 días sin bisiesto, constituido por 18 veintenas y 5 días enanos, llamados uayeb entre los mayas y nemontemi entre los aztecas. Tanto Mayas como Aztecas vivieron las secuencias de la serie sagrada de 260 días con las mismas combinaciones numérico-simbólica.

Entre los calendarios de 260 días y el de 365 días la única variación era la manera en como se representaban visualmente los símbolos y los números. Los mayas fueron mas sintéticos llegando a constituir una escritura. Los aztecas se basaban en pictografías. Llama la atención el hecho de que estas dos culturas en su periodo de pleno esplendor no se conocieron, pues los mayas fueron mas antiguos. La raíz azteca provenía de los Toltecas y estos últimos si fueron contemporáneos de los Mayas. De ahí que los Mayas y los toltecas hayan tenido el culto a Quetzalcoatl y a Tlaloc y este culto haya sobrevivido con los aztecas.

La diferencia mas notable entre los calendarios azteca y maya estriba en que este último consideraba una cuenta larga, un conteo de días de 1872000 días, un equivalente a 7200 veces 260 días. Los aztecas no le daban tanta importancia a este conteo. Sin embargo existen algunos elementos que demuestran que sí la conocían pues en la piedra del sol de manufactura azteca aparece el símbolo 1-lluvia. La combinación simbólica en la cual iniciaba el año civil maya de 365 días. Los aztecas iniciaban su año en el símbolo y día 13-carrizo.

La cuenta larga maya también puede localizarse en el canto de la piedra del sol azteca representada por una serie de representaciones de mariposas, símbolos de Venus, planeta asociado a la cuenta larga y al origen del tonalpohualli o tzolkin.





Se acerca el día 13.0.0.0.0 21 de dic. de 2012

16 12 2012

La fiebre apocalíptica del 2012 Maya se ha desatado. ¿Fin del mundo?, ¿fin de una era?, ¿principio de una nueva era?, el fenómeno mediático instalado a nivel global. Los Mayas en la Internet.

Pero vayamos por partes. ¿Realmente los Mayas vaticinaron un fin del mundo cataclísmico? Si bien los mayas eran muy adeptos a escribir profecías, y para eso solo tenemos que recurrir al libro de los libros del Chilam Balam, aún no se ha detectado un texto apocalíptico con motivo del fin de la cuenta larga de esta formidable cultura. La cuenta larga era un conteo de 1872000 días y comenzó hace mas de 5125 años. Sin embargo aun no esta aclarado el porqué utilizaron un número así de grande de días.

El hecho de que en ciertas de regiones del Mundo haya pegado esta hipótesis acerca del fin del mundo augurado por los mayas se debe en parte al malestar de una parte de la población mundial con relación a su mundo externo, La extrema pobreza, las guerras, la contaminación, la falta de valores humanos, el mercantilismo y otros factores hacen pensar a cualquiera en un desenlace fatal de los seres de este planeta. La desolación y la ausencia de un futuro mejor caen muy bien a las versiones apocalípticas. Los mayas de hace mas de mil años se sorprenderían al ver toda esta parafernalia de información y desinformación. No podemos hablar por ellos pero, creo que si hubieran deseado llegar a este día. Recordemos que los mayas actuales que viven en el sureste mexicano y en Centroamérica no son exactamente los mayas que están representados en los frescos o en las estelas con inscripciones calendáricas. Pareciera que los Mayas eran mas de tipo andino, con su nariz larga y perfilada y altos muchos de ellos y los mayas actuales son de tipo amazónico.

Ahora bien, el movimiento originado por esta interpretación maya no dista mucho de otras versiones religiosas acerca del fin del mundo. El mundo Cristiano y el Bíblico, por ejemplo, sigue esperando el día del juicio final. Durante el primer milenio de nuestra era hasta casi llegado el siglo XVI se dieron movimientos apocalípticos y fueron asociadas a la llegada del Señor. Fueron los milenaristas pero su movimiento fue disuelto y prohibido pues no atinaban a dicha fecha que se extendió hacia el 1260 y hasta el 1460. El juicio final es una constante entre los creyentes cristianos y no se les critica tanto como a los apologéticos mayas contemporáneos.  La diferencia va estar en que los “Cristianos” van a seguir en alerta esperando el juicio final y los mayas no, pues pasado el 21 de diciembre del 2012 se verá la realidad y a otra cosa mariposa, a construir la nueva era, consciente de que somos nosotros mismos los que construimos nuestro futuro.

El 2012 maya es un fenómeno cultural, a pesar de que los arqueólogos oficiales nos digan hasta el cansancio que la fecha esta repleta de charlatanería. Como estudiosos de la naturaleza humana, de la antropología, debería interesarles el tema y ser propositivos. El mundo maya ahora es mas conocido gracias a este tema de fin de era. Los museos serán mas visitados y comerán mejor nuestros arqueólogos. No todo el mundo se “chupa el dedo”. No debemos subestimar a los seguidores de esta creencia. Lo que sigue es informar y cultivarnos mas acerca de esta cultura tan maravillosa que con gran paciencia iba contando sus días.

Algo de bueno traerá este acontecimiento de tipo cultural. Ya pasada la fecha y ver que no pasa nada extraordinario desarrollado por las fuerzas de la naturaleza, la gente se va a dar cuenta que el futuro es de cada quien, que cada quien debe construir su futuro y dejar atrás el pensamiento mágico. La nueva era consistirá entonces en un cambio hacia el pensamiento científico mas humano. El meteorito mediático de origen maya esta logrando el viraje de estos polos conceptuales, ciencia o pensamiento mágico.

16 de diciembre del 2012, día 13-cóndor.

Xochimilco, D.F. México, Tenochtitlan.

Raúl González Cortés.





Los pasos cenitales del Sol, Venus y la era maya.

17 05 2011

Los pasos cenitales, Venus y la era maya.

Como ya se ha dicho el ciclo maya de 1872000 días estaba constituido por 5200 periodos de 360 días o por 7200 periodos de 260 días.

El ciclo de 360 días se aproxima al año solar y el ciclo de 260 días es el tzolkin o calendario ritual.

¿Habrá tenido que ver el ciclo sinódico de Venus de 584 días en la cuenta de la era maya?

He aquí un curioso hallazgo sin la intención de encontrarle mangas al chaleco o 5 pies al gato.

Veamos:

Si la serie de 1872000 días de la serie maya estuviera sistematizada al ciclo de 584 días tenemos que 3205 de estos periodos mas un remanente de 280 días es equivalente a la duración de la era maya.

Lo anterior no hubiera tenido significado si tomamos en cuenta que justo el 17 de mayo, día 6-ollin, del 2011 iniciaría el último periodo de las 3205 series venusinas hasta llegar al 21 de diciembre del 2012, el fin de una era maya. El 21 de diciembre del 2012 el paso cenital se dará en las latitudes de la región desértica de Atacama en Chile. El águila y el cóndor en conexión calendárica basada en la astronomía prehispánica Americana. El 15 de mayo del 2011 fue día águila y el 16 de mayo día cóndor.

Pero algo mas sorprendente es darse cuenta que el 17 de mayo del 2011 se sucede la fecha para el paso cenital por el Valle de México, antes Tenochtitlan.

Es decir que muy probablemente los mayas programaron el inicio del último periodo de las series de 584 días en un paso cenital por el centro de México. Y aun hay más: El periodo que va de la primera serie de 584 días hasta la serie 3204 constituye un periodo de años solares de tipo trópico exactos.

3204×584 días= 5123 años trópico.

Estas series venusinas habrían comenzado hace más de 5000 años en un paso cenital por el valle de México y terminado el 16 de mayo del 2011 para dar paso al último periodo de 584 días el 17 de mayo del 2011.

 





Se acerca el gran día. Amanecer del 21 de diciembre del 2012 en México.

28 07 2010

Se acerca el gran día.

Amanecer del 21 de diciembre del 2012 en México. En los cómputos mayas será el fin del día 4-flor, 4-ahau. Al salir el sol el día cambiará a 5-cocodrilo, 5-imix.

A fines del 2012 la población mundial se va a dividir en tres partes debido al fin de la era maya e inicio de una nueva era de otros 1872000 días.

La primera parte serán aquellos que no le tomen importancia a este evento programado por la civilización mesoamericana. El solsticio será para ellos como un día común y si pasa algo ya no vivirán para contarlo.

La segunda parte estará formada por aquellos que no creen en la posibilidad de un cambió radical en las estructuras físicas del planeta tierra o de las mentes humanas. El solsticio de invierno o de verano de acuerdo al hemisferio en donde se encuentren será visto como un día cualquiera. Solo que si pasa algo al menos estuvieron informados y podrán tomar algunas decisiones aunque sea demasiado tarde.

La tercera parte la constituirá una población informada que crea en la posibilidad de un cambio radical en las estructuras físicas y mentales del planeta tierra y de la humanidad. Pero como es una creencia habrá que esperar el desenlace de tal evento. Si pasa algo catastrófico será demasiado tarde para hacer algo, algunos quizá sobrevivan en algún rincón del planeta. Pero si no pasara algo extraordinario en el plano de la geografía planetaria ¿no valdrá la pena comenzar a realizar una gran fiesta, que rememore la sabiduría de los pueblos mesoamericanos que pusieron al mundo contemporáneo a pensar en el fin de sus días?