Axayacatl, la máscara del Sol.

14 08 2013
Axayacatl como Tonatiuh.

Axayacatl como Tonatiuh.

Al Sol no se le puede ver, su verdadero rostro está oculto debajo de una máscara resplandeciente, de oro. Así debieron haber pensado los pueblos de la antigua Asia, Egipto y Mesoamérica.

En Japón la deidad solar está representada por Amaterasu, personificación femenina de rostro muy pálido. Actualmente quien representa teatralmente a este personaje en el ritual sintoísta lleva una máscara blanca. En Japonés mascara se dice omen: おめん, y también kamen:  仮面. El primer ideograma chino o kanji japonés se pronuncia kari仮, curiosa coincidencia a la palabra de español “cara” que sugiere rostro, máscara.

ImagenTutankamón

Tutankamón

En Egipto tenemos como referencia a la máscara mas famosa, la de Tutankamón. La máscara es de oro, resplandeciente, el rostro del Sol. Como en el japonés la palabra omen aparece como amón en egipcio, la máscara, el rostro.

En la América Andina y en Mesoamérica fue muy semejante, al sol se le representó con una máscara de oro, Inti y Tonatiuh.

En el calendario azteca la máscara del sol de agua o de lluvia, Axayacatl, está representada en el centro de este enorme monolito de 360 cms de diámetro.

Máscara de turqueza, cultura azteca.

Máscara de turqueza, cultura azteca.

Axayacatl significa en náhuatl: El de la máscara de agua. La máscara de agua es Tlaloc, el dios de la lluvia.

Amaterasu

Amaterasu

aparicion

Virgen de Guadalupe

Virgen de Guadalupe

En Mesoamérica en el cerro del Tepeyac cuyo significado es: “cerro de la máscara” se veneró a una deidad semejante a la Amatersu japonesa; la virgen de Guadalupe, surgida de un resplandor solar, El Sol visto como una deidad femenina.

Partimos de una misma raíz cultural desde hace miles de años, conozcamos el verdadero rostro de la historia y pongámonos la máscara de las verdades ancestrales.





Martes 13

13 09 2011

Marte 13

Es muy común en México que este día este relacionado a acontecimientos nefastos. Dice el dicho popular: “martes 13 ni te cases ni te embarques”.

Un acontecimiento de enorme importancia que sucedió en México a principios del siglo XVI fue la última batalla que dieron los aztecas en contra de los invasores españoles. Sucedió como cuentan las crónicas el 13 de agosto de 1521, era martes, martes 13. Esta fecha debió de ser atendida años después por los indígenas mexicanos, que ya empezaban a conocer el sistema calendárico Juliano, para tomarla como punto de referencia para sus correlaciones con el calendario antiguo de México, el Tonalpohualli. La fecha prehispánica correspondió a la combinación: 1- serpiente de la media noche hasta la salida del Sol y 2-muerte desde la salida del Sol hasta el nuevo día. Recordemos que los días la antigüedad prehispánica comenzaron siempre al amanecer.





México Tenochtitlan, sitio astronómico asociado al planeta Venus.

13 05 2011

El siguiente texto es parte de un libro escrito por el autor de este Blog, próximo a publicarse, que analiza el desciframiento de la piedra del Sol.

 

 

El Sol y el planeta Venus,

elementos astronómicos al mito fundacional de México Tenochtitlan.

 

 

Los ciclos de 584 días y el mito fundacional de Mexico Tenochtitlan

 

La astronomía fue el soporte intelectual que dio razón de ser al proyecto de la fundación de México-Tenochtitlan. Si en aquella época hubo un lugar en la geografía de la Tierra adecuado para vivir, pero sustentado por datos astronómicos, ese lugar fue, sin duda alguna, el valle de México.

Vista en perspectiva, la fundación de México-Tenochtitlan constituyó un ambicioso proyecto que en ese entonces una comunidad humana pudiera haberse propuesto, dado que sintetizó el conocimiento que se tenía del espacio y el tiempo, tomando como punto de partida los ciclos astronómicos de Venus y la Tierra.

En ese sentido, la creación de la ciudad prehispánica fue la culminación de un proceso de búsqueda del sitio en donde se reflejara un dato importantísimo para los aztecas y los pueblos mesoamericanos: el cómputo de los 584 días, que es igual a una  revolución sinódica de Venus (RSV).[1] Y ese lugar fue justamente el valle de México, donde la peregrinación azteca fundó México-Tenochtitlan, la misma que está enmarcada espacial y temporalmente por una RSV.

En dicho valle se suceden 584 días, contados a partir de un solsticio de invierno al cuarto paso del Sol por el cenit, es decir, desde una época de frío intenso hasta otra de máximo calor. Concretamente, es una franja que corre en las proximidades del paralelo 19.40º, al norte del ecuador terrestre.[2]

De Venus se consideró el ciclo de 584 días,[3] que dura su revolución sinódica; estos 584 días se contaron desde el solsticio de invierno, punto máximo del desplazamiento aparente del Sol sobre el horizonte; lo último fue localizar la región geográfica en donde se diera un paso cenital al término de una RSV. Estos tres elementos astronómicos (el ciclo de una conjunción venusina, los inicios del año a partir del solsticio de invierno y los pasos cenitales del Sol sobrela Tierra),  determinaron el tiempo y el espacio en el cual debían asentarse las tribus nahuatlacas.

El paso cenital,[4] que es la verticalidad del Sol sobre la Tierra, fue el sitio cósmico-geográfico que concretó este proyecto. Del solsticio de invierno al cuarto paso[5] cenital del Sol por el valle de México se registran puntualmente 584 días.

Los periodos sinódicos del planeta Venus se tenían sistematizados adjudicándole un valor de 584 días para cada uno de ellos. Este planeta estuvo asociado al héroe cultural de Mesoamérica llamado Quetzalcoatl.

El templo mayor le dedico un lugar especial al culto para esta deidad benefactora construyéndole un edificio circular desde donde se podía ver la majestuosidad de los templos dedicados al colibrí izquierdo Huitzilopochtli y a la lluvia Tlaloc.

 


[1] Como ya se ha dicho, el planeta Venus estuvo asociado al héroe cultural de América, Quetzalcoatl, dios que después de ser expulsado por su pueblo al que tanto amó se inmoló convirtiéndose en la estrella de la mañana.

[2] Actualmente, el paralelo 19.40º corre de Veracruz, en el golfo de México, hasta Colima, en el océano Pacífico. La ciudad de México se ubica en el tercio de la distancia recorrida por esta línea imaginaria que atraviesa una parte de superficie territorial de la República Mexicana, de oriente a poniente. Este paralelo tiene la particularidad de ser el espacio en donde el Sol cenital concluye su desplazamiento a lo largo de 584 días, a partir del solsticio de invierno, que se registra el 22 de diciembre en el hemisferio norte. El inicio de estos 584 días, desde una posición cenital del Sol, se presenta en el trópico de Capricornio, que está en el hemisferio sur, durante el solsticio de verano. En las costas del Pacífico corresponde a la zona del desierto de Atacama, en Chile, lugar en donde se han localizado geoglifos asociados a la cultura Nazca, en Perú.

[3] El hecho astronómico de computar los ciclos sinódicos de Venus es en sí un verdadero prodigio de la evolución intelectual de nuestros antepasados, ya que para ello fue necesario observar, durante consecutivos amaneceres y atardeceres, la estrella que tanto les llamaba la atención. Si las condiciones meteorológicas lo permitían podían anotar en qué momento Venus regresaba a su posición inicial. Darse cuenta de que aquella estrella era un planeta requirió de paciencia, pero, sobre todo, de meticulosa observación del movimiento de los astros. Y el asombro se magnifica si a esto le agregamos que también sabían en qué momento se daban los tránsitos de Venus por el disco solar.

[4] El cenit que se produce mientras se presenta el solsticio de invierno en el hemisferio norte, se ubica exactamente al sur del ecuador, en el trópico de Capricornio. Si quienes llevaron a cabo la hazaña de localizar el paralelo cenital, en donde se suceden 584 días a partir del solsticio de invierno, iban “persiguiendo al Sol” en sus momentos cenitales, podemos deducir que la “carrera” comenzó de sur a norte, partiendo de las costas sudamericanas. En este hemisferio se estaba en el solsticio de verano. Estos “cazadores” del astro rey determinaron a lo largo de algunos años el punto exacto por donde cruzan los trópicos de Capricornio y Cáncer, al sur y al norte del ecuador. Para localizar el punto cenital  por donde se sucedían 584 días, a partir del solsticio de invierno para el hemisferio norte, sólo bastó descansar un año después de la carrera de sur a norte del trópico de Capricornio al de Cáncer, y después alcanzar de nuevo al Sol por 37 ó 38 días en sus momentos cenitales, pero ahora de norte a sur. Este recorrido de norte a sur es quizá lo que los antiguos mexicanos recordaban en sus crónicas acerca de la peregrinación que los llevó hasta el valle de México.

[5] El cuarto paso es uno de los nombres esotéricos de Quetzalcoatl, que en nahuatl antiguo se decía nacxit. Ese cuarto paso puede refirse al cuarto paso cenital del Sol, a partir del solsticio de invierno, observado desde el paralelo que cruza el valle de México. Durante esta secuencia han transcurrido  584 días, que corresponde al ciclo sinódico venusino.





La virgen de Guadalupe

7 12 2010

Guadalupe

(Primera parte)

Del nahuatl: cuauh-tlaluhquetl

águila-hacedores de lluvia

5-lluvia en la serie del tonalpohualli

Virgen de Guadalupe. Imagen tomada del libro "Felicidad de México" Escrito por Fausto Zerón-Medina

Virgen de Guadalupe. Imagen tomada del libro “Felicidad de México” Escrito por Fausto Zerón-Medina

 

La palabra original cuauh-tlaluhquetl devino en Guadalupe. El fonema “cuauh” se tornó en “gua”, “tlaluh” en “dalu” y finalmente “quetl” en “pe”, el resultado: Guadalupe.

12 de diciembre de 1531:

Fecha juliana de la última “aparición” al indígena, Juan Diego Cuauhtlahtuatzin, de la virgen de Guadalupe en el cerro del Tepeyac.

En la cuenta del  tonalpohualli durante el amanecer daba inicio el día 5-lluvia.

El número 5 representado por una águila, cuauhtli. En la trecena del tonalpohualli a cada número le correspondía un animal alado. El número cinco era un águila.

La lluvia era el decimonoveno día de la veintena prehispánica y estaba representado por un tlaluhquetl, un ayudante de Tlaloc encargado de propiciar la lluvia.

Durante el proceso de la evangelización las deidades prehispánicas fueron prohibidas, sin embargo en un proceso sincrético la imagen de la virgen de Guadalupe mantuvo elementos prehispánicos asociados a la astronomía antigua y al tonalpohualli.

La virgen de Guadalupe es Malinalli, palabra nahuatl con cierta semejanza a María. Malinalli era la deidad del maguey también llamada Mayahuel. El lienzo sobre el cual esta pintada la imagen de Guadalupe es de fibra de maguey, malinalli en nahuatl.

El angelito que se encuentra en la parte inferior de la virgen es una representación sincrética de un tlaluhquetl y porta unas alas de águila, representa al día 5-lluvia. Las nubes que rodean la imagen reafirman la presencia de Tlaloc que mora en las neblinas celestes, la bebida de la tierra, el agua que cae del cielo, la deidad de la lluvia.

En el monolito de la Coatlicue el día 5-lluvia se encuentra representado debajo de la escultura como una representación de Tlaloc que posee en su centro el símbolo del quincunce, el número cinco, también llamado tianquiztli. En esta misma escultura el águila esta presente en las garras de este animal localizadas en las extremidades inferiores.

Vista inferior del monolito de la Coatlicue

Vista inferior del monolito de la Coatlicue

(Segunda Parte)

El mito Guadalupano 

Diez años después de la derrota militar de los aztecas y la destrucción de la Gran Tenochtitlan por parte de los españoles, el recién sometido pueblo por el reino de Castilla estaba desamparado y su identidad semidestruida y descalificada. Por esas épocas un hombre indígena de edad madura, cuyo nombre original era Cuautlatohuac[1] o Cuatlatoatzin, quien durante la evangelización fue bautizado con el nombre de Juan Diego, sería el portador de un fantástico relato: la aparición milagrosa en el cerro del Tepeyac de la virgen María de Guadalupe.

La fecha clave de aquel suceso fue la mañana del 12 de diciembre de 1531, cuando   la virgen le ordenó a Juan Diego la construcción de una ermita y puso término a tanto dolor infringido contra sus hermanos indígenas a causa de la guerra de dominación.

La imagen de la virgen de Guadalupe, estampada en la tilma de Juan Diego, fue considerada la “Felicidad de México”, porque ella representa el fin de la conquista militar y, a su vez, el inicio de la conquista espiritual de nuestro pueblo.

Desde mi punto de vista, la argumentación que Juan Diego debió de haber utilizado para ayudar a preparar a su pueblo espiritualmente al proceso de evangelización estuvo basada en el conocimiento de la cosmovisión europea que había sido adquirido recientemente por  los indígenas. Considero que conocer la manera de ver e interpretar el mundo de la cultura occidental fue un elemento indispensable para posteriormente introducir en el mismo la ciencia del tonalpohualli.

El propósito del nuevo discurso religioso adoptado por los mexicanos de entonces era detener las matanzas que los conquistadores estaban cometiendo contra la población autóctona, con la justificación de que los indígenas eran seres sin alma. Es muy probable que los autores de esta epopeya que significó implantar un nuevo discurso religioso hayan sido, además de los indios de México, algunos frailes españoles que se habían dado cuenta de que el conocimiento astronómico de los indígenas podía ser de utilidad para los conquistadores.

Quizá nunca sepamos con certeza el contenido exacto de aquellos “dulcísimos coloquios”[2] que la virgen entabló con Juan Diego para convencerlo de tan compleja misión, pero lo que sí queda claro es que la mañana de aquel 12 de diciembre de 1531 marcaría para la historia de México un antes y un después.

En lo social este acontecimiento selló magistralmente el inicio de la nueva cultura: la mestiza, mezcla profunda de sangre indígena y española. De manera consciente y asumida por las dos partes en conflicto, el proceso de evangelización devino en sincretismo religioso. Así es, el mito Guadalupano fue el vehículo portador de los dos grandes cultos religiosos, uno de origen prehispánico y otro de origen europeo, el primero dedicado a la madre tierra, Tonantzin, y el segundo a la madre de Cristo, la virgen María.

Sin embargo, más allá de las implicaciones sociales que este mito desencadenó en su momento, en la fecha 12 de diciembre de 1531 se encuentra cifrado un acontecimiento de características astronómicas altamente significativas ligadas a los fuegos nuevos aztecas y al cómputo matemático de la revolución sinódica de Venus (RSV), en una conjunción inferior, que 52 años después coincidiría con un solsticio de invierno.

Así mismo, este hecho estuvo conectado también a la fundación de la ciudad de México-Tenochtitlan, y a la Reforma Gregoriana.

Los indios, tratando de salvarse a sí mismos de la barbarie de la guerra, en un acto desesperado tiraron su carta más preciada: la ciencia de la astronomía prehispánica a través de la cuenta de los días, del tonalpohualli, que tendría al mito Guadalupano como el vehículo portador de la secuencia de los fuegos nuevos. ¡Qué creatividad de aquellos seres que pudieron realizar el milagro de penetrar en lo más profundo del rito católico, para que a través de este procedimiento, dar continuidad al calendario sagrado de los antiguos mexicanos!

La otra parte de la actuación correspondió a los frailes que no estaban de acuerdo en que a los indios se les tratara como animales, en particular a la orden de los franciscanos. La Bula Sublimis Deus, promulgada por el papa Paulo III, y promovida por el primer obispo de Tlaxcala, fray Julian Garces,[3] fue el reconocimiento, por parte de la jerarquía católica, de que los indios poseían alma y razón.

Ya iniciados los indígenas en la evangelización, la virgen aparecida sería la misma madre de Cristo, María, bajo el nombre de Guadalupe. Una imagen que los conquistadores, en especial Hernán Cortés, veneraban ya en Extremadura, al otro lado del continente americano.

Esta virgen ordenaría a Juan Diego llevar el mensaje a los frailes de levantar una ermita en el cerro del Tepeyac, para que fuera el lugar de culto de los indígenas en proceso de evangelización. Dicha ermita se construyó y con ello se cerró un capítulo más de la gran hazaña del pueblo mexicano por conservar su identidad cultural a pesar de la intervención militar de los españoles.

Hasta aquí una escueta síntesis del relato, pues las crónicas detallan más acontecimientos y anécdotas, donde se destacan otras apariciones que ocurrieron antes de la más relevante, que fue el 12 de diciembre.

Guadalupe.Segúnlos lingüistas contemporáneos, Guadalupe es un vocablo que viene del idioma árabe y significa “río de lobos”.

Una virgen con ese nombre al parecer era venerada por los andaluces de Extremadura, en  España. Hernán Cortés, el militar que derrotó al imperio azteca, tenía a esta virgen como su principal protectora, de manera que la Guadalupe mexicana pudo haber estado relacionada en sus orígenes con esa imagen española.

Iconográficamente la virgen de Extremadura y su imagen homóloga mexicana ciertamente se parecen, sin embargo, algunas sutiles diferencias demuestran que no son exactamente iguales. La de España es negra, y la de México, morena; la virgen peninsular no tiene el manto de estrellas, que sí lo tiene la virgen americana; y, por último, aquélla carga al niño Jesús en sus brazos, y en la imagen nuestra el niño está a los pies de la virgen.

Sin embargo atendiendo a su etimología de origen nahuatl, Guadalupe fue una manera de castellanizar la palabra original Cuauhtlaluhquetl.

Se han presentado varias ideas para equiparar el vocablo Guadalupe al idioma nahuatl, y en ese sentido propongo que es una transformación de la palabra cuauhtlaluhquetl. El sonido de varias letras y combinación de consonantes sufrieron alteraciones: la letra c devino en g; la u queantecede a la primera h desapareció; tl derivó en d; y, por último, la qu se convirtió en p. Como consecuencia de estos cambios de sonidos se produjo la palabra española Guadalupe.

La palabra nahuatl cuauhtlaluhquetl está compuesta por dos elementos morfológicos significativos: cuauh y tlaluhquetl.[4] La primera palabra significa águila, y la segunda, los ayudantes de Tlaloc. El águila era la quinta ave de la trecena del tonalpohualli y los ayudantes de Tlaloc  son el símbolo de la lluvia por lo tanto se trata del día prehispánico 5-lluvia, combinación numérico-simbólica que comenzaba al amanecer del 12 de diciembre de 1531.

El relato de la aparición Guadalupana es una metáfora de un amanecer visto desde el Tepeyac, hacia el oriente mirando al volcán Iztaccihuatl, la mujer blanca que se muestra morena durante el amanecer, que ante la deslumbrante luz del Sol que se encuentra por detrás lanza sus rayos diluyendo poco a poco su manto de estrellas.

El 12 de diciembre de 1531 es una fecha asociada a los fuegos nuevos y forma parte del inicio de la segunda de las 117 series de 160 días que conforman un periodo de 18720 días a los cuales hay que sumarles 260 días para completar un ciclo de 52 veces 365 días.

La revelación de esta realidad astronómica ayudaría a los indígenas a demostrar que no eran “seres sin alma”, como lo promovía la iglesia Católica, sino seres poseedores de un vasto conocimiento de la astronomía, ciencia que se ocupaba de sistematizar el movimiento de los astros del cielo y en la que estaban muy interesados los  astrónomos europeos del siglo XVI.

En concreto, lo que los indígenas americanos conocían era el tiempo que duraba una RSV. Nuestros antepasados sabían que dicha RSV estaba asociada a los periodos de intensa lluvia, y por esta razón la principal deidad de la lluvia, Tlaloc, estaba ligado a los movimientos coordinados de Venus con la Tierra.

En conclusión, la virgen de Guadalupe, o Tonantzin, “Nuestra Madrecita”, como los indígenas nahuas aún le siguen llamando, constituyó la génesis de la nueva identidad del mexicano, y en su tiempo el bello relato de la aparición fue la salvación para nuestro pueblo y el punto de encuentro entre dos grandes culturas, la europea y la americana.

Juan Diego.Su nombre original fue Cuahtlatoatzin, que significa águila que habla, la aguilita que habla o la venerable águila que habla. Su nombre se debe a que provenía del señorío de Cuauhtitlan, lugar de águilas.[5] Allí nació en el año 1474, y murió en 1548 en el cerro Tepeyac, donde tuvo la visión guadalupana.

Las recientes investigaciones acerca de su origen apuntan que Juan Diego no era un simple macehual, sino una persona cuya ascendencia provenía de la nobleza prehispánica.

El hecho de haber marcado para la historia una fecha significativa como el 12 de diciembre de 1531 revela que Juan Diego era en realidad un tonalpohuahquetl, aquellas personas que llevaban la cuenta de los días con fines astronómicos.

Su primer nombre, Juan, puede deberse a que los frailes españoles bautizaban a los recién convertidos a la fe cristiana con este apelativo. Pero Juan estuvo asociado al santo equiparado sincréticamente a Tlaloc, la deidad prehispánica de la lluvia y del tiempo.

La guerra de la conquista hizo que muchos de los sabios prehispánicos huyeran de  Tenochtitlan, algunos de ellos ya no podían lucir sus mejores atuendos, sino vestían como lo haría cualquier persona humilde del mundo azteca. A la vista de los recién llegados españoles, Juan Diego no era sino una persona pobre, o como los indígenas decían, un macehual.

Juan Diego fue el personaje encargado de concretar la continuidad de los ritos prehispánicos, mediante el artilugio de mimetizarlos bajo el culto de la nueva religión Católica. En este sentido, el mito Guadalupano es uno de los más interesantes fenómenos sociales que fundamentaron el proceso de sincretismo religioso entre los pueblos de América.

Destruida la ciudad de México-Tenochtitlan, e iniciada la edificación de la ciudad colonial de la Nueva España, con sus palacios e iglesias, los indígenas ya no podían  seguir construyendo sus antiguos templos, pirámides o basamentos donde ritualizaban los ciclos astronómicos.

Para el año 1531 se debía erigir una nueva obra de tipo prehispánico para  conmemorar el nuevo ciclo de 52 años. Hay relatos que hablan de la existencia de tres pequeñas ermitas[6] levantadas en este periodo, pero no ha sido posible hallar sus vestigios arqueológicos. El canónigo Luis T. Montes de Oca logró reunir información al respecto  y ha propuso que Juan Diego habitó al lado de estas ermitas y permaneció allí hasta su muerte, viviendo en este lugar literalmente como un ermitaño.

Imaginémonos la angustia que nuestros antepasados indígenas sintieron al no poder continuar con sus ritos prehispánicos. Una nueva construcción piramidal debía edificarse por aquellos años, pero era imposible. Por eso, en su lugar se levantaron  unas ermitas, y ello fue posible gracias al relato de Juan Diego. Con el paso de los siglos estas ermitas fueron la inspiración para la construcción de la antigua Basílica de Guadalupe, y el complejo que alberga a la antigua y nueva basílica es conocido hoy por todos los mexicanos como la Villa de Nuestra Señora de Guadalupe.

En algunas edificaciones que hay dentro de la villa es evidente la presencia de iconografía de tipo prehispánico, como la flor de cuatro pétalos (asociada al tonalamatl, a la veintena y al guarismo para representar al cero), la misma que se observa en la fachada de la antigua basílica.

También hay una imagen esculpida en el exterior de una de las ermitas ubicada en el cerro del Tepeyac que revela la importancia que para nuestros antepasados tenía el Sol, la Luna y una singular estrella, que no es otra más que Venus. La tríada Luna, Sol y Venus fue un símbolo  recurrente grabado en las estelas de los pueblos del Mediterráneo y del Medio Oriente, desde las remotas épocas de las culturas de Mesopotamia, Persia y Egipto.

Pero algo más importante que la misma decoración prehispánica de esta ermita fue el lugar en donde se edificó el templo, el cerro del Tepeyac. En nahuatl, Tepeyac significa la nariz del cerro, metáfora lingüística que alude a la culminación de la Sierra de Guadalupe. Desde este pequeño cerro es posible ver, en todo su esplendor, el horizonte oriental del valle de México. Los volcanes Popocatepetl e Iztaccihuatl y el cerro Papayotl son perfectamente observables desde este posicionamiento. El año puede ser medido a partir de los solsticios, y la Sierra Nevada estaba implicada en esta dinámica como el marcador de los años, de los solsticios de invierno.

En consecuencia, el Tepeyac fue el posicionamiento desde el cual el indio Juan Diego realizó sus observaciones astronómicas, principalmente las salidas del Sol sobre el horizonte, las salidas de la estrella de la mañana, Venus, y la Luna.


[1] Cuautlatohuac era el nombre original de Juan Diego, según Carlos de Sigüenza, y citado por Ramón Sánchez Flores, en su obra Juan Diego,  México, Editorial Jus, 1981. Ver p. 55.

[2] Lorenzo Boturini y Benaducci, uno de los principales historiadores del fenómeno guadalupano, se expresó así de los diálogos que la virgen estableció con Juan Diego: los “dulcísimos coloquios”. Tomado de Juan Diego, op.cit.

[3] Ver Juan Diego, op. cit., p. 51.

[4] En nahuatl es más común el uso de la “u” que de la “o”, y los sonidos que producen estas grafías tienen en general el mismo significado. El maestro de esta lengua nativa, Eleonor Vázquez Hernández, oriundo de la sierra de Hidalgo, sostiene que el cambio en el nahuatl clásico de la “u” en “o” se debe a que los españoles al reinterpretar el idioma prehispánico usaron el mismo esquema que habían empleado para castellanizar los vocablos latinos que tienen una “u” al final de sílaba, es decir, lo cambiaron  a “o”. A pesar de esta medida, muchas palabras que tienen su origen en esa lengua indígena siguen sonando como en la antigüedad, como los vocablos cempaxuchitl, cincuate, Tuxtla, Tula, etcétera.

[5] En algunos pueblos, como en Xochimilco, los habitantes de los barrios son llamados por un elemento simbólico del lugar en donde viven, y dicho elemento generalmente está relacionado con las imágenes religiosas de los templos. Así, tenemos que, por ejemplo, a los del barrio de San Juan se les llama borregos, porque San Juan carga este animal.

[6] Cfr. Las tres primeras ermitas del Tepeyac, del canónigo Luis T. Montes de Oca, citado por Ramón Sánches Flores en su obra Juan Diego, pág 80.

(Tercera parte)

El mito Guadalupano y la corrección gregoriana

La fecha en la cual se puso en marcha la corrección gregoriana, el 15 de octubre de 1582, correspondió  en la secuencia del tonalpohualli al día 1-lluvia y constituye el primer día del periodo de 260 días que da término a 52 años de 365 días contados a partir del 5 de julio de 1531.

La acción de restablecer la fecha original del 21 de marzo para el equinoccio de primavera, tal y como se tenía en el Concilio de Nicea, eliminando diez días en la cuenta del calendario juliano, pudo estar inspirado en la estructuración del tiempo de los antiguos mexicanos, que consideraban periodos de 52 años al estilo azteca. Si ello fue así, significa que la cultura occidental utilizó el conocimiento astronómico de nuestros antepasados, y eso constituye, a mi parecer, un “verdadero milagro” porque fue un reconocimiento implícito al saber astronómico de nuestros antepasados indígenas.

Se trató de la “felicidad de México”, como bien lo dijera a mediados del siglo XVII el matemático mexicano Luis Becerra Tanco, refiriéndose al fenómeno Guadalupano. Y esta expresión tiene sentido porque la coincidencia en los datos astronómicos y cómputos calendáricos puede ser vista realmente como un encuentro cultural, de comprensión y entendimiento profundo entre la cosmovisión amerindia y la europea. Este momento especial quedó sellado precisamente con la corrección gregoriana que actualmente rige el calendario moderno utilizado en toda la faz de la Tierra.

Así mismo, el hecho de designar al fenómeno Guadalupano como la “felicidad de México” no es sólo un bello título a la obra escrita por nuestro matemático. El significado de la palabra felicidad se asocia al de jubileo, término para computar un periodo de 50 años, dentro de las cronologías de la tradición judeocristiana.

Jubileo proviene del latín jubilaeus, y este vocablo deriva de jubilum, que significa alegría muy intensa y ostensible, la felicidad. El júbilo y la felicidad son estados de ánimo favorables de los seres humanos, y por eso se puede interpretar la frase “felicidad de México” como el “jubileo de México”, idea semejante transmitida por fray Diego Durán al referirse al ciclo de 52 años de los antiguos mexicanos:

“estos cincuenta y dos años llamaban los naturales una edomada al cabo de los cuales hacían una solemne fiesta a lacual llamaban nexiuhilpiliztli, que quiere decir, cumplimiento o atamiento de un círculo perfecto de años, que era venirse a juntar en este círculo redondo el fin de estos 52 años con el principio de ellos, con este número perfecto de 52, y hacían la solemnidad y fiesta que he dicho a la mesma manera y modo que antiguamente los judíos en su vieja ley celebraban el año del jubileo de cincuenta en cincuenta años.”[1]

 

El ciclo de 52 años no solo fue dividido en periodos de 260 días sino que también en periodos de 360 días. Si se hace esto se verá que 52 años de 365 días cada uno equivale a 52 periodos de 360 días más un remanente de 260 días. En este bloque de 52 años está la razón de ser a la fecha consignada para la aparición de la Virgen de Guadalupe. 

Los 52 periodos de 360 días hacen un total de 18720 días, la centésima parte del gran ciclo maya o cuenta larga que equivalía a 1872000 días.

El periodo de 18720 días puede ser seccionado en series exactas de 117 días o de 160 días. Si optamos por la segunda posibilidad podemos notar que a los 160 días después del inicio de una serie de 52 años que comenzó el 5 de julio de 1531 se llegó al 12 de diciembre de 1531, la fecha consignada para la aparición de la Virgen de Guadalupe.

Los ciclos de 260 días y la Reforma Gregoriana.

El 5 de julio de 1531 dio inicio otro nuevo ciclo de 1508 años y sus primeros 52 años volvieron a comenzar en la combinación 1-lluvia. 52 años de 365 días hacen un total de 18980 días. Equivalen a 73 periodos de 260 días que como se sabe eran los ciclos sagrados del llamado tonalpohualli.

Al dar inicio el último periodo de estos 73 ciclos de 260 días, el 5 de octubre de 1582, (fecha juliana), se dio el cambio al 15 de octubre, la Reforma Gregoriana, un silencioso homenaje a la sistematización del tiempo en los calendarios inventados y recreados por los antiguos mexicanos.


[1] Mitos indígenas, op. cit., pp. 99 y 101.





Así bailaba Zaratustra o la verdadera historia del chinelo.

15 10 2010
Chinelo

Chinelo

Día a día un bailarín vestido con el atuendo de un auténtico y original Persa recorre las calles de Xochimilco, ese personaje es el chinelo.
El Chinelo es un danzante que en grupo de varios de ellos se reúnen en lo que ellos llaman comparsas, con el único fin de danzar o brincar durante el recorrido que acompaña cotidianamente al niñopa o niño dios venerado en la comunidad de Xochimilco.
Bailan al ritmo de una suite de cortos movimientos musicales. Se dice que esta música fue rescatada de los silbidos de un personaje autóctono de las regiones de Tlayacapa o de Yecapixtla, poblaciones cercanas a los volcanes del valle de México.
¿Porqué visten así los chinelos? El presente ensayo trata de demostrar que estos personajes visten así porque son el vivo recuerdo de la presencia Persa en mesoamérica en épocas anteriores al llamado “descubrimiento” de este continente.
Origen de la palabra Chinelo. La palabra viene de una semejante: chinela, que es una zapatilla de piel y suela delgada que carece de talón, también conocidas con el nombre de Chanelas.
Pintura de un Persa de Iman Maleki, artista Iraní.

Pintura de un Persa de Iman Maleki, artista Iraní.

Estas zapatillas son características del atuendo de los Chinelos y el prolífico y genial muralista Diego Rivera los dejaría para la inmortalidad en una de sus famosas obras llamada el Carnaval.

Carnaval de la vida mexicana. Fresco de Diego Rivera

Carnaval de la vida mexicana. Fresco pintado por Diego Rivera ubicado en el Palacio de las Bellas Artes, Mexico, DF.

En este mural se ve al Chinelo portar sus chinelas largas y puntiagudas. Actualmente las cuadrillas de chinelos han cambiado estas zapatillas por un  par de cómodos tenis.
Iconografía del Chinelo. El atuendo del Chinelo es una réplica exacta del traje de un típico sabio persa o Mago. Persia corresponde al antiguo estado de Irán y en su  antigua capital, Persépolis, se esculpieron en ciertas paredes a un desfile de estos personajes. Los Magos o sabios Persas eran los mismos que fueron a adorar al niño dios, Jesucristo. aura mazdaaaEl mago persa es una recreación de Ahura Mazda, deidad benefactora del Zoroastrismo. Zaratustra o Zoroastro lo veneraba y su influencia llegó a todo el mundo árabe.
Mago Persa

Mago Persa

En un tiempo lejano estos personajes debieron haber llegado a tierras americanas mucho antes que lo hiciera Cristóbal Colón. El hecho de que estos personajes vengan de las regiones de los alrededores de los volcanes del valle de México indica que estuvieron ahí por dos razones: Veneraban al fuego, al fuego de los volcanes y por otra parte se encontraban prácticamente en la misma latitud de la Meca, la región sagrada del mundo islámico que en un tiempo fue influenciada por el mazdeísmo.
Persépolis

Persépolis

En la literatura Persa nos encontramos con el siguiente pasaje mitológico que bien parece a los mitos prehispánicos de los cinco soles esculpidos en diversas piedras de las culturas mesoamericanas como el calendario azteca:
El libro de los reyes.[1]
Creación del mundo: Dios ha creado el mundo de la nada. Ha hecho sin esfuerzo alguno nacer la materia de los cuatro elementos: el fuego, el aire, el agua y la tierra.
El fuego empezó a difundirse y produjo la sequedad; vino después el reposo del que nacieron el frío y la humedad.
Estos cuatro elementos formaron un mundo transitorio donde aparecieron seres de todas clases.
Los cielos se envolvieron uno en otro y, cuando todo estuvo en armonía, empezaron sus movimientos.
Los cinco soles. Museo Peabody de Historia Natural. Universidad de Yale.

Los cinco soles. Museo Peabody de Historia Natural. Universidad de Yale.


[1] Joyas de la literaturas Orientales. Ediciones Pavlov, México D.F.




Tsunami y el ahuizotl.

7 03 2010

símbolo del agua, códice fejervary-Mayer

símbolo del agua, códice fejervary-Mayer

Tsunami y el ahuizotl.

Como todos sabemos los tsunamis son aquellas olas gigantescas que suelen destrozar pueblos enteros que viven en las costas del mar. La palabra viene del Japones y significa ola en el puerto, tsu-puerto y nami-ola. Uno de estos fenómenos se acaba de dar hace unas horas en Japón, la fecha en América fué el 11 de marzo del 2011. El día en el tonalpohualli correspondió al 3-agua. El agua era simbolizada por la mano del ahuizote.
Tsunami, grabado japonés

Tsunami, grabado japonés

Pues bien, en el antiguo México al parecer este fenómeno debió haber sido conocido y muy probablemente se representaba con la imagen del ahuizotl.
Etimológicamente ahuizotl significa “agua grande” y puede provenir de dos raíces principales: a-agua y hueyi-grande. La gran ola es la gran agua que con su fuerza arrasa todo a su paso y arrebata todo como si fuese la mano del agua.
En la mitología prehispánica ahuizotl o el ahuizote, como se le conoce comúnmente, era un animalito parecido a la nutria que con su “mano” se llevaba a las personas que merodeaban sus territorios. De hecho una especie de manita sirve para representar en algunos códices prehispánicos el noveno símbolo de la veintena prehispánica: el agua. En el códice Fejervary-Mayer se pueden observar varios de estos diseños del agua y en algunos aparecen los símbolos de las olas, una serie de líneas continuas en espiral “acaracoladas”.
Ahuizotl también fue el nombre del octavo emperador azteca, el padre de Cuauhtemoc.
Ahuizotl expandió el imperio azteca del atlántico al pacifico. De las costas de Guerrero hasta las de Veracruz. Como una gran ola, Ahuizotl cubrió el territorio entero de Mesoamérica para los dominios aztecas.
Ahuizotl construyó acueductos y uno de ellos fue la causa de su muerte, al golpearse en su cabeza con una estructura de esta obra de ingeniería, quizá como castigo divino por arrebatarles el agua al señorío de Coyoacan.
Durante el periodo histórico que antecedió a la revolución mexicana fue muy famoso un periódico llamado “el hijo del ahuizote”, una metáfora muy elegante para designar al periódico que representaba los ideales de liberación que Cuauhtemoc no pudo concretar en su momento y que durante la revolución estuvieron presentes. En este periódico José Guadalupe Posada elevó a la caricatura al nivel de obra de arte y en esta misma gaceta escribió Don Luis Cabrera, un personaje ilustre que redactó la carta magna, la constitución de 1917.
Sitio sugerido para visitar el hijo del ahuizote:




Equinoccio de primavera 2012

2 03 2010

El equinoccio de primavera

IQUIZAYAN

Martes 20 de marzo del 2012

2 serpiente, ome coatl
Todos a las pirámides, conviviendo con respeto y cuidando el entorno patrimonial.


Equinoccio de primavera en Chichén Itzá

Descenso de Kukulkán en Chichén Itzá

Pirámide del Sol

Pirámide del Sol en Teotihuacan

El equinoccio de primavera del 2012 se registrará el martes 20 de marzo, un día después 21 de marzo, fecha onomástica del benemérito de las Américas; don Benito Juárez.

Equinoccio significa que la duración de las noches equivale a la de los días o momentos diurnos. Sin embargo para los pueblos antiguos medir de esa manera el equinoccio era muy complejo de manera que optaron por medirlo a partir de las salidas del sol.
Y es que visto desde la tierra, el equinoccio es un instante del año en el cual se registra el punto en el horizonte en donde el sol surge a la mitad de su recorrido de norte a sur o de sur a norte, de solsticio a solsticio. El punto intermedio entre dos solsticios es la primavera. Es muy probable que esta estación se denomine Iquizayan, que en nahuatl quiere decir: el origen. La etimología de esta palabra sustenta el hecho de que los pueblos mesoamericanos siempre iniciaron sus días al amanecer.
El sol visto desde la tierra en el momento del amanecer presenta un movimiento aparente que se puede registrar día a día. Este movimiento culmina en dos puntos máximos llamados solsticios. Para el hemisferio norte estos solsticios se presentan a fines de diciembre y de junio. Los equinoccios por su parte se registran a fines de marzo y de septiembre. Al equinoccio que sucede el 21de marzo se le denomina equinoccio de primavera e indica el momento de inicio de esta estación del año, caracterizada por el incremento de la vegetación que durante el invierno murió o se mantuvo latente. El equinoccio marca el punto exacto de la orientación geográfica oriente-poniente. El oriente era el punto cardinal dedicado a la lluvia a Tlaloc, quien moraba en el Tlalocan, y esto era así por que el valle de México era el punto central de referencia de los 4 puntos cardinales y hacia el oriente se podía ver la sierra nevada y el majestuoso Popocatepetl, el volcán de Tlaloc y su amada Iztaccihuatl, la mujer blanca, la blancanieves mexicana o la bella durmiente.
Los antiguos mexicanos observaban este momento y los mayas construyeron la famosa pirámide de Kukulcan para registrar exactamente el paso de esta estación  ayudándose de un ingenioso y complejo juego de sombras que hacen parecer el descenso de una serpiente constituida por triángulos de luz que desembocan en las fauces de una serpiente de piedra. La serpiente representa la tierra que al igual que la serpiente cambia de piel tornándose verde.
Si se considera la información del fraile Diego duran del siglo XVI que decía que el año iniciaba un primero de marzo tenemos que por aquellas épocas el 21 de marzo iniciaba la segunda veintena del calendario agrícola llamada tlacaxipehualiztli, representada por el sacrificio de un ser humano, símbolo al parecer del cambio de piel de la tierra durante la primavera.
Sin embargo si se considera la fuente de fray Bernardino de Sahagún que decía que el año comenzaba el 2 de febrero también se observa que la primavera real que acontecía en el siglo XVI en el 11 de marzo, antes de la corrección gregoriana, caía en la misma veintena al final de tlacaxipehualiztli.
Para las culturas antiguas del hemisferio norte era muy importante saber en que momento comenzaba la primavera ya que al depender de la agricultura para su sobrevivencia sabían cual era el momento para iniciar sus siembras.
Es sorprendente que actualmente en las zonas arqueológicas de México como: Teotihuacan, Tajín, Chichén Itzá, Cuicuilco, etc, se registre una multitudinaria asistencia de personas para reencontrarse con sus raíces indígenas, en hora buena porque con estos actos rituales, aparte de llenarse de energía vital, se brinda un tributo y homenaje a aquellos seres que nos precedieron que poseían la sabiduría de vivir en armonía con la naturaleza. Si bien también entre ellos existían conflictos creo que lo más rescatable de esa cultura antigua fue su contacto vivencial y cosmogónico con la naturaleza.

En los siguientes enlaces podrás ver el descenso de Kukulkán en Chichén Itzá

En este enlace podrás verificar la hora exacta del equinoccio de primavera, no solo para el 2010 sino para otras decenas de años:

http://www.elcielodelmes.com/cambio_de_estaciones.php

El equinoccio de primavera y su ritualización es algo muy antiguo.

Se remonta a épocas muy tempranas, en los inicios de la cultura humana y de la agricultura. Con el paso de los años esperar la llegada de este equinoccio, muy en especial para los seres que habitaban en el hemisferio norte, significaba un momento de gran alegría pues era el tiempo en el que se acercaban las lluvias y con ello la fertilización de los campos para poder sembrar.

En las antiguas culturas del valle del Indo este momento se asociaba a una deidad llamada Mitra que fue posteriormente exportada hacia los persas, a los egipcios, a los griegos y a los romanos. Mitra era el símbolo de la primavera. El sol Invicto, que al estar a la mitad de su recorrido era el sol de justicia, equilibrado, balanceado, el sol equinoccial.

gorro frigio persa

gorro frigio persa

gorro frigio en Europa

gorro frigio en Europa

gorro frigio de la revolución francesa

gorro frigio de la revolución francesa

El culto a Mitra fue retomado durante la Revolución Francesa y fue común en la simbología de este periodo el famoso gorro frigio. Es un gorrito regordete parecido a aquellos que llevan algunos gnomos con la parte final retorcida. Este emblema de los liberales se usó en México y al triunfo de la independencia, durante el periodo repúblicano,  se acuñaron monedas con la imagen de este gorrito y hasta hace unos pocos años en pleno siglo XX esta imagen estaba grabada en las monedas de cobre de 20 centavos, en el centro de esta moneda se veían los volcanes desde los cuales se asomaba el sol en el equinoccio de primavera.

moneda republicana de México con gorro frigio

moneda republicana de México con gorro frigio

Moneda republicana con gorro frigio y balanza

Benito Juárez, un liberal por excelencia, nacería en este día, el día señalado por las logias como el más importante dentro de su calendario ritual semioculto.

En contraparte Cristo moriría en un equinoccio de primavera. A partir del año 325 d.C. se tomaría al 21 de marzo como la fecha de este equinoccio, era el día de la pascua de resurrección, el misterio mayor de la iglesia católica apostólica y romana.

En el ortodoxo ámbito científico causa prurito el celebrar estas fechas ya que las asocian con ideas seudo científicas, extravagantes y fanáticas. Sin embargo me parece que el festejo en esta fecha del equinoccio de primavera es un acto genuino de identidad, basado en un elemento astronómico.

Los antiguos mexicanos veneraban este día porque veían en el Sol la causa fundamental de la vida. Una interpretación científica. Los seres humanos que nos reunamos espontáneamente en los diversos sitios arqueológicos del país nos llenaremos de energía vital. El estar en comunión con nuestros semejantes es para muchos de nosotros un rito sencillo que nos reencuentra con nosotros mismos y con nuestra comunidad. Es un pretexto para estar juntos en paz y armonía. Esto es lo que tristemente no entienden algunos “científicos” que lamentablemente carecen de sensibilidad ante un hecho que lleva una carga de ingenuidad.

En este 2010 estamos a muchos siglos de ese pasado prehispánico, sin embargo me parece valido ritualizar este momento pues convoca a miles de personas a asistir a distintos puntos arqueológicos del país y es una oportunidad de oro para reconocernos y conocer esa parte de un pasado vigoroso. Casi nadie dice nada de la peregrinación el 12 de diciembre a la Villa de Guadalupe que al igual que el 21 de marzo convoca a multitudes de personas. Lo bello de este día radica en que nadie abandera estos festejos. Las iglesias y las ideologías se convulsionan por eso.

Como festejar este día y que rituales se deben de hacer es cosa de cada quien, en lo individual o en grupos. Quienes puedan ir a una zona arqueológica en buena hora y quienes no les digo que lo mas importante es coincidir por lo menos una vez al año que este mundo necesita mas que ciencia, sabiduría. Recordemos que el gran pintor y grabador español Francisco de Goya dejó para la posteridad esta verdad de a kilo: “el sueño de la razón produce monstruos”

Que bueno que los mexicanos nos reunamos para ritualizar este momento astronómico.