Origen sincrético de las posadas mexicanas.

31 12 2019

Origen sincrético de las posadas mexicanas.

Del 16 de diciembre al 24 de diciembre se celebran en México nueve festejos navideños que según la tradición católica representan los nueve meses de embarazo de la virgen María. Sin embargo las posadas no aparecen en ningún lugar ni el antiguo ni el nuevo testamento bíblico que es la base de la religión católica y cristiana.

Nacimiento

La posada es la casa en donde se albergaría la virgen María para dar a luz a Cristo.

¿De dónde entonces surge la costumbre de realizar estas nueve festividades? Al parecer esta costumbre surge como una mezcla de elementos autóctonos y de elementos culturales que traían los frailes españoles.

En lo que respecta a la religiosidad católica es de toda conocida. El 25 de diciembre nace un niño producto de una virgen llamada María que fue inmaculada. El niño es el enviado de Dios y viene a Salvar a la humanidad de tantos sufrimientos que le aqueja.

Cuando se instala la religión católica en México los indígenas interpretan esta historia y la mezclan con sus ritos y principalmente con sus calendarios. En este sentido el año de 1531 tiene una medular importancia en la construcción de los nuevos ritos mixtos, (sincretismo) que se llevarán a cabo en Mesoamérica para ir entrando en la evangelización.

Resulta que en este año es el momento de la “aparición” de la virgen en el Tepeyac al indio Juan Diego. 12 de diciembre de 1531. Trece días después llegará la navidad cristiana el 25 de diciembre. Esos trece recuerdan la serie de los trece animales alados del tonalpohualli. El 24 de diciembre de ese año le tocaba a la codorniz ser el ave trecenal. Este símbolo terminaba su estancia hasta el amanecer del día 25, la navidad, fecha en la que se acostumbra a comer por algunos pueblos las codornices.

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La codorniz como ave sacrificada al Sol. La cuarta ave de la trecena del tonalpohualli.

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Guiso navideño de codorniz.

Las nueve posadas de aquel año de 1531 comenzaron el 16 de diciembre en el día prehispánico 9-casa. La coincidencia es fenomenal y reveladora pues a saber el término semántico “casa” fue asociado a una posada.

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Símbolo de la casa en un códice prehispánico

Las posadas no son otra cosa que casas de huéspedes de origen español y en las festividades los cantos de las posadas aluden a la búsqueda de una casa en donde pueda dar a luz la virgen María. Por otra parte las nueve posadas recuerdan a los nueve señores de la noche, señores con los cuales se llevaba el cómputo de las noches, momentos en los cuales se realizan las posadas, en las noches.

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Posada europea

¿Entonces no será esta la razón de peso por la cual se conmemora por nueve días la llegada del nacimiento de Cristo Jesús, sincretizado en las series de las trecenas del tonalpohualli y en la fecha de inicio de las posadas en el día 9 casa?





SINCRETISMO VENUSINO

22 12 2018

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Las 9 posadas mexicanas

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La cena de navidad en la noche buena del 24 de diciembre

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Chantico, deidad venusina venerada en Xochimilco en su templo que estaba en donde está ahora la Iglesia de San Bernardino.

 





El mito de la virgen de Guadalupe y su relación con la Reforma Gregoriana.

7 05 2018

 

El mito de la virgen de Guadalupe

Virgen de Guadalupe. Imagen tomada del libro "Felicidad de México" Escrito por Fausto Zerón-Medina

Diez años después de la derrota militar de los aztecas y la destrucción de la Gran Tenochtitlan por parte de los españoles, el recién sometido pueblo por el reino de Castilla estaba desamparado y su identidad semidestruida y descalificada. Por esas épocas un hombre indígena de edad madura, cuyo nombre original era Cuautlatohuac[1] o Cuatlatoatzin, quien durante la evangelización fue bautizado con el nombre de Juan Diego, sería el portador de un fantástico relato: la aparición milagrosa en el cerro del Tepeyac de la virgen María de Guadalupe.

La fecha clave de aquel suceso fue la mañana del 12 de diciembre de 1531, cuando la virgen le ordenó a Juan Diego la construcción de una ermita para que fuera el símbolo que diera término a tanto dolor infligido a sus hermanos indígenas debio a la guerra de dominación.

La imagen de la virgen de Guadalupe, estampada en la tilma de Juan Diego, fue considerada la “Felicidad de México”, porque ella representa el fin de la conquista militar y, a su vez, el inicio de la conquista espiritual de nuestro pueblo.

Desde mi punto de vista, la argumentación que Juan Diego debió de haber utilizado para ayudar a preparar a su pueblo espiritualmente al proceso de evangelización estuvo basada en el conocimiento de la cosmovisión europea que había sido adquirido recientemente por los indígenas. Considero que conocer la manera de ver e interpretar el mundo de la cultura occidental fue un elemento indispensable para posteriormente introducir en el mismo la ciencia del tonalpohualli.

El propósito del nuevo discurso religioso adoptado por los mexicanos de entonces era detener las matanzas que los conquistadores estaban cometiendo contra la población autóctona, con la justificación de que los indígenas eran seres sin alma. Es muy probable que los autores de esta epopeya que significó implantar un nuevo discurso religioso hayan sido, además de los indios de México, algunos frailes españoles que se habían dado cuenta de que el conocimiento astronómico de los indígenas podía ser de utilidad para los conquistadores.

Quizá nunca sepamos con certeza el contenido exacto de aquellos “dulcísimos coloquios”[2] que la virgen entabló con Juan Diego para convencerlo de tan compleja misión, pero lo que sí queda claro es que la mañana de aquel 12 de diciembre de 1531 marcaría para la historia de México un antes y un después.

En lo social este acontecimiento selló magistralmente el inicio de la nueva cultura: la mestiza, mezcla profunda de sangre indígena y española. De manera consciente y asumida por las dos partes en conflicto, el proceso de evangelización devino en sincretismo religioso. Así es, el mito Guadalupano fue el vehículo portador de los dos grandes cultos religiosos, uno de origen prehispánico y otro de origen europeo, el primero dedicado a la madre tierra, Tonantzin, y el segundo a la madre de Cristo, la virgen María.

Sin embargo, más allá de las implicaciones sociales que este mito desencadenó en su momento, en la fecha 12 de diciembre de 1531 se encuentra cifrado un acontecimiento de características astronómicas altamente significativas ligadas a los fuegos nuevos aztecas y al cómputo matemático de la revolución sinódica de Venus (RSV), que coincidía en esa ocasión con un solsticio de invierno.

Así mismo, este hecho estuvo conectado también a la fundación de la ciudad de México-Tenochtitlan, y a la Reforma gregoriana.

Los indios, tratando de salvarse a sí mismos de la barbarie de la guerra, en un acto desesperado tiraron su carta más preciada: la ciencia de la astronomía prehispánica a través de la cuenta de los días, del tonalpohualli, que tendría al mito Guadalupano como el vehículo portador de la secuencia de los fuegos nuevos. ¡Qué creatividad de aquellos seres que pudieron realizar el milagro de penetrar en lo más profundo del rito católico, para que a través de este procedimiento, dar continuidad al calendario sagrado de los antiguos mexicanos!

La otra parte de la actuación correspondió a los frailes que no estaban de acuerdo en que a los indios se les tratara como animales, en particular a la orden de los franciscanos. La Bula Sublimis Deus, promulgada por el papa Paulo III, y promovida por el primer obispo de Tlaxcala, fray Julian Garces,[3] fue el reconocimiento, por parte de la jerarquía católica, de que los indios poseían alma y razón.

Ya iniciados los indígenas en la evangelización, la virgen aparecida sería la misma madre de Cristo, María, bajo el nombre de Guadalupe. Una imagen que los conquistadores, en especial Hernán Cortés, veneraban ya en Extremadura, al otro lado del continente americano.

Esta virgen ordenaría a Juan Diego llevar el mensaje a los frailes de levantar una ermita en el cerro del Tepeyac, para que fuera el lugar de culto de los indígenas en proceso de evangelización. Dicha ermita se construyó y con ello se cerró un capítulo más de la gran hazaña del pueblo mexicano por conservar su identidad cultural, a pesar de la intervención militar de los españoles.

Hasta aquí una escueta síntesis del relato, pues las crónicas detallan más acontecimientos y anécdotas, donde se destacan otras apariciones que ocurrieron antes de la más relevante, que fue el 12 de diciembre.

 

Guadalupe. Según los lingüistas contemporáneos, Guadalupe es un vocablo que viene del idioma árabe y significa “río de lobos”.

Una virgen con ese nombre al parecer era venerada por los andaluces de Extremadura, en España. Hernán Cortés, el militar que derrotó al imperio azteca, tenía a esta virgen como su principal protectora, de manera que la Guadalupe mexicana pudo haber estado relacionada en sus orígenes con esa imagen española.

Iconográficamente la virgen de Extremadura y su imagen homóloga mexicana ciertamente se parecen, sin embargo, algunas sutiles diferencias demuestran que no son exactamente iguales. La de España es negra, y la de México, morena; la virgen peninsular no tiene el manto de estrellas, que sí lo tiene la virgen americana; y, por último, aquélla carga al niño Jesús en sus brazos, y en la imagen muestra al niño a los pies de la virgen.

Sin embargo, atendiendo a su etimología de origen náhuatl, Guadalupe fue una manera de castellanizar la palabra original Cuauhtlaluhquetl.

Se han presentado varias ideas para equiparar el vocablo Guadalupe al idioma náhuatl, y en ese sentido propongo que es una transformación de la palabra cuauhtlaluhquetl. El sonido de varias letras y combinación de consonantes sufrieron alteraciones: la letra c devino en g; la u que antecede a la primera h desapareció; tl derivó en d; y, por último, la qu se convirtió en p. Como consecuencia de estos cambios de sonidos se produjo la palabra española Guadalupe.

La palabra náhuatl cuauhtlaluhquetl está compuesta por dos elementos morfológicos significativos: cuauh y tlaluhquetl.[4] La primera palabra significa águila, y la segunda, los ayudantes de Tlaloc. El águila era la quinta ave de la trecena del tonalpohualli, y los ayudantes de Tlaloc son el símbolo de la lluvia; por lo tanto, se trata del día prehispánico 5-lluvia, combinación numérico-simbólica que comenzaba al amanecer del 12 de diciembre de 1531.

Vista inferior del monolito de la Coatlicue

Este es el grabado esculpido en la parte inferior de la Coatlicue. Es el Tlaloc de la Tierra con el Tianquiztli, el número cinco. La imagen dice un día 5-lluvia.

El relato de la aparición Guadalupana es una metáfora de un amanecer visto desde el Tepeyac, hacia el oriente mirando al volcán Iztaccihuatl, la mujer blanca que se muestra morena durante el amanecer, que ante la deslumbrante luz del Sol que se encuentra por detrás lanza sus rayos diluyendo poco a poco su manto de estrellas.

El 12 de diciembre de 1531 es una fecha asociada a los fuegos nuevos y forma parte del inicio de la segunda de las 117 series de 160 días que conforman un periodo de 18720 días, a los cuales hay que sumarles 260 días para completar un ciclo de 52 veces 365 días.

Estos periodos de 52 años comenzaban en la fecha prehispánica 1-lluvia, y proceden de un cálculo de 1508 años que dieron inicio el 16 de julio del año 24 d.C.

 

“El relato de la aparición Guadalupana es una metáfora de un amanecer visto desde el Tepeyac, hacia el oriente mirando al volcán Iztaccihuatl, la mujer blanca que se muestra morena durante el amanecer, que ante la deslumbrante luz del Sol que se encuentra por detrás lanza sus rayos diluyendo poco a poco su manto de estrellas.

El 12 de diciembre de 1531 es una fecha asociada a los fuegos nuevos y forma parte del inicio de la segunda de las 117 series de 160 días que conforman un periodo de 18720 días, a los cuales hay que sumarles 260 días para completar un ciclo de 52 veces 365 días.

Estos periodos de 52 años comenzaban en la fecha prehispánica 1-lluvia, y proceden de un cálculo de 1508 años que dieron inicio el 16 de julio del año 24 d.C. ” . Lo anterior entre comillas es un extracto de mi libro: “1508, los fuegos del tiempo”

La revelación de esta realidad astronómica ayudaría a los indígenas a demostrar que no eran “seres sin alma”, como lo promovía la iglesia Católica, sino seres poseedores de un vasto conocimiento de la astronomía, ciencia que se ocupaba de sistematizar el movimiento de los astros del cielo y en la que estaban muy interesados los astrónomos europeos del siglo XVI.

En concreto, lo que los indígenas americanos conocían era el tiempo que duraba una RSV. Nuestros antepasados sabían que dicha RSV estaba asociada a los periodos de intensa lluvia, y por esta razón la principal deidad de la lluvia, Tlaloc, estaba ligado a los movimientos coordinados de Venus con la Tierra.

En conclusión, la virgen de Guadalupe, o Tonantzin, “Nuestra Madrecita”, como los indígenas nahuas aún le siguen llamando, constituyó la génesis de la nueva identidad del mexicano, y en su tiempo el bello relato de la aparición fue la salvación para nuestro pueblo y el punto de encuentro entre dos grandes culturas, la europea y la americana.

 

Juan Diego. Su nombre original fue Cuahtlatoatzin, que significa águila que habla, la aguilita que habla o la venerable águila que habla. Su nombre se debe a que provenía del señorío de Cuauhtitlan, lugar de águilas.[5] Allí nació en el año 1474, y murió en 1548 en el cerro Tepeyac, donde tuvo la visión guadalupana.

Las recientes investigaciones acerca de su origen apuntan que Juan Diego no era un simple macehual, sino una persona cuya ascendencia provenía de la nobleza prehispánica.

El hecho de haber marcado para la historia una fecha significativa como el 12 de diciembre de 1531 revela que Juan Diego era en realidad un tonalpohuahquetl, aquellas personas que llevaban la cuenta de los días con fines astronómicos.

Su primer nombre, Juan, puede deberse a que los frailes españoles bautizaban a los recién convertidos a la fe cristiana con este apelativo. Pero Juan estuvo asociado al santo equiparado sincréticamente a Tlaloc, la deidad prehispánica de la lluvia y del tiempo.

La guerra de la conquista hizo que muchos de los sabios prehispánicos huyeran de Tenochtitlan, algunos de ellos ya no podían lucir sus mejores atuendos, sino vestían como lo haría cualquier persona humilde del mundo azteca. A la vista de los recién llegados españoles, Juan Diego no era sino una persona pobre, o como los indígenas decían, un macehual.

Juan Diego fue el personaje encargado de concretar la continuidad de los ritos prehispánicos, mediante el artilugio de mimetizarlos bajo el culto de la nueva religión Católica. En este sentido, el mito Guadalupano es uno de los más interesantes fenómenos sociales que fundamentaron el proceso de sincretismo religioso entre los pueblos de América.

Destruida la ciudad de México-Tenochtitlan, e iniciada la edificación de la ciudad colonial de la Nueva España, con sus palacios e iglesias, los indígenas ya no podían seguir construyendo sus antiguos templos, pirámides o basamentos donde ritualizaban los ciclos astronómicos.

Para el año 1531 se debía erigir una nueva obra de tipo prehispánico para conmemorar el nuevo ciclo de 52 años. Hay relatos que hablan de la existencia de tres pequeñas ermitas[6] levantadas en este periodo, pero no ha sido posible hallar sus vestigios arqueológicos. El canónigo Luis T. Montes de Oca logró reunir información al respecto y propuso que Juan Diego habitó al lado de estas ermitas y permaneció allí hasta su muerte, viviendo en este lugar literalmente como un ermitaño.

Imaginémonos la angustia que nuestros antepasados indígenas sintieron al no poder continuar con sus ritos prehispánicos. Una nueva construcción piramidal debía edificarse por aquellos años, pero era imposible. Por eso, en su lugar se levantaron unas ermitas, y ello fue posible gracias al relato de Juan Diego. Con el paso de los siglos estas ermitas fueron la inspiración para la construcción de la antigua Basílica de Guadalupe, y el complejo que alberga a la antigua y nueva basílica es conocido hoy por todos los mexicanos como la Villa de Nuestra Señora de Guadalupe.

En algunas edificaciones que hay dentro de la villa es evidente la presencia de iconografía de tipo prehispánico, como la flor de cuatro pétalos (asociada al tonalamatl, a la veintena y al guarismo para representar al cero), la misma que se observa en la fachada de la antigua basílica.

También hay una imagen esculpida en el exterior de una de las ermitas ubicada en el cerro del Tepeyac que revela la importancia que para nuestros antepasados tenía el Sol, la Luna y una singular estrella, que no es otra más que Venus. La tríada Luna, Sol y Venus fue un símbolo recurrente grabado en las estelas de los pueblos del Mediterráneo y del Medio Oriente, desde las remotas épocas de las culturas de Mesopotamia, Persia y Egipto.

Pero algo más importante que la misma decoración prehispánica de esta ermita fue el lugar en donde se edificó el templo, el cerro del Tepeyac. En náhuatl, Tepeyac significa la nariz del cerro, metáfora lingüística que alude a la culminación de la Sierra de Guadalupe. Desde este pequeño cerro es posible ver, en todo su esplendor, el horizonte oriental del valle de México. Los volcanes Popocatepetl e Iztaccihuatl y el cerro Papayotl son perfectamente observables desde este posicionamiento. El año puede ser medido a partir de los solsticios, y la Sierra Nevada estaba implicada en esta dinámica como el marcador de los años, de los solsticios de invierno.

En consecuencia, el Tepeyac fue el posicionamiento desde el cual el indio Juan Diego realizó sus observaciones astronómicas, principalmente las salidas del Sol sobre el horizonte, las salidas de la estrella de la mañana, Venus, y la Luna.

 

El mito guadalupano y la corrección gregoriana

La fecha en la cual se puso en marcha la corrección gregoriana, el 15 de octubre de 1582, correspondió en la secuencia del tonalpohualli al día 1-lluvia y constituye el primer día del periodo de 260 días que da término a 52 años de 365 días, contados a partir del 5 de julio de 1531.

La acción de restablecer la fecha original del 21 de marzo para el equinoccio de primavera, tal y como se tenía en el Concilio de Nicea, eliminando diez días en la cuenta del calendario juliano, pudo estar inspirado en la estructuración del tiempo de los antiguos mexicanos, que consideraban periodos de 52 años al estilo azteca. Si ello fue así, significa que la cultura occidental utilizó el conocimiento astronómico de nuestros antepasados, y eso constituye, desde mi punto de vista, un “verdadero milagro” porque fue un reconocimiento implícito al saber astronómico de nuestros antepasados indígenas.

Se trató de la “felicidad de México”, como bien lo dijera a mediados del siglo XVII el matemático mexicano Luis Becerra Tanco, refiriéndose al fenómeno guadalupano. Y esta expresión tiene sentido porque la coincidencia en los datos astronómicos y cómputos calendáricos puede ser vista realmente como un encuentro cultural, de comprensión y entendimiento profundo entre la cosmovisión amerindia y la europea. Este momento especial quedó sellado precisamente con la corrección gregoriana que actualmente rige el calendario moderno utilizado en toda la faz de la Tierra.

Así mismo, el hecho de designar al fenómeno Guadalupano como la “felicidad de México” no es sólo un bello título a la obra escrita por nuestro matemático. El significado de la palabra felicidad se asocia al de jubileo, término para computar un periodo de 50 años, dentro de las cronologías de la tradición judeocristiana.

Jubileo proviene del latín jubilaeus, y este vocablo deriva de jubilum, que significa alegría muy intensa y ostensible, la felicidad. El júbilo y la felicidad son estados de ánimo favorables de los seres humanos, y por eso se puede interpretar la frase “felicidad de México” como el “jubileo de México”, idea semejante transmitida por fray Diego Durán al referirse al ciclo de 52 años de los antiguos mexicanos:

 

“estos cincuenta y dos años llamaban los naturales una edomada al cabo de los cuales hacían una solemne fiesta a lacual llamaban nexiuhilpiliztli, que quiere decir, cumplimiento o atamiento de un círculo perfecto de años, que era venirse a juntar en este círculo redondo el fin de estos 52 años con el principio de ellos, con este número perfecto de 52, y hacían la solemnidad y fiesta que he dicho a la mesma manera y modo que antiguamente los judíos en su vieja ley celebraban el año del jubileo de cincuenta en cincuenta años.”[7] (sic)

 

El ciclo de 52 años no solo fue dividido en periodos de 260 días, sino que también en periodos de 360 días. Si se hace esto se verá que 52 años de 365 días cada uno equivale a 52 periodos de 360 días, más un remanente de 260 días. En este bloque de 52 años está la razón de ser a la fecha consignada para la aparición de la Virgen de Guadalupe.

Los 52 periodos de 360 días hacen un total de 18720 días, la centésima parte del gran ciclo maya o cuenta larga que equivalía a 1872000 días.

El periodo de 18720 días puede ser seccionado en series exactas de 117 días o de 160 días. Si optamos por la segunda posibilidad podemos notar que a los 160 días después del inicio de una serie de 52 años que comenzó el 5 de julio de 1531 se llegó al 12 de diciembre de 1531, la fecha consignada para la aparición de la Virgen de Guadalupe.

 

Los ciclos de 260 días y la Reforma gregoriana

El 5 de julio de 1531 dio inicio otro nuevo ciclo de 1508 años y sus primeros 52 años volvieron a comenzar en la combinación 1-lluvia. 52 años de 365 días hacen un total de 18980 días. Equivalen a 73 periodos de 260 días que, como se sabe, eran los ciclos sagrados del llamado tonalpohualli.

Al dar inicio el último periodo de estos 73 ciclos de 260 días, el 5 de octubre de 1582 (fecha juliana), se dio el cambio al 15 de octubre, la Reforma gregoriana, un silencioso homenaje a la sistematización del tiempo en los calendarios inventados y recreados por los antiguos mexicanos.

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Esquema 1. En este esquema queda explicado de manera gráfica como el calendario mexicano de 52 años de 365 días llamado Xiuhmolpilli se entrelaza con el calendario europeo para dar lugar al nuevo calendario que se usa actualmente en el mundo entero. El ciclo de 52 años civiles que va del 5 de Julio de 1531 al 1 de Julio de 1583, es un ciclo que hasta el día en que publiqué este escrito en el 2009, al parecer, aún no estaba descubierto en la literatura arqueológica. Constituye una de mis revelaciones al respecto del calendario mesoamericano.

 

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Esquema 2. En esta línea del tiempo se inscribe el cuadro anterior. Aquí se muestra un ciclo de 1508 años que comienza el año 24 DC. El Xiuhmolpilli que explica el mito Guadalupano y la Corrección Gregoriana es el último de 29 de ellos. Este último Xiuhmolpilli es el del esquema anterior, el esquema 1.

[1] Cuautlatohuac era el nombre original de Juan Diego, según Carlos de Sigüenza, y citado por Ramón Sánchez Flores, en su obra Juan Diego, México, Editorial Jus, 1981. Ver p. 55.

 

[2] Lorenzo Boturini y Benaducci, uno de los principales historiadores del fenómeno guadalupano, se expresó así de los diálogos que la virgen estableció con Juan Diego: los “dulcísimos coloquios”. Tomado de Juan Diego, op.cit.

[3] Ver Juan Diego, op. cit., p. 51.

[4] En nahuatl es más común el uso de la “u” que de la “o”, y los sonidos que producen estas grafías tienen en general el mismo significado. El maestro de esta lengua nativa, Eleonor Vázquez Hernández, oriundo de la sierra de Hidalgo, sostiene que el cambio en el nahuatl clásico de la “u” en “o” se debe a que los españoles al reinterpretar el idioma prehispánico usaron el mismo esquema que habían empleado para castellanizar los vocablos latinos que tienen una “u” al final de sílaba, es decir, lo cambiaron a “o”. A pesar de esta medida, muchas palabras que tienen su origen en esa lengua indígena siguen sonando como en la antigüedad, como los vocablos cempaxuchitl, cincuate, Tuxtla, Tula, etcétera.

[5] En algunos pueblos, como en Xochimilco, los habitantes de los barrios son llamados por un elemento simbólico del lugar en donde viven, y dicho elemento generalmente está relacionado con las imágenes religiosas de los templos. Así, tenemos que, por ejemplo, a los del barrio de San Juan se les llama borregos, porque San Juan carga este animal.

[6] Cfr. Las tres primeras ermitas del Tepeyac, del canónigo Luis T. Montes de Oca, citado por Ramón Sánches Flores en su obra Juan Diego, pág. 80.

[7] Mitos indígenas, op. cit., pp. 99 y 101.





Cristo, el equinoccio y la historia prehispánica en Mesoamérica.

7 03 2011
Cristo, el equinoccio y  la historia prehispánica en Mesoamérica.

Pintura de Cristo, estilo bizantino.

En la astronomía sin telescopio, la astronomía antigua, el equinoccio puede ser definido como el momento en el cual el sol se encuentra a la mitad de su recorrido aparente de norte a sur o de sur a norte, si se le observa desde un punto fijo en la tierra a lo largo de sucesivos amaneceres o atardeceres. En el ecuador terrestre este momento coincide con el paso cenital del Sol.
El equinoccio de primavera tuvo una gran importancia para la institucionalización de la religión cristiana inaugurada por Constantino en el año 325 después de Cristo. En esa fecha se recordaba el misterio mas profundo de la religión cristiana: la muerte y la resurrección de Jesús.
En el año del 325 d.C. se realizó un concilio o congreso para unificar criterios entre las dos grandes iglesias: la de oriente y la de occidente. El concilio se celebró en Nicea, Hoy, Iznik, Turquía, sitio en donde Constantino fundó su nuevo imperio: Constantinopla.

CONSTANTINO

CONSTANTINO

1000 años después, en 1325, al otro lado del mundo, sería el año de la fundación de la ciudad de México Tenochtitlan, dato curioso ¿verdad? El primero de abril del año 1325 comenzaba el año 2-casa.

Fundación de México Tenochtitlan.

Fundación de México Tenochtitlan.

La religión cristiana tuvo a la resurrección de Cristo como el mayor de sus misterios y sobre la cual basó su doctrina de un mundo mejor. El concilio consideró que a partir del 21 de marzo del año 325 se debían computar los tiempos para ritualizar la pascua de resurrección, esta fecha correspondía al equinoccio de primavera. En la actualidad se toma este dato para el cómputo de los años que fue considerado durante la reforma Gregoriana en 1582, para eliminar 10 días a la cuenta de los años al estilo Juliano. El calendario Juliano esta constituido por años de 365.25 días, sin embargo el año exacto tiene un valor un poco menor, 365.2422 días, y al cabo de casi 1300 años la iglesia católica se dio cuenta que el equinoccio de primavera ya no caía el 21 de marzo sino el 11 de marzo, diez días de diferencia. Lilius y Clavius, astrónomos y matemáticos fueron los encargados de hacer este ajuste aprobado por el papa Gregorio XIII. La reforma de llevó a cabo el 4 de octubre de 1582, día de San Francisco. Al día siguiente a esta fecha ya no fue 5 de octubre sino 15 de octubre
El mito Guadalupano y la corrección gregoriana
La fecha en la cual se puso en marcha la corrección gregoriana, el 15 de octubre de 1582, correspondió  en la secuencia del tonalpohualli al día 1-lluvia y constituye el primer día del periodo de 260 días que da término a 52 años de 365 días contados a partir del 5 de julio de 1531.
La acción de restablecer la fecha original del 21 de marzo para el equinoccio de primavera, tal y como se tenía en el Concilio de Nicea, eliminando diez días en la cuenta del calendario juliano, pudo estar inspirado en la estructuración del tiempo de los antiguos mexicanos, que consideraban periodos de 52 años al estilo azteca. Si ello fue así, significa que la cultura occidental utilizó el conocimiento astronómico de nuestros antepasados, y eso constituye, a mi parecer, un “verdadero milagro” porque fue un reconocimiento implícito al saber astronómico de nuestros antepasados indígenas.
Se trató de la “felicidad de México”, como bien lo dijera a mediados del siglo XVII el matemático mexicano Luis Becerra Tanco, refiriéndose al fenómeno Guadalupano. Y esta expresión tiene sentido porque la coincidencia en los datos astronómicos y cómputos calendáricos puede ser vista realmente como un encuentro cultural, de comprensión y entendimiento profundo entre la cosmovisión amerindia y la europea. Este momento especial quedó sellado precisamente con la corrección gregoriana que actualmente rige el calendario moderno utilizado en toda la faz de la Tierra.
Así mismo, el hecho de designar al fenómeno Guadalupano como la “felicidad de México” no es sólo un bello título a la obra escrita por nuestro matemático. El significado de la palabra felicidad se asocia al de jubileo, término para computar un periodo de 50 años, dentro de las cronologías de la tradición judeocristiana.
Jubileo proviene del latín jubilaeus, y este vocablo deriva de jubilum, que significa alegría muy intensa y ostensible, la felicidad. El júbilo y la felicidad son estados de ánimo favorables de los seres humanos, y por eso se puede interpretar la frase “felicidad de México” como el “jubileo de México”, idea semejante transmitida por fray Diego Durán al referirse al ciclo de 52 años de los antiguos mexicanos:
“estos cincuenta y dos años llamaban los naturales una edomada al cabo de los cuales hacían una solemne fiesta a lacual llamaban nexiuhilpiliztli, que quiere decir, cumplimiento o atamiento de un círculo perfecto de años, que era venirse a juntar en este círculo redondo el fin de estos 52 años con el principio de ellos, con este número perfecto de 52, y hacían la solemnidad y fiesta que he dicho a la mesma manera y modo que antiguamente los judíos en su vieja ley celebraban el año del jubileo de cincuenta en cincuenta años.”[1]
El ciclo de 52 años no solo fue dividido en periodos de 260 días sino que también en periodos de 360 días. Si se hace esto se verá que 52 años de 365 días cada uno equivale a 52 periodos de 360 días más un remanente de 260 días. En este bloque de 52 años está la razón de ser a la fecha consignada para la aparición de la Virgen de Guadalupe.
Los 52 periodos de 360 días hacen un total de 18720 días, la centésima parte del gran ciclo maya o cuenta larga que equivalía a 1872000 días.
El periodo de 18720 días puede ser seccionado en series exactas de 117 días o de 160 días. Si optamos por la segunda posibilidad podemos notar que a los 160 días después del inicio de una serie de 52 años que comenzó el 5 de julio de 1531 se llegó al 12 de diciembre de 1531, la fecha consignada para la aparición de la Virgen de Guadalupe.
Los ciclos de 260 días, el Tonalpohualli, y la Reforma Gregoriana.
El 5 de julio de 1531 dio inicio otro nuevo ciclo de 52 años y comenzó en la combinación 1-lluvia. 52 años de 365 días hacen un total de 18980 días. Equivalen a 73 periodos de 260 días que como se sabe eran los ciclos sagrados del llamado tonalpohualli.
Al dar inicio el último periodo de estos 73 ciclos de 260 días, el 5 de octubre de 1582, (fecha juliana), se dio el cambio al 15 de octubre, la Reforma Gregoriana, un silencioso homenaje a la sistematización del tiempo en los calendarios inventados y recreados por los antiguos mexicanos.

[1] Mitos indígenas, op. cit., pp. 99 y 101




Cristo y el equinoccio de primavera.

17 03 2010

Cristo y el equinoccio de primavera.

En la astronomía sin telescopio, la astronomía antigua, el equinoccio puede ser definido como el momento en el cual el sol se encuentra a la mitad de su recorrido aparente de norte a sur o de sur a norte, si se le observa desde un punto fijo en la tierra a lo largo de sucesivos amaneceres o atardeceres. En el ecuador terrestre este momento coincide con el paso cenital del Sol.

El equinoccio de primavera tuvo una gran importancia para la institucionalización de la religión cristiana inaugurada por Constantino en el año 325 después de Cristo. Mil años después se fundaría la ciudad de México Tenochtitlan.

En el año del 325 d.C. se realizó un concilio o congreso para unificar criterios entre las dos grandes iglesias: la de oriente y la de occidente. El concilio se celebró en Nicea, Hoy, Iznik, Turquia, sitio en donde Constantino fundó su nuevo imperio: Constantinopla.

La religión cristiana tuvo a la resurrección de Cristo como el mayor de sus misterios y sobre la cual basó su doctrina de un mundo mejor. El concilio consideró que a partir del 21 de marzo del año 325 se debían computar los tiempos para ritualizar la pascua de resurrección, esta fecha correspondía al equinoccio de primavera. En la actualidad se toma este dato para el cómputo de los años que fue considerado durante la reforma Gregoriana en 1582, para eliminar 10 días a la cuenta de los años al estilo Juliano. El calendario Juliano esta constituido por años de 365.25 días, sin embargo el año exacto tiene un valor un poco menor, 365.2422 días, y al cabo de casi 1300 años la iglesia católica se dio cuenta que el equinoccio de primavera ya no caía el 21 de marzo sino el 11 de marzo, diez días de diferencia. Lilius y Clavius, astrónomos y matemáticos fueron los encargados de hacer este ajuste aprobado por el papa Gregorio XIII. La reforma de llevó a cabo el 4 de octubre de 1582, día de San Francisco. Al día siguiente a esta fecha ya no fue 5 de octubre sino 15 de octubre.





El tonalpohualli en el horizonte oriental de Xochimilco

4 12 2009

 Un acercamiento al conocimiento de la astronomía prehispánica

22dic2005-065

Es ya conocido que en el pasado precolombino los antiguos pobladores de México tenían un amplio conocimiento acerca de la astronomía. Una de las mayores preocupaciones de nuestros antepasados fue el saber la duración exacta del año con el fin de sistematizar los periodos agrícolas.

A lo largo de siglos de paciente observación nuestros antepasados llegaron a saber que las estaciones estaban reguladas por la posición aparente que el Sol ocupaba al amanecer tomando como referencia las montañas por las cuales salía el astro rey.

Observaron que desde una misma posición a lo largo de un año el Sol no salía siempre por el mismo punto en el horizonte. Dicha estrella realiza  aparentemente un recorrido de sur a norte y de norte a sur. Sus puntos máximos de desplazamiento son los solsticios, y los equinoccios son los momentos en que el Sol está a la mitad de su camino. El tiempo de este recorrido es lo que constituye un año de 365 días aproximadamente.

En Xochimilco al parecer el año y los solsticios fueron medidos por los antiguos astrónomos xochimilcas desde un posicionamiento fijo, que fue la cúspide del cerro emblemático de la región llamado Xochitepec.

Desde este punto de observación resulta en verdad sorprendente cómo, durante el solsticio de invierno, cuando el Sol alcanza su punto máximo de desplazamiento hacia el sur, el astro rey surge por la punta del volcán Popocatepetl.[1]

Sin embargo, no sólo el año era medido sino también un sui géneris calendario de 260 días, llamado tonalpohualli, que al escribirse en sendas tiras de papel amate recibió el nombre de tonalamatl.[2]

Desde el Xochitepec la serie de 260 días al parecer también fue calculada, y el cerro Papayo es el punto geográfico sobre el horizonte oriental por donde surge el Sol a los 260 días después del solsticio de invierno.[3] Se trata del tonalamatl completo señalado en la Sierra Nevada y que tiene el Xochitepec como el eje de observación.

El Sol al amanecer surgiendo del cerro Papayo, a los 260 días del solsticio de invierno.

El Sol al amanecer surgiendo del cerro Papayo, a los 260 días del solsticio de invierno.

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Esquema fotográfico en donde se muestra los puntos por donde surge el Sol visto desde Xochitepec en el solsticio de invierno y a los 260 días. El 22 de diciembre por la cima del Volcán Popocatepetl, el 7 de septiembre por el cerro Papayo, “papallotl”

En el principio del siglo XVI, cuando los europeos llegaron a tierras americanas, el solsticio de invierno sucedía en los alrededores del 12 de diciembre, fecha astronómica que evidentemente estuvo asociada al culto Guadalupano. Si a partir de esta fecha se cuentan 260 días se llegará al día 28 de agosto.[4] Para los pueblos originarios de Xochimilco estas dos fechas resultan reveladoras pues constituyen los días en los cuales se realizan las dos peregrinaciones más significativas que convocan a un gran número de pobladores de la región: la de la villa de Guadalupe y la de Chalma.

Esquema fotográfico en donde se muestra los puntos por donde surge el Sol visto desde Xochitepec en el solsticio de invierno y a los 260 días.

Con base en mis observaciones sostengo que el tonalamatl, prohibido durante el proceso de evangelización, fue guardado inteligentemente por los indígenas xochimilcas mediante el esquema ritual de la recién llegada religión católica.

La existencia del cerro Papayo como marcador solar da sentido al calendario ritual y constituye una singularidad en el contexto de las investigaciones arqueoastronómicas. Hasta el momento no se conoce un marcador en otras latitudes mesoamericanas en el que explícitamente esté presente el tonalamatl en función de los calendarios de horizonte.

Si esta particularidad sólo se dio en Xochimilco, nuestra región desde hace mucho tiempo debió haber sido considerada como una zona especial en donde se medía el año solar y el calendario ritual de 260 días, que acompañó no sólo a nahuas, sino también a  mayas, mixtecos, zapotecos, purépechas, entre otros.

En conclusión, el cerro de Xochitepec posee la peculiaridad de computar no sólo el solsticio de invierno, como lo apunta Zimbrón, sino también de medir la serie sagrada de los 260 días. Y dada la coincidencia del cerro Papayo como marcador solar que da fin al cómputo del tonalamatl resulta un verdadero milagro su ubicación geográfica en el paisaje oriental del valle de México.


[1]Este dato fue obtenido por el investigador Rafael Zimbrón. Ver “El solsticio de invierno en el Cerro Xochitepec”, en Nosotros, revista de reflexión y difusión, México, D.F., número 76, enero de 2005, pp. 19 y 20.

[2] El tonalamatl era un calendario ritual que estaba compuesto por la combinación de trece números y veinte símbolos. Los números eran representados por trece animales alados y los símbolos por veinte animales, objetos rituales, fenómenos naturales, astros celestes, y ciertos vegetales. Con este calendario se tejía la urdimbre cósmica del tiempo, se estructuraba el año solar de 365 días y se podían predecir los periodos de eclipses.

[3] Este dato fue obtenido por el autor de estas líneas y publicado en Enero del 2009, ( periódico “El AZOTADOR, del pueblo y para el pueblo” y para ello fue necesario realizar varias visitas anuales al Xochitepec para registrar esta observación.

[4] Si se hacen los ajustes necesarios, debido a la corrección gregoriana realizada en 1582, las fechas 12 de diciembre y 28 de agosto se han desplazado actualmente al 22 de diciembre y al 7 de septiembre, respectivamente. El 22 de diciembre corresponde al solsticio de invierno.