Coyolxauhqui, la deidad del fuego patrona Venusina de los Xochimilcas.

20 05 2019

 Coyolxauhqui, la deidad del fuego patrona Venusina de los Xochimilcas.

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Coyolxauhqui fue una deidad importante del panteón prehispánico. Era la diosa del fuego y tenía su sacerdotisa que moraba en un sitio  llamado Chantico o  Tlilan, un templo oscuro en donde se cuidaba y guardaba el fuego. En los textos del siglo XVI existe una confusión en cuanto a su nombre. Se le llama Chantico pero en realidad es Coyolxauhqui. De manera que en este pequeño ensayo al definir estas dos palabras nos revelará quien era esta diosa.

 

 Chantico

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Chantico-Coyolxauhqui

La palabra Chantico significa en lengua náhuatl “En el fuego del hogar”. En náhuatl la terminación “co” es un sufijo que se traduce como “en”, “lugar” o “sitio”. Chantico por lo tanto es un lugar, un sitio. Sin embargo en las fuentes escritas del siglo XVI se le asocia como nombre propio a una deidad femenina. En el proceso de aculturación entre los frailes europeos y los indígenas americanos la comunicación no se dio de manera fluida y correcta y el resultado fue que se le denominara de una manera errónea a objetos o fenómenos de la naturaleza. El gran fuego del hogar se encontraba en un sitio llamado el Tlilan[1], “lugar de la oscuridad” y de ahí es muy probable que los moradores tomaran el fuego para sus quehaceres  cotidianos.

 

Hoy en día es muy fácil obtener el fuego, basta un cerillo y carbón o una conexión de gas pero antiguamente esto no existía. Si bien se sabía cómo obtener fuego a través de la fricción de dos maderas, esto no se hacia todos los días. En Europa hasta el siglo XIX se contó con los cerillos como los que conocemos actualmente, pero en la antigüedad y concretamente en la antigua Roma, quienes cuidaban del fuego eran unas doncellas llamadas las vestales. Existen semejanzas sorprendentes entre estos personajes y Coyolxauhqui.

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Las Vestales, mujeres encargadas de cuidar el fuego del hogar

 

Chantico también es 9-perro, chicnahui itzcuintli. Esto es así porque en 1518 se dio un paso de Venus por el disco solar en un día 9-perro. El ave que acompaña al número nueve, de la trecena de animales alados, es el guajolote por eso también a Chantico se le asociaba con Cuaxolotl.

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9-perro, Chicnahui itzcuintli

 

Coyolxauhqui

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Cabeza de Coyolxauhqui encontrada a finales del siglo XIX.

 

La palabra Coyolxauhqui significa en náhuatl, literalmente, “la que tiene adornos de coyol”. Podría también significar “la que se dedica a elaborar adornos de coyol”

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Coyoles

 

Los coyoles son un fruto no comestible, que en el centro tiene una semilla muy dura y con la cual se confeccionan anillos. Antes del descubrimiento del gran monolito de Coyolxauhqui en el Templo Mayor de la Ciudad de México, el 24 de febrero de 1978, existía otra escultura que representaba a la misma deidad. Se trataba de una enorme cabeza, descubierta en 1825, detrás de la Catedral, que estaba adornada con los símbolos de los característicos coyoles que lleva en las mejillas. El arqueólogo Eduard Seler (1849-1922), la estudió y dejó entrever que por su similitud con Chantico, considerada la diosa del fuego nuevo y del hogar, podría ser la misma divinidad[2]. Henry Bigger Nicholson (1925-2007), norteamericano erudito en la cultura mesoamericana escribió todo un ensayo en donde nombra a la pieza encontrada en la capital mexicana como Chantico-Coyolxauhqui.

 

Coyolxauhqui era la diosa del fuego nuevo, ella llevaba la cuenta de los días, no solo de los años que debía computar cada 52 años para celebrar un fuego nuevo, sino también dos de estos periodos que hacen 104 años para computar 65 revoluciones sinódicas del planeta Venus, de 584 días cada revolución. La insignia que porta Chantico, que surge de sus espaldas llamada atlachinolli, es el símbolo de los 584 días que tardan Venus y la Tierra para alinearse con el Sol. El atlachinolli es un símbolo formado por dos bandas, una de ellas es el agua y la otra el fuego. El agua formada por un camino de caracoles, y el fuego por una mariposa al final de la banda.

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En un estudio que realicé al atlachinolli concluí que este símbolo es la representación del periodo sinódico venusino y está asociado astronómicamente a la fundación de México Tenochtitlan y a su escudo fundacional, en donde la serpiente que lleva el actual escudo nacional era en la antigüedad el atlachinolli, como lo demuestra la piedra llamada el Teocalli de la guerra sagrada, que se encuentra en el Museo Nacional de Antropología e Historia.

Los ciclos de 584 días, atlachinolli y el mito fundacional de Mexico Tenochtitlan

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Escultura del Teocalli sagrado. Se observa el escudo primigenio de la bandera de México, el águila tiene en su pico al Atlachinolli.

 

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Diseños del Atlachinolli

 

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Coyolxauhqui portando el Atlachinolli en su cabeza

 

La astronomía fue el soporte intelectual que dio razón de ser al proyecto de la fundación de México-Tenochtitlan. Si en aquella época hubo un lugar en la geografía de la Tierra adecuado para vivir, pero sustentado por datos astronómicos, ese lugar fue, sin duda alguna, el valle de México.

Vista en perspectiva, la fundación de México-Tenochtitlan constituyó un ambicioso proyecto que en ese entonces una comunidad humana pudiera haberse propuesto, dado que sintetizó el conocimiento que se tenía del espacio y el tiempo, tomando como punto de partida los ciclos astronómicos de Venus y la Tierra.

En ese sentido, la creación de la ciudad prehispánica fue la culminación de un proceso de búsqueda del sitio en donde se reflejara un dato importantísimo para los aztecas y los pueblos mesoamericanos: el cómputo de los 584 días, que es igual a una revolución sinódica de Venus (RSV).[3] Y ese lugar fue justamente el valle de México, donde la peregrinación azteca fundó México-Tenochtitlan, la misma que está enmarcada espacial y temporalmente por una RSV.

En dicho valle se suceden 584 días, contados a partir de un solsticio de invierno al cuarto paso del Sol por el cenit, es decir, desde una época de frío intenso hasta otra de máximo calor. Concretamente, es una franja que corre en las proximidades del paralelo 19.40º, al norte del ecuador terrestre.[4]

De Venus se consideró el ciclo de 584 días,[5] que dura su revolución sinódica; estos 584 días se contaron desde el solsticio de invierno, punto máximo del desplazamiento aparente del Sol sobre el horizonte; lo último fue localizar la región geográfica en donde se diera un paso cenital al término de una RSV. Estos tres elementos astronómicos (el ciclo de una conjunción venusina, los inicios del año a partir del solsticio de invierno para el hemisferio norte y los pasos cenitales del Sol sobre la Tierra), determinaron el tiempo y el espacio en el cual debían asentarse las tribus náhuatlacas.

El paso cenital,[6] que es la verticalidad del Sol sobre la Tierra, fue el sitio cósmico-geográfico que concretó este proyecto. Del solsticio de invierno al cuarto paso[7] cenital del Sol por el valle de México se registran puntualmente 584 días.

En la Piedra del Sol se puede inferir la existencia de un periodo de 584 días asociado a las fechas correspondientes al proceso para la fundación de México-Tenochtitlan. Esta fecha es el 26 de agosto de 1323 d.C., día 1-lluvia, año 13-carrizo, a 1300 años del inicio del ciclo de 1508 años, cuando estaba en marcha.

Los periodos sinódicos del planeta Venus se tenían sistematizados adjudicándole un valor de 584 días para cada uno de ellos. Este planeta estuvo asociado al héroe cultural de Mesoamérica llamado Quetzalcoatl.

El Templo mayor le dedicó un lugar especial al culto para esta deidad benefactora construyéndole un edificio circular desde donde se podía ver hacia el oriente la majestuosidad de los templos dedicados al colibrí izquierdo, Huitzilopochtli, y a la lluvia, Tlaloc.

Un ciclo de 52 años contiene 32 periodos de 584 días y un remanente de 292 días.

El ciclo de 52 años podía iniciar con una serie completa de 584 días, de tal forma que un día después al cómputo de uno de estos ciclos venusinos se llegaba al inicio de un año al estilo antiguo de los toltecas. Al comenzar el fuego nuevo que tenía al día 1 lluvia como su símbolo inicial se estaba en el día 26 de agosto de 1323 d.C, y 584 días después de esta fecha se daba la combinación 13-casa, que en el calendario juliano correspondía al 1 de abril de 1325.

La combinación 13-casa era el inicio del antiguo año tolteca 2-casa, fecha en la que de acuerdo a las fuentes fue se fundó la ciudad de México-Tenochtitlan.

La arqueoastronomía, según el investigador Jesús Galindo Trejo, reporta que el 9 de abril gregoriano se alinea la base arquitectónica del Templo mayor con la puesta del sol.[8]

Esa fecha gregoriana corresponde a su equivalente, juliana 1 de abril del año 1325.

Después de este largo paréntesis regresemos al monolito circular de la Coyolxauhqui, este tiene muchos de los adornos de Chantico, como se muestran en los códices prehispánicos, los coyoles en las mejillas, los símbolos del año en la nariz y en las orejas, la cabeza tapada con un atuendo de algodón y el atlachinolli, que en esta escultura está representado por el día calendárico 12-serpiente de Quetzalcoatl, el héroe cultural de América que estaba asociado al planeta Venus.

¿Y cómo se encuentra o donde se localiza  este día? La escultura presenta once serpientes claramente grabadas y una doceava que debe de estar detrás de la cabeza de Coyolxauhqui, pero que fue imposible grabarla a menos que se hubiera alargado el cuerpo de esta serpiente para poderla visualizarla en un primer plano. El día 12-serpiente es uno de los días dedicados a Quetzalcoatl porque su nombre contiene al pájaro quetzal y a la serpiente, coatl. Si se comienza a contar desde el día 1-cocodrilo, en un tonalpohualli primigenio de 260 días, se llega al día 12 como el final de 584 días, y a la serpiente como el inicio de un nuevo ciclo de 584 días. El número 12 era representado, dentro de los trece animales alados del tonalpohualli, como el pájaro quetzal.

 

Xochimilco, morada de Chantico-Coyolxauhqui

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Foto antigua de la Parroquia de San Bernardino de Siena

 

Chantico-Coyolxauhqui tenía su dualidad masculina y era Huehueteotl, el dios viejo del fuego. Era quien llevaba la cuenta solar del huehuetiliztli, periodos de 104 años, Chantico hacía lo propio computando 104 años de 365 días cada uno pero considerando que en este tiempo se completaban 65 periodos de 584 días asociados al ciclo sinódico venusino.

En Xochimilco se llevaba la cuenta de Venus y el Tlilan era el lugar para registrarla. Algunos arqueólogos han sugerido que este sitio se localizaba en donde actualmente está la parroquia de San Bernardino de Siena.

Lo enigmático del monolito redondo de la Coyolxauhqui está en descifrar por qué se la representó a esta deidad como muerta y cercenada de las extremidades y de la cabeza. Debió haber sufrido mucho esta mujer al morir de esta manera tan cruel. Para comprender este suceso final que dio muerte a esta deidad hay que tomar en cuenta una leyenda antigua que decía que cuando iba a nacer Huitzilopochtli de su madre Coatlicue, la madre de los dioses, sus hermanos las innumerables estrellas, centzun huitznahuac, y Coyolxauhqui se enojaron pues el hermano que venía no había sido concebido debidamente. Cuando nació Huitzilopochtli llegó con todas sus armas de guerra y acabó con sus hermanos y a su hermana Coyolxauhqui la desmembró y mutilo aventándola al universo. Huitzilopochtli era el Sol, sus hermanos las estrellas y Coyolxauhqui una representación venusina.

 

 

Sincretismo en la fiesta de Xaltocan asociada Coyolxauhqui.

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Virgen de los Dolores

 

Xaltocan es un barrio perteneciente a la comunidad originaria de Xochimilco. Su fiesta es movible pues se coloca en función del solsticio de invierno y a las lunaciones. Está asociada al carnaval y por ende a la Semana Santa. Pero curiosamente en esta fiesta se venera a la bandera mexicana la cual se pasea por los alrededores de este barrio en el marco de una ritualidad bien establecida. Lo interesante del caso es su asociación con la celebración oficial en México del Día de la Bandera, el 24 de febrero.

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La Bandera de México

 

En la fiesta de Xaltocan la imagen católica a la que se rinde culto es la Virgen de los Dolores, la Dolorosa, quien en la historia cristiana representa a la Virgen María, madre de Cristo, que sufre por la muerte de su hijo[9]. Su festividad en el mundo católico se da en el viernes de Dolores, el 15 de septiembre, fechas que no fueron escogidas para el culto a la Virgen de Xaltocan. Los indígenas xochimilcas eligieron más bien el 24 de febrero gregoriano, fecha en la que las paredes norte y sur de la base del Tlilan en donde se erigió el templo de San Bernardino de Siena, se alineaban con el Sol al amanecer[10], en mi opinión corresponde a la fecha en  la que iniciaban los fuegos nuevos de una serie de 1508 años[11]. La Dolorosa no es sino la imagen sincrética de Chantico-Coyolxauhqui, personaje femenino que representó el dolor humano al haber muerto de una manera  desgarradora porque fue cercenada en sus extremidades[12].

 

Arqueoastronomía en el culto a Coyolxauhqui-Chantico en Xochimilco

Chantico fue la deidad femenina de los fuegos nuevos, se le rendía culto en el Tlilan, también llamado Chantico, un lugar oscuro que se encontraba en el centro de Xochimilco en donde actualmente se asienta la parroquia de San Bernardino de Siena. Estudios realizados por Tichy y Sprajt, dos arqueoastrónomos que midieron una infinidad de puntos estratégicos en donde se ubicaron asentamientos humanos importantes del valle de México dan cuenta que el Templo Franciscano de San Bernardino de Siena está construido bajo una traza que se alinea en sus lados norte y sur con la salida del sol un 24 de febrero gregoriano. Esta fecha es significativa pues corresponde a la misma fecha astronómica que se dio el 27 de febrero anterior a la era cristiana, fecha en la cual iniciaron los fuegos nuevos de una serie de 29 de ellos que hacen un total de 550420 días.

Los pueblos de Xochimilco llevaban el cómputo de los años y de los fuegos nuevos a partir por lo menos del año anterior a la era cristiana. La erupción del volcán Xihtle que se dio por esas épocas los hizo desplazarse hacia el norte del valle de México pero tenían en la memoria que un día regresarían cosa que hicieron 1300 años después, siendo ellos los primeros de 8 tribus que repoblaron la cuenca de México ubicándose en donde actualmente siguen desarrollándose..

 

Tradición oral.

Un cuento de mis abuelos: Mi abuelo y mi abuela por parte de mi mamá se llamaban Sebastián Cortés y mi abuela Salomé Anzures. Ellos nos contaban desde pequeños una historia que en síntesis decía que había una señora casada que en las noches se quitaba los pies y los dejaba en el fogón sobre un tlecuil, o brasero. Se iba volando y regresaba más tarde para recobrar sus extremidades. Un día su esposo se dio cuenta de ello y le escondió sus pies. Ella muy enojada le pidió a su esposo que le regresaran sus pies. Después de tantos ruegos se los devolvió con la promesa de que ya no volvería a hacer eso. Fin del relato. ¿Sería acaso un relato asociado Coyolxauhqui?. Mis abuelos vivieron siempre en el centro de Xochimilco, mi abuela era del barrio de los sabios Chililicos y mi abuelo era del Barrio de San Cristóbal. Al casarse se asentaron en el barrio de San Juan, en donde también tenían familiares. Eran unos auténticos chinampatecas pues hacían su vida en las chinampas sembrando para la subsistencia familiar. Hablaban de la mictancihuatl, así en lengua náhuatl, la señora de la región de los muertos, Coyolxauhqui bien podría ser la señora de la región de los muertos haciendo referencia a la imagen visual del monolito encontrado en el centro de la ciudad de México.

Raúl González Cortés, 20 de mayo de 2019.

[1] Esta observación fue anotada por el fraile Diego duran en el siglo XVI, mencionada por Seler a principios del siglo XX y vuelta a mencionar en 1984 por el historiador Xochimilca José Farias Galindo.

[2] “Hay indicios para suponer que la naturaleza de Coyolxauhqui, hermana de Hitzilopochtli, es bastante afín a la diosa de Xochimilco” Eduard Seler. Refiriéndose a Chantico como la diosa de Xochimilco. Pag 225, Eduard Seler, Comentarios al códice Borgia, tomo II. FCE, El texto original data de 1906 y fue publicado por el FCE en 1963.

 

[3] Como ya se ha dicho, el planeta Venus estuvo asociado al héroe cultural de América, Quetzalcoatl, dios que después de ser expulsado por su pueblo al que tanto amó se inmoló convirtiéndose en la estrella de la mañana.

[4] Actualmente, el paralelo 19.40º corre de Veracruz, en el golfo de México, hasta Colima, en el océano Pacífico. La Ciudad de México se ubica en el tercio de la distancia recorrida por esta línea imaginaria que atraviesa una parte de superficie territorial de la República mexicana, de oriente a poniente. Este paralelo tiene la particularidad de ser el espacio en donde el Sol cenital concluye su desplazamiento a lo largo de 584 días, a partir del solsticio de invierno, que se registra el 22 de diciembre en el hemisferio norte. El inicio de estos 584 días, desde una posición cenital del Sol, se presenta en el trópico de Capricornio, que está en el hemisferio sur, durante el solsticio de verano. En las costas del Pacífico corresponde a la zona del desierto de Atacama, en Chile, lugar en donde se han localizado geoglifos asociados a la cultura Nazca, en Perú.

[5] El hecho astronómico de computar los ciclos sinódicos de Venus es en sí un verdadero prodigio de la evolución intelectual de nuestros antepasados, ya que para ello fue necesario observar, durante consecutivos amaneceres y atardeceres, la estrella que tanto les llamaba la atención. Si las condiciones meteorológicas lo permitían podían anotar en qué momento Venus regresaba a su posición inicial. Darse cuenta de que aquella estrella era un planeta requirió de paciencia, pero, sobre todo, de meticulosa observación del movimiento de los astros. Y el asombro se magnifica si a esto le agregamos que también sabían en qué momento se daban los tránsitos de Venus por el disco solar.

[6] El cenit que se produce mientras se presenta el solsticio de invierno en el hemisferio norte, se ubica exactamente al sur del ecuador, en el trópico de Capricornio. Si quienes llevaron a cabo la hazaña de localizar el paralelo cenital, en donde se suceden 584 días a partir del solsticio de invierno, iban “persiguiendo al Sol” en sus momentos cenitales, podemos deducir que la “carrera” comenzó de sur a norte, partiendo de las costas sudamericanas. En este hemisferio se estaba en el solsticio de verano. Estos “cazadores” del astro rey determinaron a lo largo de algunos años el punto exacto por donde cruzan los trópicos de Capricornio y Cáncer, al sur y al norte del ecuador. Para localizar el punto cenital por donde se sucedían 584 días, a partir del solsticio de invierno para el hemisferio norte, sólo bastó descansar un año después de la carrera de sur a norte del trópico de Capricornio al de Cáncer, y después alcanzar de nuevo al Sol por 37 o 38 días en sus momentos cenitales, pero ahora de norte a sur. Este recorrido de norte a sur es quizá lo que los antiguos mexicanos recordaban en sus crónicas acerca de la peregrinación que los llevó hasta el valle de México.

[7] El cuarto paso es uno de los nombres esotéricos de Quetzalcoatl, que en nahuatl antiguo se decía nacxit. Ese cuarto paso puede refirse al cuarto paso cenital del Sol, a partir del solsticio de invierno, observado desde el paralelo que cruza el valle de México. Durante esta secuencia han transcurrido 584 días, que corresponde al ciclo sinódico venusino.

[8] Galindo Trejo, Jesús, “Entre el ritual y el calendario. Alineación solar del Templo Mayor de Tenochtitlan”, en Arqueología Mexicana, Calendarios prehispánicos, México, Instituto Nacional de Antropología e Historia, enero-febrero 2000; pp. 26-29.

 

[9] El historiador xochimilca José Farías Galindo apunta en su libro “Xochimilco”: “Nuestra Señora de los Dolores, la patrona del barrio, (de Xaltocan), y en sí de Xochimilco, se le hace una fiesta de quince días, antes del martes de Carnaval”

[10] “En la época moderna, en 1991 el geógrafo alemán Frank Tichy (1991) midió la orientación de la parroquia de San Bernardino, y encontró que su eje se dirigía a 11°  hacia el sur. Luego el arqueo astrónomo esloveño Sprajt, calculó las fechas de las salidas del Sol, atrás de la Iglesia, y determinó que el 24 de febrero era el primer alineamiento con el astro…” Revista NOSOTROS, No. 71, pag. 19. El altar de la Iglesia de San Bernardino de Siena y su relación con el volcán Iztaccíhuatl, por Juan Rafael Zimbrón Romero.

 

[11] El 24 de febrero gregoriano corresponde al 27 de febrero del año anterior de la era cristiana. Estas fechas son en términos astronómicos en relación a las salidas del Sol al amanecer las mismas. En esa fecha comenzó el primer fuego nuevo de una serie de 29 de ellos. Cada fuego nuevo contiene 52 periodos de 365 días. Este dato abona para sustentar la tesis del origen del sistema calendárico mesoamericano expuesto en el libro: “1508, los fuegos del tiempo”. Esta fecha 24 de febrero contemporánea no corresponde, como escribe el Dr. Rafael Zimbrón, al inicio de los días nemontemi. Mi propuesta es que corresponde al primer día del inicio del primer año del primer fuego nuevo ocurrido el 27 de febrero del año anterior a la era cristiana. Los nemontemi anteriores se dieron el 22,23,24,25 y 26 de febrero de ese mismo año. En el año 2018 los nemontemi se dieron el 18, 19, 20, 21 y 22 de octubre. Los inicios de años se van recorriendo hacia atrás conforme pasa el tiempo pues los antiguos mexicanos no tenían bisiesto y sus años eran de 365 días.

[12] El historiador Joaquín Praxedis Quesada propone en un ensayo titulado “Cihuacoatl, diosa tutelar de Xochimilco” que esta deidad fue suplantada por la Virgen de los Dolores. En este artículo se lee que Cihuacoatl es Tonantzin e ilustra el texto con una imagen de la Coaticue.

Al respecto hay que decir que en diversos textos del siglo XVI hay una confusión en relación a deidades prehispánicas. En particular a las deidades femeninas asociadas a serpientes y muerte tenemos las siguientes denominaciones que no representan siempre la misma cosa. Estas son: Cihuacoatl, Chicomecoatl, Mictlancihuatl, Coatlicue,  Coyolxauhqui y Chantico.

Cihuacoatl es la mujer serpiente.

Chicomecoatl es siete serpiente y es la diosa de los mantenimientos.

Mictlancihuatl es  la señora de la región de los muertos.

Coatlicue es la madre de los astros, la señora de faldas de serpiente, de los dioses, nuestra madre Tonantzin. Coyolxauhqui es la que se dedica a elaborar joyas de oro y plata utilizando los coyoles.

Chantico es un lugar confundido con una deidad. Según este análisis Cihuacoatl, Coatlicue y Tonantzin son la misma deidad. Asimismo Chantico y Coyolxauhqui son semejantes y corresponden a representaciones de Venus. Mictlancihuatl está más cerca de Coyolxauhqui por la representación escultórica del monolito circular del centro de México que tiene la imagen grabada de la muerte.