Origen sudamericano del Tonalpohualli

30 04 2021

Este artículo es parte de mi libro titulado: “1508, los fuegos del tiempo”

Procedencia sudamericana del tonalpohualli

La cuenta sagrada de los 260 días, tan utilizada durante la época prehispánica en toda la zona mesoamericana, por culturas como la olmeca, la zapoteca, la maya, la mixteca y la mexica, entre otras, podría haberse originado en latitudes diferentes en donde estos pueblos habitaron.

Sé que es un pensamiento a contracorriente porque la mayoría de los investigadores sostienen que fue un calendario nacido en Mesoamérica. Pero existen algunos elementos de peso que señalan a la región de Sudamérica como la cuna de este calendario, concretamente, en las costas y selvas que colindan con la cordillera de los Andes, en Perú, Ecuador y Chile.

Voy a explicar esta posición. El habitante prehistórico de la amazonia sudamericana, que vivía de los recursos de la selva, vio en la montaña un mejor hábitat, alejado de las fieras y de los inconvenientes naturales de la jungla. Ya instalado en la montaña este ser humano cambió su forma de vida y necesitó domesticar en las alturas algunas especies de plantas comestibles extraídas de su paraíso perdido. El nuevo ser humano se estaba convirtiendo en un individuo sedentario y con ello conocedor de las estaciones y del tiempo.

Un nuevo reto representó cruzar las nieves andinas, las alturas en donde se escondían las nubes. Pero una vez superado este desafío pudo establecerse en las orillas occidentales de la cordillera, más cerca del mar, y con ello ir al descubrimiento  de la pesca y de la navegación marítima.

Por lo tanto, el antiguo habitante de la región andina fue un profundo conocedor de cuatro diferentes estilos de vida: la selva, la montaña, la costa y el mar. La historia arqueológica de estas regiones apunta en ese sentido. La domesticación de animales y plantas para el consumo humano extraídos de la selva desde hace más de 10 000 años revela la antigüedad de estos seres. Plantas como el maíz, la calabaza, el chile, el cacahuate, el cacao, asociadas automáticamente a las culturas mesoamericanas e imprescindibles en su alimentación y mitología, fueron domesticadas en la región andina, provenientes de la selva, desde hacía tiempo antes de que en la zona mesoamericana formaran parte de su uso cotidiano y de su discurso ritual.[1]

Por eso, la región andina debió de haber sido una especie de Mesopotamia de América, y de alguna manera también del mundo, y en donde surgió probablemente un polo de difusión de la cultura astronómica.

Así mismo, elaboraciones mitológicas tan profundas y complejas, como las asociadas al agua, la lluvia o al maíz, al parecer fueron producidas primero en los Andes y, posteriormente, exportadas y recreadas en Mesoamérica. De allí que deidades de un alto valor significativo, como Tlaloc y Quetzalcoatl, tienen un paralelismo con sus homólogas andinas de las culturas de Tolita,[2] Chavín de Huantar,[3] Tiahuanaco[4] y Nazca.[5] En las mismas lenguas nativas hay algunas palabras que en cuanto a su sonido poseen el mismo significado en una cultura y otra.[6]

También las imágenes dibujadas en las cerámicas de las culturas peruanas de Mochica[7] y Paracas,[8] semejantes en cuanto a su compleja elaboración, refuerzan la idea de que efectivamente en un remoto pasado existió una fuerte conexión cultural entre el norte y el sur del continente americano. Pero quizá lo más sorprendente es que las latitudes en donde el tonalpohualli aparece como una secuencia de 260 días, asociado a los pasos cenitales, corresponde a dos grandes polos de difusión de la cultura andina y mesoamericana: Nazca y Copán, respectivamente.

Nazca, ¿la cuna geográfica del cómputo astronómico del tonalpohualli?

La ciudad de Nazca está situada en Perú, en América del Sur, en el paralelo 15°. Ubicada en el departamento de Ica, Nazca es una región desértica en donde se desarrolló una gran cultura. Uno de los vestigios más conocidos de esta cultura son sus famosas pistas, que son alineaciones de piedras que se extienden por esta planicie y que, según el astrónomo norteamericano Paul Kosok, y la matemática y astrónoma alemana Maria Reiche Neuman, constituyen una especie de urdimbre ligada a la astronomía y a los calendarios precolombinos.

Las líneas de Nazca son un libro abierto en donde se puede estudiar la antigua astronomía prehispánica. En este sentido, el tonalpohualli quedó registrado, no en forma de códice o estela, a la manera de los olmecas, zapotecas, toltecas, mayas y aztecas, sino por medio de grandes líneas dibujadas en la superficie de una extensa planicie, donde se realizaban cálculos astronómicos asociados al cómputo del año. Nazca es, justamente, el sitio geográfico en Sudamérica en donde se da la secuencia de 260 días en función de los pasos cenitales.

Por otro lado, Nazca fue también una región difusora de una gran cultura, así lo demuestra la gran cantidad de objetos arqueológicos, cerámicas, textiles y entierros que se han hallado en ese lugar y en las áreas de su influencia. Pero ¿hasta dónde llegó su predominio?

Estamos acostumbrados a considerar a las culturas preamericanas como entidades aisladas, como culturas que poco o nada tienen que ver entre ellas. Sin embargo, considero que esto no es así. Por ejemplo, el estudio sistemático del área mesoamericana revela el coherente tejido de la trama espacio-temporal que articuló vastas regiones superando las  particularidades étnicas de cada una de ellas.

De la misma manera, en la zona centroamericana y sudamericana las sociedades antiguas también estaban acopladas en una misma urdimbre cultural, dominada por los mayas y los nahuas al norte, y al sur por los mochicas, aimaras, huaris e incas. Entonces, no es nada aventurado creer en la posibilidad de que toda la América precolombina estuviera profundamente cobijada bajo el mismo techo cultural que permeaba la vida cotidiana de los antiguos americanos. O por lo menos, en lo que se refiere a los conocimientos astronómicos, estoy seguro de que ellos sí estaban conectados.

Una escena hipotética de esa época podría ser la siguiente. Un grupo de seres ocupados en la astronomía deambulaba de un lugar a otro a lo largo del continente, y en este sentido las costas occidentales eran una de las rutas naturales preferidas para buscar ciertas posiciones solares, como los solsticios, los equinoccios y los pasos cenitales. Este grupo de sabios compartía su conocimiento con colegas de otras culturas. Quizá quienes se encargaban de tal actividad eran los toltecas,[9] un linaje de estudiosos de la ciencia y de las artes que a lo largo de toda Mesoamérica y Sudamérica iba depositando sus conocimientos entre los pueblos. La presencia de la greca escalonada como el símbolo del héroe civilizador de América, Quetzalcoatl, en el norte, y Wayracocha, en el sur, es uno de los elementos clave de esta relación.

El hallazgo de determinados datos astronómicos ligados a sus sistemas calendáricos fue sellado con la construcción de grandes ciudades en Mesoamérica y en Sudamérica. Los datos astronómicos fueron: el seguimiento del Sol en sus pasos cenitales y la cuenta de los 260 días.

Una clave para sustentar esta afirmación está en la relación que existe entre dos regiones americanas: Nazca y Copán, en Perú y Honduras, respectivamente. Estas dos ciudades son altamente significativas en el ámbito arqueológico, pues en ellas se encuentran portentosos vestigios de las culturas que prosperaron en tierra peruana y en la región maya, asociados principalmente al estudio de la astronomía prehispánica. Ambas ciudades representan, efectivamente, regiones paralelas en donde se asentaron las culturas que desarrollaron de manera sistemática los calendarios a partir de rigurosas observaciones astronómicas.

En Copán están las fuentes más prolíficas de la escritura maya: majestuosas estelas talladas en piedra reflejan el paso del tiempo que los mayas querían dejar para la posteridad. En Nazca, cientos de kilométricas líneas dibujadas en los desiertos señalan las posiciones que sobre el horizonte proporcionan algunos astros, siendo el Sol el de mayor estudio. Las líneas son las comprobaciones de los cálculos astronómicos acerca de las salidas o puestas de Sol, o de algún otro astro en determinada época. Los animales y plantas dibujados en las arenas del desierto proceden en un gran porcentaje de la selva y sirven como referencias nemotécnicas para localizar ciertos arreglos significativos de trazos geométricos.

Nazca y Copán están localizados en las inmediaciones del paralelo 15°. El primero al sur de la línea ecuatorial, y el segundo al norte. El hecho de que estén a la misma distancia del ecuador tiene un significado especial, pues en estas dos regiones se presenta un fenómeno astronómico que está asociado a la cuenta de los 260 días del tonalpohualli: los pasos cenitales del Sol, es decir, los días en los cuales el astro rey se encuentra en su posición perpendicular y, por lo tanto, más alta respecto a un observador terrestre. Estos pasos cenitales sirvieron de referencia para computar los 260 días del tonalpohualli. Tanto en Copán[10] como en Nazca se puede observar el transcurso de 260 días entre dos pasos cenitales. Igualmente, en ambas zonas el solsticio de verano sirve como el pivote de referencia para la sistematización del cómputo de estos 260 días.

En Nazca, el verano se registra el 21 de diciembre; y en Copán, el 21 de junio. Los pasos cenitales para Copán se dan el 13 de agosto y el 29 de abril. Entre estas dos fechas hay 260 días.[11] Los pasos cenitales para Nazca se dan el 12 de febrero y el 29 de octubre.[12] También entre estos dos momentos hay 260 días. Tanto en Nazca como en Copán, los 105 días restantes para completar los 365 días del año tienen al solsticio de verano como la fecha central.

Si consideramos un año común de 365 días notaremos que del 12 de febrero[13] al 29 de octubre[14] se suceden 260 días, en estas fechas se registran los pasos cenitales para la región por la cual cruza el paralelo en donde se localizan las misteriosas pistas del Nazca.

Después de estos 260 días faltan 105 días para completar el año. Un total de 52 días, del 30 de octubre al 20 de diciembre, otros 52 días, del 22 de diciembre al 11 de febrero, y el 21 de diciembre queda como el día pivote que corresponde al inicio del solsticio de verano para las regiones andinas.

En el terreno de la arqueología la serie de los 260 días está presente en dos quipus descubiertos en Paracas, localidad situada cerca de Nazca, en Perú. Uno contiene la cifra 260 y otro la de 584, ésta última asociada al periodo sinódico de Venus.[15]

Como se sabe, el tonalpohualli constaba de 260 días, los cuales estaban formados por la combinatoria de trece números y veinte símbolos. Tanto los números como los símbolos estaban representados por elementos de la naturaleza, o bien por objetos culturales. En el caso de los números es interesante observar que los dos primeros, el uno y el dos, están dedicados al colibrí, aquella avecilla tan bellamente representada en el desierto de Nazca.

Para los aztecas, este pequeño animal fue el guía que los ayudó a descubrir la región en donde se asentaron después de una larga peregrinación. El colibrí izquierdo, que en legua nahuatl se dice Huitzilopochtli, era su  guía. En este punto llama la atención el hecho de que las palabras colibrí y Sol en el idioma quechua tengan casi la misma pronunciación: cinti e inti, respectivamente.

En lo que respecta a los símbolos que se utilizan en el tonalpohualli, existen sus equivalentes trazados en las arenas del Nazca, como el cocodrilo, la lagartija, la serpiente, el perro, el mono, el puma, un felino, que pudiera estar asociado al jaguar de la zona maya, el cóndor y la flor.


[1] La antropóloga Janet Long dice que en América del Sur se calcula que se originó la planta del chile, “en un remoto pasado histórico”. Y que llegó a Mesoamérica, como planta silvestre, “hace miles de años”. Ver, La Jornada, 7 de julio de 2005.

[2] La cultura de Tolita, situada en Ecuador, ha dejado arqueología en cerámica que es idéntica a la elaborada en Teotihuacan. Según Carlos Milla (Ayni, Semiótica andina de los espacios sagrados, Lima, Amaru Wayra, Asociación de Investigación y Comunicación Cultural Andina, 2005), se trata de “ceramios didácticos” que los antiguos andinos usaban para la práctica quirúrgica. Las piezas en cuestión son representaciones humanas en barro, algunas de cuyos cuerpos están abiertos a manera de cajita, y dentro de ella se observan figuras de los órganos internos del ser humano. La arqueología mexicana denomina “figuras anfitrionas” a las piezas de Teotihuacan, que son iguales a las de Tolita. Ambas imágenes, tanto las del Ecuador como las de México, poseen los mismos rasgos faciales: ojos alargados, frente amplia, cejas largas y boca entreabierta. La forma del rostro de estas cerámicas es muy parecida a las caritas sonrientes de las culturas del golfo de México.

[3] La arqueología de este lugar establece ciertas asociaciones con las imágenes de Tlaloc, la deidad de la lluvia. Al respecto es muy elocuente un monolito llamado Kuntur Huasi, hallado en el departamento de Ancash, en Perú. El diseño de este monolito se parece mucho a Tlaloc: ojos redondos, bigotes, barbas y los característicos colmillos felinos. En Sechín, también en Ancash, se han localizado litoesculturas semejantes estilísticamente a las imágenes de los llamados danzantes de Monte Albán, de manufactura zapoteca. Por último, los monolitos de Chavín, como la Estela Raimondi, el Obelisco Tello, el Lanzón y las Cabezas Clava, son un testimonio evidente de la influencia iconográfica de esta cultura sudamericana con sus homólogas mesoamericanas.

[4] Tiahuanaco, una de las culturas madre de la civilización andina, donde surgió el estilo arquitectónico de Machu Picchu, fue habitado por los grupos de lengua aymara. Esta cultura se localiza en los alrededores del lago Titicaca y es ahí donde resulta sugerente la existencia de los monolitos de Kalassasaya, parecidos a los Atlantes de Tula, en Hidalgo.

[5] La región de Nazca es rica en arqueología y en este ámbito es relevante la presencia recurrente del diseño de la greca escalonada, imagen abstracta que en México está asociada a Quetzalcoatl.

[6] El investigador José Corona Núñez sostiene que hay cierta semejanza fonética entre el quechua y el purembe de los tarascos, ubicados en la región occidental mesoamericana. Yo creo que, además, hay semejanza semántica. Por ejemplo, Curita-caherí, es la palabra en purembe para Venus, y significa “el gran sacerdote del fuego”. Según el diccionario quechua Simi Pirwa, kuri, quiere decir oro, y como se sabe Venus estuvo asociado a este metal precioso. La palabra kurichasqa, significa lo dorado, y está compuesta de kuri, oro, y chasqa, estrella, muy probablemente asociada a Venus antes que al Sol.

La palabra qura significa en quechua hierba o vegetación. Recordemos que el vocablo hierba era utilizado por los antiguos mexicanos para designar al año. Así mismo, la palabra quechua kuraq, que quiere decir superior, puede estar asociada al gran fuego, que en purembe se dice Curicaueri.

[7] La cultura Mochica tiene diseños de los días del calendario mesoamericano, como la serpiente, el ocelote, el perro, el venado etc., elaborados con la técnica de mosaicos al estilo mesoamericano y en los que se advierte la presencia de piedrecillas turquesas.

[8] La cultura Paracas tiene el mismo origen que la cultura Nazca. En la región de Paracas se pueden encontrar evidencias del contacto con la cultura mesoamericana a partir del estudio de los quipus. En Paracas se han localizado ceramios que, en términos iconográficos, son similares a los diseños teotihuacanos de Tlaloc.

[9] Este linaje de seres humanos se parece mucho a los antiguos fenicios. Entre las afinidades culturales de ambos pueblos está el dedicarse a la difusión de las artes y de las ciencias, y de realizar actividades mercantiles. Su nombre, tolteca, la gente del tule, quizá provenga de una curiosa particularidad de este pueblo que utilizaba el tule para un sinfín de objetos de uso cotidiano, desde un simple petate hasta una embarcación, semejante a la que hoy día todavía elaboran los Uros, en el lago Titicaca, en Perú, o a los caballitos de mar, en Egipto. El tule también era usado en la fabricación de sus casas. A propósito, pueden verse aún construcciones de este tipo en lugares tan lejanos como Irak, cuna de la civilización occidental. Se trata de casas hechas de un material semejante al tule, como a las que hay en los sellos de barro encontrados en la región mesopotámica. En México, la casa de tule estaba hecha con paredes de tule llamadas tolchimal, escudo de tule.

Por otra parte, es revelador que el vocablo fenicio proceda de una voz griega que significa púrpura, debido a que estos antiguos habitantes se vestían con prendas pintadas con este llamativo color. El mar Rojo, ubicado en las costas de la península arábiga, es una más de las asociaciones cromáticas del púrpura con este pueblo que utilizaba esta ruta para el comercio. El púrpura era extraído de un caracol marino muy parecido al caracol con el cual teñían sus prendas y textiles los incas y los mixtecos; Quetzalcoatl era vestido en los códices con atuendos púrpuras, como lo hizo notar la investigadora Celia Nutal. El caracol, tanto para los fenicios como para los toltecas, era un símbolo de fertilidad. Quetzalcoatl lo lleva como insignia en el pecho, colgado de una cuerda. El héroe cultural de América era representado gráficamente con una abundante barba, cuyo estilo de dibujo es semejante al que hacían los fenicios.

[10] “El recorrido ida y vuelta del paralelo 15 latitud norte, el día 15 de agosto, hacia el trópico de Capricornio y regreso al paralelo 15 latitud norte, el día 30 de abril, es de 260 días.” Carlos Margain, “Sobre sistemas calendáricos mesoamericanos”, en Thesis, México, UNAM, 1982.

[11] En su artículo “La observación celeste en el pensamiento prehispánico”, el investigador Jesús Galindo Trejo señala la importancia de estas fechas en el área mesoamericana y describe cómo la pirámide del Sol, en Teotihuacan, se encuentra alineada con el disco solar los días 29 de abril y 13 de agosto. Trejo observa en Chichén Itzá que durante el atardecer la ventana central del caracol está alineada al 12 de febrero y 29 de octubre. Si bien dichas fechas están referidas a alineamientos en función de las salidas y puestas del Sol, es evidente su conexión con los pasos cenitales del astro rey. Las fechas 29 de abril y 13 de agosto están vinculadas a Copán, pero del 12 de febrero y 29 de octubre no se ha establecido ninguna relación. Desde mi punto de vista, estas últimas fechas están ligadas al paso cenital por el paralelo en que se encontraba la antigua ciudad de Nazca.

[12] En las fechas 12 de febrero y 29 de octubre se alinea la pirámide del Sol en la zona de Teotihuacan, en México. Este hecho no es producto de la casualidad sino que habla de una interrelación muy profunda entre las culturas del norte del ecuador terrestre y las ubicadas al sur; en este caso, Teotihuacan y Nazca. Es importante hacer notar que el punto de referencia con el cual comulgan estas dos áreas tan distantes es una cuestión cultural en el que está implicado la secuencia de los 260 días. Por lo tanto, dicha secuencia no es una conformación natural que se hubiera descubierto en todas las civilizaciones preamericanas.

Se puede decir, entonces, que la pirámide del Sol, en Teotihuacan, está orientada con el propósito de marcar  los días en los que en el paralelo por donde cruza la zona de Nazca se dan los pasos cenitales que producen una distancia temporal de 260 días. La cultura Tolita, en el sur de Ecuador, en Sudamérica, puede ser la clave para rastrear la relación que existía entre estas dos áreas, pues tanto en Teotihuacan como en Ecuador se han encontrado unas curiosas figurillas de barro que contienen en su interior, a manera de caja, los órganos internos de un ser humano (ver infra nota de pie 32). Así mismo, se han localizado esculturas pétreas que recuerdan el diseño de Tlaloc.

En un artículo de Daniel Flores Gutiérrez (“Aspectos astronómicos del inicio del año prehispánico”), del Instituto de Astronomía de la UNAM, se observa un diagrama de las posiciones del Sol en pares de fechas, que distan mutuamente 260 días. En febrero y octubre el Sol sale de un mismo punto en el horizonte de acimut 105º, y en abril y agosto, con acimut 285º. El investigador precisa que las fechas son: “el 12 de febrero y 28 de octubre cuando el Sol sale con un acimut de unos 105º, así como el 29 de abril y 12 de agosto, cuando el Sol se oculta con un acimut de 285º.

[13] Debido a la corrección gregoriana, que ocurrió a finales del siglo XVI, el 12 de febrero corresponde en la época prehispánica al 2 de febrero. Esta fecha quedó en el recuerdo de los pueblos indígenas tanto de Mesoamérica como de la zona Andina, y actualmente se celebra como la fiesta de la Candelaria. Es, sin duda alguna, una fecha calendárica asociada a la cuenta del tonalpohualli. Astronómicamente está sustentada, y culturalmente representa una de las festividades de mayor convocatoria. En México es un día dedicado a la madre de Cristo, María, bajo la advocación de la virgen de la Candelaria, y también a su recién nacido, el niño dios. En Veracruz, la fecha es toda una institución comunal que paraliza a la región de Tlacotalpa; y en Xochimilco, al sur del valle de México, se da el cambio de mayordomo del Niñopa, niño dios que recuerda el nacimiento del año prehispánico, de acuerdo a las informaciones de Sahagún. Por su parte, en Perú, la región indígena de Puno recuerda esta fecha con una gran festividad con danzas y música dedicadas a la virgen de la Candelaria; y en Arequipa, es notable el culto a esta virgen que recibe en esta región el nombre de la virgen de Chapi.

Por otra parte el 2 de febrero de 1559 iniciaba un fuego nuevo al estilo tolteca y estaba asociada a una secuencia de 1508 años que tuvieron su inicio en el año anterior a la era cristiana, fue de alguna manera el ciclo que de los xochimilcas seguían utilizando durante el periodo colonial.

[14] El 29 de octubre corresponde en la época prehispánica al 19 de octubre, que es el día central de la festividad del Señor de los Milagros, el Cristo crucificado, que se celebra en Lima, la capital de Perú. En conclusión, es probable que las fechas 2 de febrero y 19 de octubre estén asociadas a un proceso sincrético que  envuelve a la cuenta sagrada del tonalpohualli.

[15] Ver de William Burns Glynn, Decodificación de quipus, Lima, Banco Central de Reserva del Perú y Universidad Alas Peruanas, 2002. Este investigador de origen inglés y afincado en Perú desde 1959, no  ha asociado que la cifra 260 también está relacionada con el ciclo venusino y solar, y no sólo al periodo sinódico del planeta Marte, como él cree, porque, según su explicación, “era una tercera parte del ciclo de Marte a 780 días” (p. 172).





Los fuegos nuevos. Conferencia.

12 02 2021




10 de enero del 2021 marcador del año 9-casa, chicnahui calli.

10 01 2021

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SINCRETISMO VENUSINO

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El blog del Tonalpohualli

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coyolxauhqui1 Chantico, deidad venusina venerada en Xochimilco en su templo que estaba en donde está ahora la Iglesia de San Bernardino.

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¿Por qué los años prehispánicos no pueden empezar en una fecha fija dentro del calendario Juliano-Gregoriano?

11 03 2020

¿Por qué los años prehispánicos no pueden empezar en una fecha fija dentro del calendario Juliano-Gregoriano?

1 gregorio XIII, aries

Moneda conmemorativa a la corrección gregoriana en el siglo XVI

El calendario moderno que actualmente usamos en todo el mundo tiene la particularidad de iniciar siempre en un día fijo que es el 1 de enero. El día de la semana puede variar pero el primero de enero siempre será el inicio del año nuevo. Como todos sabemos, a fines del siglo XVI se hicieron los ajustes para que este calendario tuviese una duración casi exacta en relación al año trópico, de manera que cada primero de enero si una persona quisiera ver la posición de la salida del Sol en el oriente vería en el horizonte una posición de salida idéntica a la de cada año que se suceda. Este calendario como todos sabemos recurre al uso de los días bisiestos para así tener un año de 365.25 días. La corrección Gregoriana quita tres días cada 400 años y de esa manera el año tiene una medida temporal de 365.2425 días muy cercano al año trópico de 365.2422 días.

El año antiguo de México no tenía ni usaba el día bisiesto, es decir que cada cuatro años aumentase uno para así tener que los años midieran 365.25 días, el esquema juliano. Tampoco quitaban 3 días cada 400 años.

Los antiguos mexicanos tenían un secreto muy interesante que pocos se han dado cuenta y muy pocos lo han documentado. Ellos sabían que cada 1508 años de 365 días, años civiles, coincidían con 1507 años reales llamados también años trópico. Lo que no sabían nuestros antepasados prehispánicos era hacer la siguiente operación aritmética:

(1508 X 365 días) / 1507

Es extraño pero nunca en la época prehispánica la pudieron resolver, era como si en la época de Newton cuando no sabían cómo calcular la ecuación de la recta tangente a una parábola, conocían la ecuación de la parábola pero no sabían calcular la ecuación de la tangente a un punto de esa parábola. Newton y Leibniz calcularon esa ecuación y descubrieron el cálculo infinitesimal. Un matemático griego se había acercado a la invención del cálculo pero no pudo hacer extensivo este conocimiento a otra figuras de las llamadas cónicas. Newton y Leibniz si lo lograron.

Regresando a la ecuación prehispánica, nuestros antepasados se quedaron “atorados” en esa parte que para un niño de primaria o secundaria de hoy en día sería muy fácil de resolver sin o con calculadora.

(1508 X 365 días) / 1507 = 365.2422 días.

Un resultado más exacto que el cálculo gregoriano pero que paradójicamente los antiguos mexicanos nunca pudieron resolver. Algunos de mis amigos mexicanistas se molestan por esto que les escribo porque de antemano suponen que nuestros antepasados lo sabían todo así nomás en términos declarativos. Si presentara una tesis que pretendiera demostrar que los antiguos mexicanos conocían el punto decimal y hacían operaciones con esta herramienta de la aritmética tendría que demostrarlo ¿no es así? Si solo a nivel declarativo dijera, porque así yo lo digo, mis sinodales me pondrían “tache” en mi tesis y no lograría titularme al menos con esta tesis.

Pero hay una cosa más que si sabían nuestros antepasados mesoamericanos: el conocimiento y uso de los números primos, número que le dieron la razón de ser al sistema calendárico mesoamericano.

Si de algo quisiera que me recordaran los mexicanos es que pude descifrar este sistema que puede demostrar que la trecena para nombrar los días, la veintena, el tonalpohualli de 260 días y la duración de un fuego nuevo  está asociada a la operación de someter a la cantidad de días que hay en 1508 años al número primo o como en aritmética se dice: a encontrar los factores primos que hay en la cantidad de días que hay en 1508 años, 550420 días.

Los factores primos de esta cantidad de días son:

2,2,5,13,29,73

Con estos números que deberían estar en tipos de oro se puede lograr entender cuál era el origen del sistema mesoamericano del cómputo de los años que venía desde los antiguos olmecas, pasando por los Toltecas, Mayas y los grupos que se asentaron en el Valle de México en diversos momentos hasta llegar a las aztecas, el pueblo que combatió a los conquistadores europeos.

Estos números: 2,2,5,13,29,y 73 son los únicos números que pueden dar como resultado, si se multiplican entre sí, la cantidad de 1508 veces 365 días. Son periodos de 365 días exactos, no hay días alargados, son días exactos que se medían de un amanecer a otro amanecer.

multiplicacion 1508

Los primeros tres números 2,2,5 dan por resultado si se multiplican al número 20, veinte, ¡si! El número de símbolos del calendario antiguo de México de los Olmecas, Zapotecos, Mayas, Toltecas, , Mixtecos, Aztecas etc.

Le sigue en la serie de los números obtenidos el 13. ¿Cómo la ven? , el número “mágico” obtenido de una forma matemática, sin una asociación a lo esotérico o mágico, pura matemática. El trece es el número que acompaña a la veintena 13 veces 20 igual a 260 días. ¿Y que es el 260 días?, el mismísimo tonalpohualli. El Tonalpohualli es la serie obtenida como un submúltiplo de 1508 años, la serie sagrada, porque no se debía de mover, debía seguirse día a día sin interrupción. Los neomexicanistas han roto esa secuencia continua, esa secuencia sagrada, que era sagrada porque si se modificaba ya no se podría obtener el cálculo exacto del año trópico y no se podría comprobar su exactitud en un horizonte al salir el Sol o si se quiere durante un paso cenital.

Luego nos saltamos el 29 y pasamos al 73 y multiplicamos 2x2x5x13x73 y el resultado es 52 veces 365 días o sea 18980 días, la duración de un fuego nuevo. ¿Con esto tienen o quieren más? , frase que nos decía nuestro maestro de matemáticas allá en la Vocacional No. 10, Carlos Vallejo Márquez.

Pues hay más, pues falta el número 29  es el número de fuegos nuevos que hay en 1508 años. Por eso los años prehispánicos tenían una duración de 365 días exactos y por eso los fuegos nuevos tenían una duración de 52 veces 365 días y por eso el tonalpohualli tenía 260 día y por eso existe la veintena, no por el número de dedos que tenemos los seres humanos, eso solo es una feliz coincidencia, y por eso también la existencia del número trece en el calendario mesoamericano y por eso también el tianquiztli, los días del mercado que se efectuaban cada cinco día para no perder la cuenta.

Si alargamos un día cada año o aumentamos un día cada cuatro años estamos alterando la cuenta sagrada de los años y del tonalpohualli.

Al tener el año prehispánico una duración de 365 días por lo anterior expuesto no puede existir un inicio de año fijo dentro de un esquema juliano-gregoriano a menos que se altere la secuencia sagrada del tonalpohualli y eso sería muy triste para la memoria de los seres que tanto lucharon para que nuestro calendario siguiera vivo y con la secuencia correcta.

Si atendemos a lo anterior el año nuevo no comienza el 11 de marzo, ni el 12 de febrero ni en ningún día fijo, este año mexicano se va moviendo hacia atrás en el calendario moderno y así este año que es el 8-pedernal ya empezó el 23 de octubre del 2019 y se irá moviendo hacia atrás conforme pasen los años en grupos de cuatro.

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El año 8-pedernal inicio en un día 6 pedernal el 23 de octubre del 2019

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Este es el símbolo del año 8 pedernal que cayó  a ochenta días del inicio del año, se le llama marcador del año. Este marcador sucedió para este 2020 el día 11 de enero. Debe quedar claro que el inicio del año no es lo mismo que el cargador del año.

Todo esto y más pueden descubrir si adquieres mi libro: 1508, LOS FUEGOS DEL TIEMPO

¡Saludos amigos!.

 





El Sol y el nacimiento de Huitzilopochtli.

20 12 2019

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Huitzilopochtli deidad del año real, deidad solar con sus atuendos del mes de Panquetzaliztli

Cuando se completaba el ciclo de 1508 años de 365 días, 29 fuegos nuevos era el día 14 de febrero de 1507. Al siguiente día comenzaba un nuevo ciclo de 1508 años en la combinación 13 carrizo. Era el inicio de la veintena de Atlacahualo. La veintena de Panquetzaliztli concluía en un día juliano 11 de diciembre de 1507.

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Veintena de Panquetzaliztli, el izamiento de las banderas

Esta veintena estaba dedicada a Huitzilopochtli, el colibrí izquierdo, deidad de la guerra hijo ilegítimo de Coatlicue que la defendió de la muerte que querían perpetrar sus hijos las estrellas y Venus Coyolxauhqui. Huitzilopochtli al nacer en un solsticio de invierno dió muerte con su luz a sus hermanos y así su madre salió ilesa y Huitzilopochtli victorioso.

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El Sol visto desde el cerro de Xochitepec, en Xochimilco, surgiendo de la punta del Volcán Popocatepetl durante el solsticio de invierno, comienza su camino hacia la izquierda, el colibrí volando hacia la izquierda.

Una bella estampa metafórica de un suceso astronómico. Si hoy se comenta que Huitzilopochtli es la imagen sincrética de la Natividad Cristiana es porque en ese año 1507, coincidió por unos cuantos días las dos festividades asociadas a nacimientos de héroes solares, Cristo y Huitzilopochtli. Pero quien estaba más cerca del Solsticio de invierno era Huitzilopochtli. Pues aquel 11 de diciembre de 1507 correspondía al 21 de diciembre gregoriano, fecha del solsticio de invierno, mientras que el 24 o 25 de diciembre a inicios del siglo XVI ya no se estaba en el solsticio. La veintena de Panquetzaliztli a partir de 1507 no se mantiene fija en el calendario real de 365.2422 días pues los años en el antiguo México se computaban en series de 365 días exactos. De manera que las veintenas conforme pasaba el tiempo se iban retrasando con respecto al año real. Si hoy se dice que en el solsticio de invierno se está en el final de la veintena de Panquetzaliztli es porque se refiere a los inicios del siglo XVI.

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Huitzilopochtli con su bandera.

La festividad de alguna manera quedó congelada en el tiempo y no se hicieron las correlaciones correctas con el calendario Gregoriano. Lo mismo pasa con la fecha de la Virgen de Guadalupe Tonantzin, Coatlicue. Se le recuerda el 12 de diciembre pero se congeló la fecha en 1531. Con el ajuste Gregoriano la peregrinación a la Villa debería realizarse el 22 de diciembre.




El mito de la virgen de Guadalupe y su relación con la Reforma Gregoriana.

10 12 2019

El blog del Tonalpohualli

El mito de la virgen de Guadalupe

Virgen de Guadalupe. Imagen tomada del libro "Felicidad de México" Escrito por Fausto Zerón-Medina

Diez años después de la derrota militar de los aztecas y la destrucción de la Gran Tenochtitlan por parte de los españoles, el recién sometido pueblo por el reino de Castilla estaba desamparado y su identidad semidestruida y descalificada. Por esas épocas un hombre indígena de edad madura, cuyo nombre original era Cuautlatohuac[1] o Cuatlatoatzin, quien durante la evangelización fue bautizado con el nombre de Juan Diego, sería el portador de un fantástico relato: la aparición milagrosa en el cerro del Tepeyac de la virgen María de Guadalupe.

La fecha clave de aquel suceso fue la mañana del 12 de diciembre de 1531, cuando la virgen le ordenó a Juan Diego la construcción de una ermita para que fuera el símbolo que diera término a tanto dolor infligido a sus hermanos indígenas debio a la guerra de dominación.

La imagen de la…

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El Tonalli de hoy 3 de diciembre de 2019

3 12 2019

Hoy 3 de diciembre de 2019 estamos desde el amanecer en el día 8-lluvia, chicueyi-quiahuitl

 

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Los inicios del año prehispánico y los días dedicados a los marcadores de los años.

12 10 2019

Una singular manera de contar los días en el México prehispánico.

EL INICIO DE LOS DÍAS

Tienen su origen en los amaneceres

El Sol al amanecer surgiendo del cerro Papayo, a los 260 días del solsticio de invierno.

El Sol al amanecer surgiendo del cerro Papayo visto desde el cerro de Xochitepec, Xochimilco

 

Cuando despertamos de nuestros sueños, después de estar activos todo un día y descansar durante la noche, podemos decir: ha llegado un nuevo día, el cuerpo se levanta y el ánimo regresa a nosotros. Esta sensación de comenzar con ánimo es consecuencia de un ciclo o ritmo llamado circadiano, que domina nuestro cuerpo ordenándole descanso durante los momentos nocturnos. Toda la humanidad está regida por este ciclo, un fenómeno que es inherente a los seres humanos y que consiste en dejar descansar al organismo humano durante la noche para restablecer sus funciones correctamente. Si no se atiende a este ciclo natural su puede alterar la salud física y psicológica de una persona.

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La palabra “circadiano” es un vocablo que proviene del latín de donde “circa” significa alrededor mientras que “dies” es el día, alrededor del día.

En el 2017 Jeffrey C. Hall, Michael Rosbash y Michael W. Young fueron galardonados con el premio Nobel de medicina, al haber descubierto los mecanismos moleculares que regulan al ritmo circadiano. Estos científicos afirman que antes que la atmosfera de la Tierra tuviera su composición actual los ciclos de la oscuridad y la luz tuvieron un impacto en la vida en la Tierra. Nuestro reloj interno está asociado y está en sintonía con el movimiento de rotación de la Tierra, con los momentos de oscuridad y luz.

El ritmo circadiano en el antiguo México prehispánico.

Desde la antigüedad se le ha dado un significado a la noche y al día. La noche era representada por un medio círculo oscuro, su nombre era YOHUALLI, con puntos claros en su interior y los símbolos de las estrellas “los ojos de la noche”. El día a su vez era dibujado como un medio círculo con los rayos característicos del Sol, a este periodo diurno se le llamaba TLANEZTLI. Los dos semicírculos unidos formaban un círculo al que se le denominaba TONALLI.

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La noche y el día, Códice Borbónico, Yohualli y Tlanezi, los dos juntos hacen al Tonalli.

Llama la atención que al sueño que se produce durante la noche se le denomine en náhuatl Temiquiztli, palabra asociada a la muerte, miquiztli. Y esto es así porque en la noche es como su tuviéramos una experiencia parecida a la muerte, para que al despertar en el día tuviéramos la sensación de volver a vivir, conscientemente. La noche repara el trabajo realizado durante el día y el cuerpo a través de la función del ritmo circadiano manda al cuerpo a descansar. Se deduce que cuando llega el Sol al amanecer la actividad humana retoma su curso. El amanecer como inicio del día completo es una constante en el mundo entero antiguo y en el periodo prehispánico no fue diferente.

De acuerdo a las fuentes del siglo XVI hay varias referencia que apuntan a que el día comenzaba al amanecer, unas son directas o literales y otras no requieren de mucha interpretación para deducir que los días los iniciaban al amanecer.

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En esta carta se lee: “Y dicen que el año comienza precisamente cuando sale el sol” o lo que es lo mismo al AMANECER.

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En este texto se puede leer como dividían en cuatro partes el día.

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Aquí se puede interpretar que los días comenzaban al amanecer pues los años carrizo estaban dedicados al oriente, por donde sale el Sol. Los años comenzaban en el símbolo carrizo para los Toltecas.

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De nuevo el oriente asociado a los años caña o carrizo, hacia la lumbre o al Sol.

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Los años ume acatl, dos carrizo asociados al oriente, al amanecer, son los marcadores en donde comenzaban los nombres de los inicios de las ruedas de 52 años

Sin embargo en las mismas fuentes a veces se puede interpretar que los días comenzaban a la medianoche pues palabras más o palabras menos se escribe que los fuegos nuevos comenzaban al anochecer, cuando las siete cabrillas también llamadas las pléyades hacían su aparición en lo alto del cielo nocturno durante el nadir. En este punto hay que hacer dos observaciones interesantes que echan por tierra esa posibilidad de que los antiguos comenzaban su cómputo de los días al anochecer.

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Las siete cabrillas o Pleyades

Primera: Hay que saber que en la astronomía básica y elemental sin telescopio, los seres humanos pueden ver todo el universo a lo largo de un año, bueno todo lo que el ojo pueda ver. La Tierra gira alrededor de su eje y durante las noches podemos ver las estrellas y astros que están colocados en la parte posterior a la parte iluminada del planeta. Cuando damos media vuelta alrededor del Sol podemos ver la otra mitad del universo durante la noche. Una observación muy particular la hacemos cuando suceden los eclipses totales de Sol. En estos momentos de oscuridad total podemos ver la parte del universo que veríamos medio año después y que vimos medio año antes. A la noche posterior al eclipse vemos la otra mitad del universo que corresponde al lado contrario de la Tierra iluminada.

En el cielo nocturno existe una constelación llamada las pléyades, es un conjunto de más de siete conglomerados luminosos, estrellas, A “ojo pelón” solo se ven siete con una buena vista y con binoculares son mejor observadas. Este conjunto de estrellas forman una espiral y se dice que los antiguos mexicanos observaban su paso cada que comenzaba un fuego nuevo. Suena bien pero hay un problema. Los fuegos nuevos eran periodos de 52 veces 365 días y ese detalle hace que los fuegos nuevos comienzan en diferente fecha astronómica solar de manera que al cabo de aproximadamente medio año las pléyades que una vez fueron observadas al principio de un ciclo de 1508 años ya no se podían ver pues estaban justo atrás del cielo nocturno. Para la época en la cual habían llegado los europeos a América y preguntaban a los autóctonos mesoamericanos ¿Cuándo iniciaban sus fuegos nuevos? Ellos respondían que tenían que esperar cuando las pléyades estaban en el cielo nocturno, el nadir.

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En este petrograbado se observa la constelación de las pléyades en el xonecuilli. Siete puntos al interior de la espiral. Además está el símbolo de los 4 tlalpilli de 13 años cada uno, que hacen un total de 52 años. El grabado se localiza en Cuahilama, Santa Cruz Acalpixca en Xochimilco.

Los historiadores tomando este dato como cierto y han creído que siempre fue así pero van en contra del principio de realidad. Si las pléyades en el siglo XVI estaban o se aparecían en el cielo nocturno durante el inicio de una serie de 52 años de 365 días era porque se acercaban al final de un ciclo de 1508 años cuando el año trópico coincidía con el año civil, que era el que llevaban los antiguos mexicanos. A finales del siglo XVI se reformó el calendario juliano y llegó el gregoriano, este último hizo que las estaciones ya no se movieran tanto y actualmente tenemos una visión “congelada” de los cielos como estaban a finales del siglo XVI. Por eso tenemos otra confusión entre quienes desean saber en qué momento comenzaban los años y los fuegos nuevos porque  consideran que los años comenzaban cuando las pléyades estaban en el nadir y se concluye que los años iniciaban durante el solsticio de invierno que es la fecha cuando estas estrellas se colocan arriba de nuestras cabezas. De aquí surge otra interpretación a los inicios de los años pues como es sabido los Toltecas tenían la costumbre de nombrar al año 80 días después de haber iniciado, era su marcador. Si ubicamos al inicio del año como al 12 de diciembre de 1531, fecha importante en el estudio de los calendarios por parte de Lorenzo de Boturini,  tenemos que el 1 de marzo es la fecha correlacionada para el marcador del año y en consecuencia se asume que era el inicio del año. Actualmente se ha considerado el movimiento de los días que realizo Gregorio XIII y se ha ajustado esa fecha al 11 de marzo. Confusión tras confusión y se ha llegado a esto. Y aún hay más porque el dato del 1 de marzo como inicio del año es tomado del Fraile Diego Durán mientras que otro fraile igual de importante en esto de las fuentes del siglo XVI Fray Bernardino de Sahagún escribiría que el 2 de febrero iniciaba el año antiguo de México. Mecánicamente se ha tomado ese dato sin considerar que como dije antes los años civiles iban retrocediendo conforme pasaba el tiempo. Igualmente se hace una corrección gregoriana al 2 de febrero y se obtiene el 12 de febrero. Esto es correcto pero solo para la fecha que se obtuvo como registro del siglo XVI porque haciendo los cálculos pertinentes, se puede llegar que la fecha a la cual se refería Sahagún era el 2 de febrero de 1559, inicio de un nuevo ciclo de 365 días. El día fue 12 carrizo y su marcador a los ochenta días el 2-carrizo, el 23 de abril de 1559. Siguiendo esta secuencia se obtiene que el día 21 de octubre del 2026 va a dar inicio un nuevo ciclo de 52 años y su marcador caerá el 9 de enero del siguiente año o sea del 2017.

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Símbolo del marcador del año 2-carrizo

Segunda: Los días no empezaban a la medianoche porque los antiguos mexicanos preparaban la llegada del nuevo ciclo de 52 años durante la noche con fastuosos fuegos, pero estos tenían la función de que el Sol volviera a surgir por el oriente durante el amanecer. Los rituales del fuego nuevo eran prácticas propiciatorias para que el sol no se apagara. Llegado el amanecer era el tiempo de renovación y del inicio de un nuevo ciclo de 52 años.

LOS MARCADORES DE LOS AÑOS

Tienen su origen en el paso cenital y se medían al mediodía

El antiguo calendario de México está basado en la concordancia del año civil y el año trópico. Esta concordancia da como resultado un total de 1508 años agrupados en 29 series de 52 años.

Cada año de un periodo de 52 de ellos comenzaba al amanecer del primer día pero los Toltecas tenían la costumbre de nombrar a los años con la fecha numérico simbólica que ocurría a los 80 días después de su inicio. El primer año de un xiuhmolpilli, secuencia de 52 años, comenzaba en un día 13-carrizo y sui marcador a los 80 días el 2-carrizo.

En el libro que escribí “1508, los fuegos del tiempo” argumento que los marcadores de los años tiene su origen en un congreso calendárico ocurrido en Egipto y al cual debieron haber estado seres de este continente entre ellos los Toltecas.

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Este libro es parte del original que se llama 1508, los fuegos del tiempo.

El congreso ocurrido en Egipto tuvo como anfitrión a Julio Cesar y Cleopatra. Sosígenes, un astrónomo egipcio quien le sugirió a Julio Cesar reestructurar el calendario Romano y sugiriéndole aumentar a 445 días la cuenta de sus días además de usar el día bisiesto. Julio Cesar lo aceptó pero los Toltecas solo tomaron al pie de la letra la primera parte y a lo del bisiesto no le hicieron tanto caso pues siguieron llevando sus años de 365 días. Siendo así el calendario mesoamericano también agregó esos 445 días que corresponden a una suma de 365 días más 80 días. El nuevo ciclo de 1508 años comenzó para los Toltecas el 27 de febrero del año anterior a la era cristiana. De manera que el día 10 de diciembre del año 3 anterior a la era cristiana que era la fecha Tolteca 10 conejo fue el día en el cual se reformó el calendario mesoamericano a sugerencia de Sosígenes. Los antiguos mexicanos no movieron en ningún momento la serie del tonalpohualli ni quitaron ni pusieron días, solo llevaron 445 días después del 10 conejo a la fecha 13 carrizo, o dicho de otra manera, esperaron a que sucedieran los 445 días y llegaron al día 13 carrizo como el marcador del año. Del 10 conejo al 13 carrizo hay 260 días más 185 días, 445 días.

El 13 carrizo fue entonces el inicio del nuevo ciclo de 1508 años cuando este inicio muy probablemente se debió haber dado el 10 de diciembre del año 3 antes de Cristo.

Siendo así la estructura de los 1508 años quedó así:

Inicio del año: 13 carrizo, 27 de febrero del año anterior a la era cristiana.

Marcador del año: 2 carrizo,  17 de mayo del año anterior a la era cristiana.

Aquí lo interesante es que el 17 de mayo de esa época correspondió al paso cenital por el paralelo en donde está ubicado el Valle de México.

Los antiguos mexicanos estaban muy atentos al paso cenital por donde se habían ubicado los Toltecas y siglos después los pueblos Toltecas Chichimecas.

La observación de los pasos cenitales fue una herramienta para medir exactamente la duración de los años de manera que al concluir los 1508 años y solo en ese momento se debía de observar un paso cenital que coincidía con la fecha de inicio de este gran ciclo, es decir que para el día 2-carrizo de una nueva serie de 1508 años se debió haber visto un paso cenital y esto ocurrió el 6 de mayo de 1507, día 2-carrizo marcador del año de un nuevo periodo de 1508 años.

Es sabido que los egipcios le daban mucha importancia a los pasos cenitales de forma que hacían enormes agujas de piedra llamadas obeliscos. La función de estas construcciones verticales era precisamente medir los años a partir de los pasos cenitales. Lo que es realmente sorprendente es que el paso cenital observado en el inicio de las series de 1508 años estaba asociado a los pasos cenitales que se daban en el paralelo del Valle de México. Para los egipcios al parecer era muy importante este paralelo. La referencia más cercana a esta línea imaginaria es La Meca, que tuvo importancia ya pasados 622 años, la era de Mahoma, después del inicio del gran ciclo de 1508 años.

SURGE UNA NUEVA SERIE DE 1508 años.

El uso de un calendario que iniciaba en un día con el nombre de otro día debió haber causado cierta confusión y una manera de eliminar la confusión fue fusionar los dos conceptos: el inicio del año con el marcador del año.

Los Toltecas lo arreglaron así: El ciclo original de 1508 años comenzaba en el día 13 carrizo y con su marcador 2-carrizo. Esperaron el tiempo en el que el marcador del año fuera 13-carrizo y a partir de ese día marcador lo hicieron inicio del año. Fue algo genial a mi parecer pues ya no había confusión en relación al nombre del año y al inicio del año. Esto sucedió un 11 de mayo del año 24. En esta fecha juliana se dio el día 13 carrizo que era el marcador del año que comenzaba el 21 de febrero del año 24 en la fecha 11 carrizo.

!3-carrizo. Símbolo ubicado en la parte superior de la piedra del Sol.

13-carrizo. Símbolo ubicado en la parte superior de la piedra del Sol. Corresponde al día 11 de mayo del año 24 D.C. 1508 años después se repite este símbolo en el día 30 de abril de 1531

Esta nueva serie de 1508 años tuvo repercusiones en la vida de los pueblos que construyeron la antigua ciudad de México Tenochtitlan, en el mito Guadalupano durante el periodo de transición de la implantación del catolicismo, en la reforma gregoriana y en la fecha exacta cuando se “descubrió” la piedra del Sol con el Trece Carrizo inscrito en la parte superior de esta escultura.

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En el códice mendocino se aprecia un ciclo de 52 años que no inicia en el día trece-carrizo sino en el 1-pedernal. Sin embargo los aztecas sabían y así lo dejaron señalado que el fuego nuevo ocurría en el año 2-carrizo. La serie de los 1508 años que inician en el año 24 está asociado a la secuencia de las ruedas del tiempo que marcaron la fundación de México Tenochtitlan.

A continuación un análisis con la línea del tiempo de este ciclo de 1508 años que empezó en el año 24 con el marcador 13 carrizo.

 





San Miguel Arcángel, un santo sincrético de México.

1 10 2019

San-MiguelSan Miguel Arcángel es un Santo cristiano que se sincretizó en México. Su festividad es el 29 de septiembre. La imagen de este personaje es un joven que porta una espada en una mano y una balanza en la otra. Como ángel tiene sendas alas que le ayudan a combatir contra el mal, contra los demonios. La festividad que se hace en México está situada a los 292 días del 22 de diciembre. Ese día es el 29 de septiembre. La cifra de 292 días corresponde a la mitad de un ciclo de 584 días , el ciclo sinódico de Venus. Siendo la mitad del ciclo de 584 días ¿será acaso esa la razón de la balanza?. Quetzalcoatl era una de las representaciones del planeta Venus. Y quetzalcóatl era, como todo sabemos, la serpiente emplumada, una especie de dragón. En el ícono de San Miguel Arcángel se le representa aplastando a un dragón, ¿Quetzalcoatl?, supongo que si. Cuando el sincretismo se concreta las imágenes tienen que coincidir en lo más posible a la cosmogonía prehispánica, aunque en este caso quien gana la pelea sea San Miguel y el dragón quede aplastado.

584 días después del 22 de diciembre llegan al 28 de julio, fecha del segundo paso cenital por el Valle de México.